La sensación de “yo soy” es más sutil que el espacio

Conversaciones con Sri Nisargadatta Maharaj

 

Maharaj: La eseidad puede actuar en el mundo solo con la ayuda de un cuerpo. Este cuerpo es la quintaesencia de los cinco elementos, y la quintaesencia de la esencia del cuerpo es el conocimiento “yo soy”. En la ausencia de una forma corporal, la eseidad no puede conocerse a sí misma. Así pues, usted debe aferrarse sólo a ese principio residente dentro, la eseidad. El potencial para todas las actividades reside en la eseidad, que está en una condición durmiente en los jugos del cuerpo de alimento. Estos jugos emanan de los cinco elementos. El principio que preside todo el funcionamiento es el conocimiento “yo soy”, que es la quintaesencia del cuerpo de los cinco elementos. Este conocimiento “yo soy” tiene que ser comprendido correctamente. La eseidad, el soplo vital y la mente son sin forma. En el curso del flujo de los cinco elementos, se crean las diversas formas corporales de la multiplicidad de las especies. Cuando el soplo vital infunde estas diferentes formas corporales, la eseidad también se expresa a sí misma a través de ellas. La esencia vegetal, que se llama sattva, entra en la constitución de los diferentes cuerpos de las especies. Y en los cuerpos mora el sattva, la sensación de ser. A cada especie se le da un nombre según la figura o forma del cuerpo. Las expresiones y las acciones de las especies varían según sus formas corporales.

 

De todas las especies, la más desarrollada es el ser humano, que, por consiguiente, está cualificado para el título de Ishwara, de Dios. Con el funcionamiento del soplo vital, comienza el flujo de la mente en un cuerpo humano; y se llevan a cabo acciones acordemente a los samskaras, que son impresiones recogidas del exterior por la mente.

 

Un cuerpo puede ser obscuro, hermoso, alto o bajo, pero el principio que lo habita —que es el conocimiento “yo soy”— no tiene ningún color ni dimensión, lo mismo que el soplo vital y la mente. Es meramente una “sensación de presencia”, una sensación de efulgencia. Y la mente funciona como su vehículo o su medio para la ejecución de las actividades mundanales.

 

Usted quiere meditar y debe hacerlo. La meditación real es morar en esta sensación de ser. De hecho, meditación significa la sensación de ser aferrándose a sí misma. Se dice que después de la muerte uno va al cielo o al infierno. Pero esto es un mero concepto y algo que se ha oído. Cuando un cuerpo ha muerto, el atman residente, la sensación de ser, pierde la memoria de su eseidad y ya no sabe que “ella es”. En ese estado no hay sueño, ni vigilia ni cognitividad.

 

Usted debe comprender esto claramente. Si uno piensa que es el cuerpo, deviene un esclavo de la mente y sufre acordemente. Por lo tanto, usted debe identificarse completamente con el principio más alto en usted, que es el conocimiento “Yo soy”. Esto le elevará al estatuto de brihaspati —el gurú de los Dioses.

 

Usted piensa que es alguien; pero usted no es nada de eso. La sensación de ser se expresa a través del cuerpo como una consecuencia del omnipenetrante Absoluto. Esta sensación de ser está profundamente enamorada de si misma y se le llama atma-prem, amor de Sí mismo. También se le llama guna, Shiva, y Brahman. Es el amor de Sí mismo lo que está funcionando a través de los diferentes cuerpos. Puesto que sólo hay este principio expresándose a sí mismo, de diferentes maneras, a través de los diferentes vehículos, no hay ningún “usted”, ni “yo”, ni “él”. Cuando el cuerpo muere, se descompone en los cinco elementos primarios; y el soplo vital, el prana, se sumerge en el aire universal. Y el guna —es decir, la sensación de ser— instantáneamente deviene nirguna o no ser, lo mismo que se extingue instantáneamente una llama. Por favor, escuche mis charlas atentamente.

