CONSCIENCIA Y PENSAMIENTO

El pensamiento sostiene y nutre la conciencia. El contenido de la conciencia es el movimiento del pensar, que jamás se detiene, los deseos, los conflictos, los temores, la persecución de placeres, la pena, la soledad, el dolor. El amor, la compasión, con su incorruptible inteligencia, está más allá de esta conciencia limitada, la que no puede dividirse en superior o inferior, porque lo alto o lo bajo sigue siendo conciencia, siempre ruidosa, siempre parloteando. La conciencia es todo tiempo, medida, espacio, porque nace del pensamiento. El pensamiento no puede, en ninguna circunstancia, ser total; puede especular acerca de lo total y complacerse en su verbalización y en la experiencia que ésta le proporciona, pero el pensamiento no puede jamás percibir la belleza, la inmensidad de lo total.  Porque “el pensamiento es el hijo estéril de la experiencia y del conocimiento”, el que nunca puede ser completo, total. Por lo tanto, el pensamiento será siempre limitado, fragmentado. Trata vanamente de resolver los problemas que el hombre ha ocasionado al hombre y, de este modo, los perpetúa cada vez más. Sólo cuando se da cuenta de su absoluta incapacidad para resolver psicológicamente los problemas y conflictos que ha originado, la percepción y el discernimiento pueden terminar con ellos.