La vida en sí misma no tiene sistema

La vida en sí misma no tiene sistema, porque está en constante movimiento, crecimiento, renovación. Así, sistematizarla es limitarla y negar su cualidad vital. Por este motivo, la razón pura no puede jamás comprenderla, ni tampoco su opuesto, el sentimentalismo puro. Se requiere fuerza para comprender y el sentimentalismo es débil y la razón  especulativa, divagadora. El sentimentalismo y la razón pura, crean sistemas y proyectan ideales, siendo sus sistemas patrones de pensamientos muertos, fijos, esquemáticos, a contracorriente de la vitalidad de la vida.