CUANDO LA MENTE PIENSA

El conflicto nos martiriza pero seguimos despreciando al silencio. El conflicto nos agrada porque fácilmente nos coloca en la posición de victimas. Deseamos desprendernos de él pero lo sujetamos con la victimización y de esa manera le damos continuidad en el tiempo. El deseo de salir del conflicto no significa tener la energía ni la constancia ni las ganas para enfrentar la causa del conflicto que es nuestro pensar. La mente cuchicheando es el motor de arranque del conflicto de manera que comprendernos es la forma de enfrentar el conflicto, puesto que el mismo no es algo que pueda ser calmado mediante la represión, el consuelo, la esperanza, la promesa, el recuerdo, la ciencia, la creencia, el dogma, la doctrina, la ideología, sino mediante la comprensión del propio conflicto, que es nuestro pensar, que es nuestra mente, que en definitiva somos nosotros mismos. ¿Cómo nosotros podemos ser algo diferente de nuestra mente, de lo que pensamos?

El problema “que es” el conflicto, no lo comprendemos por el enfoque con el cual lo abordamos -además de partir mirándolo con la visión de la auto-compasión, lo cual diluye y disipa la inteligencia en la sensiblería- de modo que siempre estamos visualizando el conflicto como causas ajenas al enfoque, al punto de vista que tenemos de la vida, del vivir, o sea, de nosotros mismos. Nuestro punto de vista es la visión y la guía que conduce nuestras acciones y reacciones, lo que se traduce en el diario vivir como la respuesta mecánica ante cualquier desafío que la vida nos traiga. De manera que al ver los sucesos externos como causa de nuestros conflictos, confusiones, desordenes,  desconciertos y complicaciones, perdemos de vista la causa real del problema que somos nosotros mismos.