 

Si no hay soplo vital, el guna no tiene cualidad de ser. Sólo mientras existe el guna, se aplican grandes títulos tales como Shiva, Brahma y Vishnu. Sin el prana, el soplo vital, no hay ningún movimiento o cualidad dinámica ni en el cuerpo ni tampoco en el guna. Brevemente, cuando su querido amigo y asistente, el prana, deja un cuerpo, el principio que preside, el guna, también se evapora. En un montón de grano, la consciencia está latente, y con el concurso de condiciones favorables, se manifestará de acuerdo con la forma y cualidad de la especie. Si usted tiene alguna pregunta sobre este tema, por favor pregunte.

 

Interlocutor: ¿Las formas biológicas se crean naturalmente, sin ningún propósito?

 

Mah: Sí, pero una especie particular procrea sólo dentro del modelo de su propia imagen. El hombre no engendra un animal más bajo o viceversa. Volviendo a la sensación de “yo soidad”, usted debe comprender que ella es el principio más sutil, más sutil incluso que el espacio. Cuando se extingue debido a la muerte del cuerpo y a la detención del soplo vital, este evento se llama niryana o nirvana. Éste es un estado en el que no queda ningún rastro de “yo soidad” —una condición absolutamente irrastreable. El estado no sabe que “él es” y está más allá de la felicidad y del sufrimiento, y enteramente más allá de las palabras; se llama el Parabrahman— un estado no experiencial.

 

Int: ¿Cuál es el estado gozoso en la meditación?

 

Mah: Cuando el meditador se olvida de sí mismo totalmente en la meditación; es visranti, que significa relajación completa que acaba en olvido total. Esto es el estado gozoso, donde no hay ninguna necesidad de palabras, conceptos o incluso de la sensación de “yo soy”.

 

Int: Todos los conceptos en nosotros brotaron del principio que estaba latente en el feto. ¿No es así?

 

Mah: Sí.

 

Int: ¿Podría ser que la emanación de nuestro pensamiento esté ya decidida?

 

Mah: Los pensamientos no están predestinados, sino que son las reacciones de las impresiones, los samskaras, que usted recibe ahora.

 

Int: Dios o Ishwara se dice que es omnisciente —conocedor de todo. ¿Qué significa eso?

 

Mah: Ishwara no es una persona individual. Es un principio omnipenetrante, que está latente en todo. Se manifiesta en los cinco elementos, los tres gunas, y en el ciclo de la vigilia, el sueño y la cognitividad.

 

Int: ¿Significa ello no dualidad?

 

Mah: La dualidad está sólo en el nivel cuerpo-mente. En la omnipenetrante consciencia universal, millones de nacimientos tienen lugar cada día, pero en su Absoluteidad básica ella es ajanma —lo Innacido. Aunque como consciencia universal ella es multicualitativa, como el estado Absoluto ella es nirguna, no cualitativa.

 

[A una mujer americana, que es escritora]: Usted haría mejor yéndose a casa pronto, antes de que embeba plenamente este conocimiento; de otro modo, usted estará perdida para todas sus “identidades”.

 

Int: Yo no puedo decir.. .

 

Mah: Pero lo digo yo, usted será librada de las “idas y venidas” de todos sus conceptos; incluso su sensación de “Yo soidad” será liquidada. En este país, durante edades se ha aceptado que un nombre sagrado tiene una gran potencia espiritual si se recita apropiadamente; eso no tiene ningún sustituto mejor. Millones de personas en el mundo son personificadas por los nombres que se les dan, debido a que un nombre tiene utilidad en el nivel mundanal. Cuando usted es iniciada a una disciplina espiritual con un nombre sagrado, eso significa que él representa su “verdadera naturaleza última”. Sea completamente uno con el nombre sagrado, entonces él le dará todo el conocimiento místico necesario para su elevación espiritual. Él le despertará a su “presenciación eterna”. Ésta es la clave mística del navanath-sampradaya, la orden tradicional de los Nueve Gurús. Estos gurús no eran cultos ni altamente educados. Según una de las historias, un hombre sentado sobre una de las ramas más altas de un árbol, al cortar la rama misma se sentó en el lado equivocado. Un gurú que pasaba por allí, viendo la inocente atención concentrada del hombre, tuvo piedad de él y le bendijo con un nombre que el hombre recitó diligentemente. A su debido tiempo, este inocente devino él mismo un gran sabio. Tal es el poder del nombre sagrado recitado con atención concentrada.

 

29 de marzo de 1980

(Extracto del libro: El néctar a los pies del Señor)