ABORIGENES

 

                El pensar americano existe desde que apareció el primer hombre sobre esta tierra. Paso a la clandestinidad en Canadá con la colonización francesa, en EEUU con la invasión inglesa y en el resto de América con el saqueo de España. Los colonizadores y luego sus descendientes instauraron el pensar europeo por razones obvias, era el pensar que conocían.

La condición de esclavo y en el mejor de los casos de siervo, de los pueblos originarios de América puso a su visión-pensar también en la condición de sometimiento y exclusión. Uno de los factores que ayuda a ocultar, encubrir y finalmente tapar el pensar perceptivo americano fue el lingüístico. Las diversas lenguas de las tribus, naciones y etnias indígenas impidieron la comunicación con el colonizador, pero también entre ellas (hasta el presente sigue siendo un problema). En el transcurrir del tiempo, la comunicación entre los pueblos originarios se da a través de la lengua del colonizador: el castellano. Otro de los problemas fue que los nativos no contaban con insignias intelectuales para difundir su cultura, historia, ni espiritualidad. Los originarios contaban con sabios, pero no con intelectuales. Los colonizadores con intelectuales, pero no con sabios. Triunfó el verbalismo conceptual por sobre la sabiduría.

La penetración del racionalismo europeo fue paradójica, los indígenas aprendían castellano, pero los colonizadores no aprendían la lengua indígena, de modo que la lengua del colonizador al mismo tiempo fue adoptada de manera abrumadora como el sistema  lingüístico de comunicación entre las etnias y desde las etnias hacia el conquistador y viceversa. No obstante esta uniformidad de comunicación no puede ocultar el hecho de que no fueron todos los indígenas de todas las etnias los que aprendieron el castellano. Hoy, sobre todo en Centroamérica, las etnias tienen interlocutores, la mayoría no habla castellano.

La novedad de la década actual radica en la existencia de una cultura internacional de apoyo a los derechos de los pueblos originarios de parte de intelectuales de diferentes países y de movimientos sociales, políticos, ambientalistas.

Pero es impensable que intelectuales patricios con mentalidad europea se hubiesen sentido atraídos por el pensar perceptivo de los indígenas que esclavizaban o los utilizaban para carne de cañón en los ejércitos nacionales.

El anti indigenismo del poder político y económico, ha sido la ideología permanente desde la colonización hasta el presente, pero en la actualidad presenta múltiples complejidades, puesto que sin importar la ideología que sustente el poder, todas están de acuerdo en el productivismo economicista a cualquier precio y son precisamente los territorios indígenas quienes pisan las riquezas subterráneas que la codicia del empresario y sus (testaferros) cómplices(poder político) desean explotar para maximizar sus ganancias, pero para satisfacer su avaricia necesitan violar todos los derechos humanos, expulsarlos, quitarles sus territorios, reprimirlos, encarcelarlos, matarlos, etc. Ante esto, intelectuales, movimientos sociales,   DDHH, abogados sociales y la sociedad civil, mas algún oportunista, se oponen, de manera que, aunque siguen quitándoles sus territorios y arrinconándolos donde sean menos visibles, hoy no se les hace tan fácil como ayer.

La aparición en escena de intelectuales que se proponen revivir el “pensar americano” y otros que se bambolean del progresismo, ambientalismo, nueva era, culto a la pacha mama y posiciones de periodistas de izquierda, han  dado una  visualización “a lo indígena”, pero resaltando más “el respeto a su cultura”, “la aceptación de la diversidad”, “la consideración humana” y etc.

Este fenómeno entre los intelectuales del momento presenta la dificultad de que ninguno ha hecho carne la cultura – espiritualidad originaria, solo llegan hasta las puertas de la espiritualidad indígena, que es el límite de su intelecto. Su buceo es solo interpretación intelectual. En términos más simples, no hay “realización de la mente indígena” en su propia mente, puesto que la intelectualidad es en su mente la “Institución” desde donde se “dilucida todo” y, hasta tanto, no se desprendan de su propia intelectualidad no podrán ir más allá de los sentidos, condición imprescindible para probar el pensar perceptivo.

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               Hasta mediado de los años ’90, no existía un vuelco de los intelectuales de la izquierda no partidaria hacia la defensa de los derechos de los pueblos originarios. La caída del muro de Berlín los dejó sin nada, la causa global de cambiar el mundo no tenía sustento. Este hecho movimentó a la intelectualidad de izquierda hacia las pequeñas causas, permitiendo su visualización. Los que eligieron el apoyo a los pueblos indígenas, se encontraron con la dificultad de que no comprendían su visión del mundo desde la espiritualidad. Esta razón limitó su apoyo a la reivindicación social: respeto por sus tierras y su cultura. Lo positivo de esto fue que lograron que la sociedad se enterara de los abusos y crímenes en su contra.

Una posición minoritaria de intelectuales intentó penetrar su Kosmo-percepción, lo que motivo el despertar de los profesionales -intelectuales indígenas, realizando una gran producción- promoción de libros, conferencias, simposios, videos, apariciones en medios de comunicación, etc. Esta movilización llevó a los intelectuales occidentales a “bautizar urgentemente” lo que no comprendían, cabal ni espiritualmente, con el nombre de “Cosmovisión” y “paradigma diferente”.

A partir de los años ’70, surgen nuevos movimientos sociales que fueron marginados por la izquierda clásica porque el marxismo vinculaba explícitamente el materialismo filosófico con su “teoría de la historia”, donde lo básico y primordial son las luchas económicas y de clase, de manera que los movimientos que aparecieron en la escena social con una reivindicación específica: ambientalistas, pacifistas, indianistas, feministas, etc., no tenían cabida en la estrecha perceptiva marxista.

Estos movimientos terminaron identificándose con el relativismo posmoderno y dieron nacimiento a su propia creación máxima: los paraísos verbalísticos.