Vivimos en un mundo que está organizado para enseñarnos en qué pensar. Toda la estructura de la sociedad, la educación, su comunicación, la política, la religión, la filosofía, la llamada espiritualidad de la Nueva Era, todo, absolutamente todo y todos desean enseñarnos y desean imponernos ‘en qué pensar’. No hay nada en la estructura humana que nos enseñe a cómo pensar, y cuando digo en la ‘estructura humana’ hablo de las disciplinas como las que nombré: el periodismo, la política, la religión, la ciencia… Todo el mundo nos está enseñando a saber en qué pensar, de modo que a no enseñarnos a saber cómo pensar.
Se nos hace casi imposible tener una visión holística de la vida, porque ese saber en qué pensar, además, siempre nos está dando a elegir, y al elegir separamos y al separar dividimos, de forma que convertimos todo en una secta: la política es una cosa, la espiritualidad es otra, la ciencia es otra, la filosofía es otra, la naturaleza es otra, la astronomía es otra y así sucesivamente vamos desglosando y convirtiendo todo en una secta. Observen que la política para funcionar como tal, funciona dividida en un montón de sectas: la secta de derecha y la secta de izquierda, y a su vez esas sectas están divididas. Más dividido que la secta de izquierda, nada; la derecha, en todo caso, en ese aspecto, es un poco más coherente, aunque tiene sus divisiones en aspectos técnicos; pero dividimos todo, no podemos ver el mundo como una totalidad. No es que la política sea más importante que la espiritualidad, no es que la espiritualidad sea más importante que la política; no es que la filosofía sea más importante que la ciencia, no es que la ciencia sea más importante que la filosofía, y así sucesivamente. De forma que adoptamos una de esas succiones disciplinarias que nos da la sociedad porque ellas nos enseñan a saber en qué pensar y obviamente que para la mente no hay nada más cómodo que saber en qué pensar, porque no tiene que cuestionar nada, la mente que sabe en qué pensar no cuestiona, la mente que sabe en qué pensar está cómoda, no hay sorpresas en esa mente, esa mente no está abierta, está cerrada a un patrón de pensamiento predeterminado, de suerte que jamás cuestionamos en lo que creemos, no cuestionamos nuestras creencias, no cuestionamos nuestras ideologías, no cuestionamos nuestras doctrinas, porque como hemos adoptado alguna de ellas (política, social, filosófica, religiosa, científica) simplemente argumentamos sobre ella y nos quedamos sentados en ese espacio y círculo vicioso cerrado en donde no entra nada que no sean los argumentos que nos convienen.
Vemos el mundo desde una minúscula parte, y desde esa minúscula parte –que la podemos llamar política, religión, espiritualidad, etcétera- creemos que estamos viendo la totalidad del mundo y que la interpretación que hacemos de él es correcta. Realmente eso sería verdad si la realidad de la vida y del vivir tuviera leyes de acero, leyes absolutamente rígidas e inamovibles, entonces obviamente optaríamos por decir, por ejemplo, que se acabó la historia o decir, por ejemplo, que la historia continúa. Fíjense que tenemos tantas discusiones absolutamente vanas, chatas, burdas, artesanales, como lo es la del fin de la historia o el no fin de la historia. Si vemos eso imparcialmente vamos a ver que en cierto sentido Fukuyama tiene razón porque su fin de la historia consistía en el triunfo del capitalismo y si hoy vemos al mundo, el mundo se rige por el capitalismo, de forma que por los propios hechos y la propia historia, Fukuyama hasta el día de hoy tiene razón. Ustedes me pueden decir que la excepción es Cuba… Eso podría haber sido verdad hasta hace un año atrás, pero ellos están haciendo en este momento sus reformas capitalistas, sus reformas de propiedad privada aunque le sigan llamando la economía del socialismo, de forma que de una manera u otra en su teoría Fukuyama tiene razón. Ahora, ¿es verdad eso?¿Es verdad que se acabó la historia?¿Es verdad que no hay ninguna otra opción que no sea el capitalismo? Obviamente que eso es muy arrogante decirlo, decir que sólo la única opción es el capitalismo y que no hay otra sociedad que no pueda superar esta sociedad de abuso, miseria, explotación, estafa y el poder absoluto de la minoría privilegiada. No sabemos si hay otro tipo de sociedad que pueda surgir en el futuro porque, como dije anteriormente, la vida, el vivir y la realidad no tiene ni contiene leyes de acero. Toda la discusión que hemos armado y con la cual nos hemos entretenido estos últimos quince años sobre el fin o no fin del la historia es absolutamente irrelevante, porque habría que discutir si realmente lo que queremos es este tipo de sociedad o no, la sociedad que rige el mundo. Hay gente que está ciegamente a favor del capitalismo pero hace algunas reformas populares y cree que por eso no es capitalista, pero además de eso cree que por eso es de izquierda, y obviamente que si estás a favor del capitalismo difícilmente seas de izquierda y difícilmente le puedas discutir a Fukuyama que se equivocó. Quizás los trotskistas tengan esperanza de que Fukuyama se haya equivocado, pero eso no va ser realidad hasta que ellos no sean capaces de construir una sociedad y dirigirla. Pero el resto del mundo no tiene más opción que aceptar que Fukuyama, por lo menos hasta este momento, está en lo cierto. Pero ello es irrelevante porque el problema es: todos los dramas, desgracias y desdichas que nos ha traído el capitalismo y que en este momento se refleja en lo que son las realidades de los pueblos. El propio capitalismo está en una crisis de la cual no puede salir, pero eso no significa que esa crisis se vaya a transformar en una sociedad distinta, en una sociedad anticapitalista o en una sociedad no capitalista. De suerte que al estar embarcados en este mundo y al no saber cómo pensar, sólo nos queda la opción de especular: cuál sería la sociedad ideal; pero sería eso: una especulación. Porque en realidad la sociedad ideal no sabemos si es posible, no la conocemos. Es obvio que la podemos teorizar, es obvio que la podemos idealizar, es obvio que siempre se puede idealizar y tener una ideación acerca de lo mejor, pero es sólo teoría y no realidad, y esa teoría nos llevaría nuevamente (si la aceptamos) a saber en qué pensar.
De suerte –el primer paso- que para salir de esta sociedad amarga, desdichada y cruel que le imponemos a la mayoría de la humanidad, debemos empezar a saber cómo pensar, y para ello debemos investigarnos y cuestionar todas nuestras creencias, doctrinas, teorías y lo que hemos aceptado ciegamente como verdad absoluta; o sea, no si analizamos si somos críticos con nosotros, sino que tratamos de ver la veracidad de nuestras opiniones, argumentos, creencias, doctrinas e ideologías, lo que significa que sólo al cuestionarnos tenemos una posibilidad de empezar a aprender a saber cómo pensar.