ASTROFÍSICA: DETECCIÓN DE AGUJEROS NEGROS

Los agujeros negros deforman las propiedades del espacio circundante. Los efectos que ese fenómeno induce sobre los rayos de luz deberían poder detectarse desde la Tierra…

Cuando en 1610 Galileo apuntó al cielo con su telescopio, comenzó una revolución singular en la historia de la ciencia. Con el nuevo instrumento, el astrónomo italiano contempló la Luna, los satélites de Júpiter, las manchas del Sol y toda una multitud de fenómenos celestes que nadie había observado con anterioridad. Las consecuencias de aquellos descubrimientos no se ciñeron al ámbito de la física y la astronomía, sino que cambiaron por completo nuestra forma de entender el universo. Si nos detenemos un momento a reflexionar sobre lo que hizo posible aquel gigantesco avance del conocimiento, convendremos en que fue una nueva técnica observacional.

Por supuesto, Galileo se sirvió solo del espectro visible. Hoy, en cambio, podemos observar el universo en un amplísimo intervalo de longitudes de onda que cubre desde las ondas de radio hasta los rayosX y gamma. No solo eso: podemos también medir y extraer información a partir de otras propiedades de la luz. Empleamos datos temporales cuando los objetos astronómicos emiten pulsos electromagnéticos, estudiamos la polarización de la luz para analizar el campo magnético del Sol y otras fuentes, y aprovechamos la información espacial para localizar los astros o evaluar su tamaño.