Hace 65 años Gandhi fue asesinado por un nacionalista radical e integrista religioso. Gandhi estuvo nominado cuatro veces al Premio Nobel de la Paz, las cuatro veces le fue denegado alegando que era nacionalista.
Su juventud estuvo marcada por las creencias religiosas de su madre, por la rama pacifista del hinduismo, el jainismo; pero Gandhi no llegó a practicar el jainismo, aunque hinduista, fue ecuménico y adoptó todos los credos, el musulmán, el hindú y el cristiano; consideraba las diversas religiones como caminos distintos que convergen en el mismo punto. Una de las influencias que recibió del jainismo, fue el principio de ahimsa o “no hacer daño” y que él mismo lo tradujo al inglés como no-violencia. A pesar de su origen hindú, profundizó en el islamismo y en el cristianismo, en concreto en el mensaje no-violento de ambas religiones. Su búsqueda espiritual más profunda del concepto de no-violencia le llevaba constantemente a la búsqueda de la verdad. Para Gandhi ahimsa y verdad (satyagraha) están tan entrelazadas que es prácticamente imposible desligarlas o separarlas. La satyagraha agrupa dos términos del sánscrito, satya (verdad) y agraha (fuerza). Es, por tanto, la búsqueda de la verdad a través de la fuerza interior la que conduce a actuar en conciencia. Fuerza que conduce a desobedecer y no cooperar con los obstáculos que se oponen a la verdad (conciencia), lo que hoy llamaríamos objeción de conciencia.
El pensamiento de Gandhi abarca cuatro grandes corpus: su pensamiento místico al encuentro de la verdad a través Dios; el pensamiento político para conseguir la independencia de la India del dominio británico; el pensamiento social para eliminar las desigualdades en la sociedad india, entre castas, entre hombre y mujer, y relación entre trabajo y capital; y su pensamiento sobre cómo preparar el cuerpo y el espíritu para lograr sus objetivos de transformación social.
Gandhi fue muy influenciado por el pensamiento de dos personajes: el anarquismo cristiano de Tolstoi y su llamada a la resistencia frente al Estado (bajo su influencia Gandhi afirmaría “los ingleses no nos han tomado la India, nosotros se la hemos dado”); y Thoreau, de quien aprendió la desobediencia como instrumento para enfrentarse a la injusticia. Bajo ambas influencias afirmaría que la esclavitud consiste en someterse y que la libertad exige desobediencia.
Gandhi enriqueció la no-violencia y la búsqueda de la verdad con los conceptos de resistencia y desobediencia, pero a diferencia de Tolstoi y de Thoreau les dio una dimensión organizada y colectiva, sobrepasando la esfera individual. De esta manera la no-violencia se transforma en una técnica o método de lucha política y social.
La fuerza de esos dos principios son los que inspirarán las grandes movilizaciones sociales. En su obra El autogobierno indio, Gandhi señala la estrategia a seguir de desobediencia a las leyes del imperio británico, que aplica en las campañas La satyagraha de la sal que movilizó a millones de personas contra el impuesto británico a la sal; el boicot a la escolarización británica, o a las manufacturas inglesas, en especial las textiles, que lo llevaron en diversas ocasiones a prisión, y el retorno del hilado artesanal para conseguir la independencia de la India. En el mismo sentido, en el texto Programa Constructivo y el discurso Seva Sangh, aboga por la emancipación, a través de la satyagraha, del Gobierno británico y por conseguir una mayor igualdad social, económica y política. Un ideario que, en su día, resultó incómodo para las elites indias, tanto conservadoras, como del marxista Nehru, pero que acabaron aceptando, vistos los éxitos concretos de sus campañas con el seguimiento masivo de millones de indios.
Gandhi instauró métodos de lucha social novedosos como la desobediencia civil y la huelga de hambre. Mediante el método de la no-violencia introduce una forma nueva y revolucionaria de lucha política contra la injusticia y la opresión, proporciona una manera de luchar sin recurrir al uso de la violencia y sin avivar pasiones de odio o venganza.
