CUANDO LA MENTE PIENSA

Toda la estructura de la sociedad se ha construido sobre las creaciones del pensamiento, o sea, toda sociedad incentiva al ser humano a rehuir del silencio y a quedar preso en el parloteo como forma de vivir, de modo que se banaliza el silencio haciéndolo impopular asociándolo con la enajenación, la demencia, el desequilibrio, la alienación o la excentricidad. De esta manera se institucionaliza el parloteo convirtiéndolo en normalidad para terminar aceptándolo como algo que necesariamente tiene que ser así. Esto inevitablemente moldea a la mente y le impone su propia limitación, vale decir, el permanente parloteo. Esta es la limitación de la mente porque el parloteo no puede funcionar más allá del contenido de la memoria.

        La chachara permanente de la mente consigo misma y su temática monocorde establecen el mecanismo de pensar esquemático, inconsciente, involuntario y mecánico. Para la sociedad el silencio es un martirio, al igual que la meditación, pero la verdadera lacra que es el pensar constante, obsesivo e inmanejable, es una bendición. Este pensar solo trae confusión y conflicto, pero insistimos en idolatrar al parloteo.