Sobre tener conciencia y ser consciente

         Es obvio que el conocimiento práctico, fáctico, técnico, concreto, el conocimiento matemático, ecológico, etc., son necesarios y en algunos casos imprescindibles para nuestra vida, pero no así el conocimiento psicológico-intelectual, porque este conocimiento se encuentra basado en lo que debería ser, en lo que me gustaría que sea, en la ideación de lo mejor, vale decir, en proyecciones psicológicas que no existen, lo cual es inevitable que no traiga consigo conflicto, confusión, lucha y pugna interna y externa en el hombre y la sociedad. Este conocimiento es el que se convierte en el alimento y la sustentación de la ignorancia y, como consecuencia, en la desdicha y el sufrimiento humanos.

         El pensamiento fue “encapsulado” en el conocimiento y este conocimiento encapsulado en la memoria; ello es su limitación. La consciencia es el contenido de la memoria, lo que significa que sólo somos conscientes del contenido de nuestra memoria. El dogma reza que a más conocimiento más consciencia [¿?], lo que no tiene relación alguna con “ser conscientes”. Tenemos consciencia del contenido de nuestra memoria, pero ello no es sinónimo de ser conscientes porque la diferencia que existe entre tener consciencia y ser consciente es como la diferencia que hay entre la razón y la verdad, nadir y zenit. Al tener consciencia exclusivamente del contenido de la memoria, limitamos el conocimiento a la información guardada en la memoria, de modo que “ser conscientes” es, a diferencia de “tener consciencia”, el tener una mente libre de conocimiento psicológico-intelectual, el cual no influencia ni le da a la mente un punto de vista para mirar la vida, simplemente no interviene en ver lo que es como es. Esto significa una mente exenta de doctrinas, creencias, teorías, ideologías, lo que significa una mente con ausencia de conflicto y confusión. En otras palabras, ser consciente es tener una mente silenciosa donde no interviene el pensamiento como árbitro intelectual que interpreta la realidad a través de un punto de vista ideologizado, adoctrinado, de forma que ve lo falso como falso y lo verdadero como verdadero. “Ser consciente” es tener una mente que no elabora interpretaciones sobre la realidad.

Podemos decir, simplemente, que todo el mundo “tiene” conciencia, pero que no todo el mundo es consciente. La conciencia es el contenido de la memoria, el contenido de la memoria es la información guardada en ella. El ser humano sólo “tiene” conciencia sobre “su” información.  Esa información es su conciencia. La información contiene valores morales, éticos, sociales, culturales, intelectuales, psicológicos, experiencias, opiniones, conclusiones, argumentos. De todo ese contenido es del cual se “tiene” conciencia, por lo tanto, es lo que conforma la conciencia particular de cada individuo. Desde esa información (conciencia) es con la cual se mira y se interpreta el mundo; la mirada es la interpretación, la interpretación es la mirada; en otras palabras, el interpretador es el mirador, el mirador es el interpretador. La información guardada en la memoria se constituye en el Punto de Vista, con el cual se interpreta el mundo. Cuando la sociedad o un número significativo de personas se moviliza o está de acuerdo con un punto de vista, se califican a sí mismas como conscientes y como que han logrado que en los demás se despierte “una nueva conciencia”, vale decir, que una cantidad considerable de personas estén de acuerdo con ellas en la perspectiva que tienen sobre algo.

Para “ser consciente” se necesita una mente que no tenga ningún punto de vista particular para ver el mundo. La consciencia, para manifestarse en su totalidad, necesita de una mente holística, no una mente apegada ni esclava de un Punto de Vista particular. Ser consciente es observar y ver la realidad desde una percepción Inteligente, lo que significa ausencia de velos o coladores intelectuales, papel que desempeña el Punto de Vista. Mirar el mundo, los hechos, el presente, desde el silencio de la mente es “ser consciente”.

Cuando vemos el mundo desde el intelecto “tenemos conciencia” de nuestra interpretación, no del mundo tal cual es. La interpretación, nuestro Punto de Vista “nos dice” cómo es el mundo, de modo que “el mundo” pasa a ser “nuestro punto de vista”, no el mundo “tal cual es”. Cuando vemos el mundo desde el silencio de la mente,  el mundo simplemente es lo que es y en ello tiene lugar la Inteligencia, no una interpretación de lo que es, por muy intelectual y elaborada o compleja que sea.

         Una mente que elabora interpretaciones es una mente que necesita convertir los hechos en ideas, porque no sabe cómo manejarse con el hecho desnudo sin que el hecho se le convierta en insípido, vacío, hueco, lo cual termina creando confusión, conflicto, lucha y obsesión en esa mente. Todo hecho es indiscutible, sólo se puede discutir las ideas que surgen de la interpretación del hecho y este es el problema del hombre intelectual: si no tiene una idea para confrontar, la esquizofrenia se apodera de su mente y él, como tal, desaparece. Lo que el intelectual no percibe es que su interpretación, por muy noble, extraordinaria, argumentativa, altruista y exclusiva que sea, siempre está limitada por la información que contiene su memoria, de forma que esa interpretación es antojadiza, caprichosa, arbitraria, interesada, lo que significa que es una interpretación nacida de su propia limitación.