Autoconocimiento: Chile¿Educación de Calidad?
Renovando la Mente
La otra mañana vi cómo llevaban un cuerpo muerto para su cremación. Estaba envuelto en una tela de color magenta brillante, y se balanceaba con el ritmo de los cuatro sujetos que lo transportaban. Me pregunto qué clase de impresión les causa un cuerpo muerto. ¿No se preguntan ustedes por qué existe el deterioro? Uno compra un motor nuevo de marca, y en unos pocos años se ha gastado. El cuerpo también se gasta; pero, ¿no inquieren ustedes un poco más allá a fin de averiguar por qué se deteriora la mente? Tarde o temprano ocurre la muerte del cuerpo, pero la mayoría de nosotros tiene mentes que ya están muertas. El deterioro ya se ha producido; y, ¿por qué se deteriora la mente? El cuerpo se deteriora porque lo usamos constantemente, y el organismo físico se agota. Enfermedad, accidente, vejez, mala alimentación, una herencia pobre – éstos son los factores que originan el deterioro y la muerte del cuerpo. Pero, ¿por qué debe deteriorarse la mente, por qué debe envejecer, embotarse?
Al ver un cuerpo muerto, ¿nunca se han hecho preguntas al respecto? Aunque nuestros cuerpos tienen que morir, ¿por qué debería, de modo alguno, deteriorarse la mente? ¿Jamás se les ha ocurrido esta pregunta? Porque la mente sé se deteriora – lo vemos no sólo en las personas viejas, sino también en los jóvenes. Vemos cómo la mente de los jóvenes ya se está embotando, cómo se vuelve pesada, insensible; y si pudiéramos averiguar por qué la mente se deteriora, entonces tal vez descubriríamos algo verdaderamente indestructible. Podríamos comprender qué es la vida eterna, la vida que no tiene fin, que no pertenece al tiempo, la vida que es incorruptible, que no declina como el cuerpo que llevan a los ghats para quemarlo y arrojar los despojos en el río.
Entonces, ¿por qué se deteriora la mente? ¿Jamás han reflexionado al respecto? Siendo todavía muy jóvenes – si ya no los han embotado la sociedad, sus padres o las circunstancias – tienen ustedes una mente fresca, entusiasta, curiosa. Quieren saber por qué existen las estrellas, por qué mueren los pájaros, por qué caen las hojas, como vuelan los aviones; desean saber acerca de muchísimas cosas. Pero el impulso vital de inquirir, de descubrir, pronto es sofocado, ¿verdad? Lo sofocan el temor, el peso de la tradición, nuestra propia incapacidad de enfrentarnos a esta cosa extraordinaria llamada vida. ¿No han notado qué rápidamente se destruye ese entusiasmo de ustedes ante una palabra mordaz, o un gesto de menosprecio, o por el temor a un examen o ante la amenaza de un padre – lo cual implica que la sensibilidad se ha echado a un lado y que la mente se está embotando?
Otra causa de embotamiento mental es la imitación. La tradición los ha preparado para imitar. El peso del pasado los obliga a amoldarse, a observar las reglas, y a causa de este acatamiento al pasado, la mente se siente a salvo, segura; se afirma en un surco bien aceitado de modo que pueda deslizarse suavemente sin ninguna perturbación, sin un solo estremecimiento de duda. Observen a las personas adultas que los rodean y verán que sus mentes no desean ser perturbadas. Quieren paz, aunque ésa sea la paz de la muerte; pero la verdadera paz es algo por completo distinto.
Cuando la mente se establece ella misma en una rutina, en un patrón, ¿no han advertido que siempre se halla impulsada por el deseo de estar segura? Por eso es que sigue un ideal, un ejemplo, un gurú. Quiere sentirse segura, no desea que la molesten; en consecuencia, imita. Cuando en sus libros de historia ustedes leen acerca de los grandes líderes, los santos, los guerreros, ¿no se descubren a sí mismos deseando copiarlos? No es que no haya grandes personas en el mundo; pero el instinto es imitarlas, tratar de ser como ellas, y ése es uno de los factores de deterioro, porque entonces la mente se coloca a sí misma en un molde.
Además, la sociedad no quiere individuos alertas, sensitivos, revolucionarios, porque individuos así no encajarán en el bien establecido patrón social, y hasta podrían romperlo. Es por eso que la sociedad busca mantener las mentes de ustedes dentro de su propio patrón, y por eso la que llaman educación los incita a que imiten, a que sigan a alguien y se amolden.
Ahora bien, ¿puede la mente dejar de imitar? O sea, ¿puede cesar de formar hábitos? ¿Y puede la mente que ya se encuentra atrapada en un hábito, librarse del hábito?
La mente es el resultado del hábito, ¿no es así? Es el resultado de la tradición, el resultado del tiempo – siendo el tiempo repetición, una continuidad del pasado. ¿Y puede la mente, la mente de ustedes dejar de pensar en términos de lo que ha sido – y de lo que será, que es en realidad una proyección de lo que ha sido? ¿Puede esa mente estar libre de los hábitos y de la creación de hábitos? Si investigan bien a fondo este problema, descubrirán que eso es posible; y que cuando la mente se renueva a sí misma sin formar nuevos patrones, hábitos, sin caer de nuevo en la rutina de la imitación, permanece lozana, joven, inocente y, por lo tanto, es capaz de una comprensión infinita.
Para una mente así no existe la muerte, porque ya no hay un proceso de acumulación. Es el proceso de acumulación el que crea el hábito, la imitación, y para la mente que acumula hay deterioro, muerte. Pero para una mente que no acumula, que no acopia, que muere cada día, cada minuto, para una mente así, la muerte no existe. Se encuentra en un estado de espacio infinito.
Por lo tanto, la mente tiene que morir para todo lo que ha acumulado – para todos los hábitos, para las virtudes imitadas, para todas las cosas en que confiaba a fin de sentirse segura. Entonces ya no está atrapada en la red de su propio pensar. Al morir de instante en instante para el pasado, la mente adquiere lozanía; por lo tanto, jamás puede deteriorarse ni poner en movimiento la ola de la oscuridad.