CUANDO LA MENTE PIENSA

Esta soberanía que obtiene el pensar sobre las demás actividades de la mente entroniza al intelecto como Dios supremo del mundo psíquico, lo cual se extiende hasta todo lo que es emoción y sentimiento, de suerte que no podemos observar nada de toda las implicancias a las cuales nos ha llevado el cuchicheo que hemos enraizado en nuestra raciocinio.

        El enjambre que crea el pensamiento convierte a la razón en mecánica e inconsciente, de modo que no tenemos otra opción que la de -obligadamente- convertir todos y cada uno de nuestros argumentos en verdaderos pero, ¡según nuestro criterio!. Decidimos lo verdadero, después lo defendemos, lo archivamos  y lo custodiamos. Ello trae como consecuencia la violencia interna porque la decisión personal de lo verdadero nos obliga a resguardar el enfoque que adoptamos para  sentirnos seguros, por lo tanto, no podemos permitir la destrucción del enjambre mental que hemos edificado y que ha convertido en nuestro trasfondo psicológico. Sí este trasfondo psicológico es dañado la consecuencia es la desazón, la confusión, el desconsuelo, puesto que ello nos lleva a sentirnos desorientados.