Vimala Thakar: Dependencia y amor

 

 “…primero viene el placer –un gusto, una preferencia- y luego el apego. Pero ocurre que después el apego genera una suerte de insistencia: la mente se dice: <<Debo obtenerlo>>. Ya no se dice más <<Quisiera obtenerlo>>, sino <<Debo obtenerlo>>.; y agrega: <<Y lo obtendré de cualquier manera, mediante cualquier método o técnica, treta o engaño. Por más que deba ser ambicioso, cruel, implacable, haré todo lo necesario>>.”

“Así es como a partir del apego se desarrolla una obsesión. ¿Se dan cuenta de qué manera surge la dependencia respecto de un objeto o individuo? Nos olvidamos que dentro nuestro tenemos una fuente de fortaleza para vivir. Experimentar placer es natural, experimentar dolor también es natural; pero cuando la mente se apega al placer y teme al dolor, desarrolla lo que llamamos preferencias y prejuicios, y hasta puede desarrollar obsesiones y odios. En tal caso, hemos ido en la dirección opuesta al amor”.

“El amor que podemos tener a otra persona no la convierte en vasalla nuestra. Quien ama no piensa que nadie pueda ser su esclavo: el apego crea vasallaje, mientras que el amor conduce a la liberación. Si entendemos la hermosura del amor, tendremos que estar muy atentos a que no haya apegos en nuestra vida”.

“El apego, que es dependencia psicológica, es el modestísimo comienzo de la esclavitud psicológica. Esta civilización moderna ha creado esclavitud psicológica en la mente de la gente: un sentimiento de dependencia respecto de los bienes materiales, de la diversión organizada, del deporte organizado. Así, no hay salida para la energía creativa de nuestra vida y el amor es una energía creativa que se ahoga con los celos, las sospechas y el apego. El sendero que lleva al amor pasa, pues, por la suspensión de los apegos y las obsesiones. No es posible crear amor mediante ciertas disciplinas o códigos de conducta. Todos estos códigos de conducta se hallan en el plano de los sentimientos, de las emociones. El amor es algo mucho más profundo”.

Fuente: Extractos de V. Thakar:  EL silencio del espacio interior.