TRANSGÉNICOS

TRANSGÉNICOS: NO TODOS SON IGUALES:… No suelo hablar de transgénicos porque me resultan bastante indiferentes. No les tengo miedo ni admiración. Como tecnología fue revolucionaria hace un par de décadas. Además, el debate social está viciado a una absurda polarización entre anti y pro. Y digo absurda a plena conciencia: no todos los transgénicos son iguales. Cómo va uno a poner en el mismo saco las semillas estériles en busca de dependencia creadas por multinacionales con ánimo de lucro, o cultivos (sean transgénicos o no) que puedan desplazar especies nativas. el cotilleo, con la loable tarea que está llevando a cabo el Centro Internacional de la Papa, y muchas otras instituciones que utilizan la investigación científica con rigor y ética para solucionar problemas sociales importantes. Sólo desde una perspectiva ideológica o interesada se puede ser sistemáticamente pro o anti transgénico. Bajo un razonamiento científico, cada caso es diferente. Decir “los transgénicos son nocivos para la salud” es radicalmente falso. “Son una amenaza para la biodiversidad”, es tan inexacto como el inocente “son la solución al hambre en el mundo”. La marca “libre de transgénicos” puede aportar a un país mayor valor comercial que una elevada productividad. Me parece perfecto. Pero sí sabemos una cosa: ni para la salud, ni para el medioambiente, ni para el bienestar social, la tecnología no es una enemiga sino nuestra aliada. No debemos caer ni en el tecnoentusiasmo desmesurado ni el los miedos paralizantes. Y a la hora de abordar el necesario debate sobre los cultivos modificados genéticamente asumir que, ni todos los boniatos son iguales, ni todo los transgénicos tampoco.