El método no-violento de Gandhi ha servido como modelo a otras experiencias posteriores y ha ayudado a construir un nuevo repertorio de acciones de lucha social y política a gran escala; podemos encontrar movimientos de resistencia a la ocupación colonial (como Zambia o Ghana) o movimientos de resistencia a leyes discriminatorias o a gobiernos autocráticos (como el movimiento afroamericano por los derechos civiles en Estados Unidos, contra el apartheid en Sudáfrica o “las revoluciones de colores” en Serbia, Georgia, Ucrania, Tailandia y Birmania, o en las recientes primaveras árabes).
Politólogos como Gene Sharp han aportado una visión pragmática de la no-violencia, la han despojado de sus componentes religiosas y la conciben como una técnica de acción sociopolítica que cuando se aplica produce unos resultados más duraderos que el uso de la violencia; es decir, en términos pragmáticos es más eficiente el uso de la no-violencia que el uso de la violencia en la transformación sociopolítica.
Autor: Tica Font
Fuente: http://www.centredelas.org/index.php?option=com_content&view=article&id=990%3Agandhi-un-revolucionario-en-busca-de-la-verdad&catid=41%3Acultura-de-pau&Itemid=62&lang=ca
Adoro la no-violencia, el acuerdo, y la alegría que nace de allí. Cuando nos estrechamos la mano con sinceridad, sellando un acuerdo, la estamos usando como una extensión del corazón, de nuestra voluntad sagrada, la que está inspirada en el amor. Siempre se le ha asignado a la voluntad un origen mental, pero esa voluntad nace del ego, de las creencias y la información aprendida y procesada por la memoria y los pensamientos. Pero la verdadera voluntad, la que viene del ser, es canalizada por nuestro sentir, sin filtros ni advertencias. Esos anhelos, puros y completos, nos permiten sellar acuerdos limpios y sinceros, en los que se compromete la totalidad , lo que somos realmente. Son acuerdos basados en el Honor. La no violencia es el arma adecuada cuando el honor es mancillado, y se instalan el abuso y la violencia para someter a la contraparte. “No resistáis al mal”, dicen los evangelios, y eso significa no-violencia. Ni física ni emocional, ni mental. Se podría considerar la desobediencia como un tipo de violencia, pero a mi me parece más bien una forma de diálogo, un mensaje claro de que no me dejaré someter hasta que no sea escuchado y considerado mi corazón. ¿Que pasaría si hubiera un pequeño despertar entre los “consumidores”, y decidiéramos “dejar de consumir”?. Y no digo dejar de comer nio vestirse. Eso sería extremo. Mi propuesta va por lo superfluo: No cuenta corriente, no tarjeta de crédito, no vehículos caros, sofisticados ni contaminantes. Dejar de lado el exclusivismo de mi auto caro y me pongo de acuerdo con el vecino para transportarme. Comer barato, comprando en los pocos almacenes que aún quedan. No aceptando ninguna “oferta”, ni nada que venga de los grandes consorcios financieros. Y medidas más extremas como no pagar las multas de tránsito (para terminar con el negocio de las municipalidades), y si la cosa se pone más difícil, no pagar los impuestos. No ir a restaurantes caros, no comprar ropa de marca, usar lo menos posible los servicios básicos privatizados, NO HABLAR POR TELÉFONO CELULAR, y utilizar lo mínimo el internet. Para tranquilizar a los adictos al consumo, estas medidas serían solo temporales, ya que se trata de quebrar a los grandes capitales, para que así nos veamos forzados a usar nuestra dormida imaginación y crear un nuevo sistema de convivencia político, económico y social. Suena genial, verdad?. El problema es uno, y muy serio: LAS ADICCIONES. El capitalismo se basa en crear adictos a los bienes de consumo y servicios, a las comodidades, a la flojera, al ocio y entretenimiento, a la comida, bebida, drogas, violencia, etc. Trivializar la vida cotidiana a través de la farándula, y mantener ocupado el intelecto con todo tipo de basura, eliminando del día a día lo sagrado. Debemos recuperar el SAGRADO SENTIDO DE LA VIDA, y darnos cuenta, DESPERTAR del sueño de la vanidad en que nos tiene metidos y sometidos la administración del capital. La no-violencia es la única salida a esta crisis humana que me parece terminal. Si no juntamos una masa crítica de humanos dispuesta a reivindicar la vida, eliminando la trivialidad como un ideal, la economía como religión y el mercado como un dios, tendremos un destino similar a los dinosaurios:la extinción. Pero esta vez no será un meteorito caído del cielo. Esta vez será por nuestra propia mano.