OMAR QUINTEROS: El Apóstol del Cristianismo Siglo XXI

-No tengan miedo de meterse en el barro…qué difícil es comprender mirando desde afuera todo lo que encierra cada rostro de nuestro pueblo…para servir, hay que tener un oído atento al Evangelio y el otro en el pueblo– decía el cordobés Enrique “el Pelado” Angelelli, obispo de La Rioja, asesinado el 4 de agosto de 1976 por las fuerzas de tareas del terrorismo de estado al servicio de los grandes señores de las tierras por donde anduvieron las montoneras de Facundo.

Hoy, otro sacerdote diocesano nacido en Cura Brochero, también en la provincia de Córdoba, “Omar Quinteros”, de cincuenta años, está poniendo el cuerpo en la pueblada de Famatina.
Como hiciera el cura de “La guerra gaucha”, interpretado por Enrique Muiño, Quinteros hizo sonar las campanas de la iglesia de Famatina cuando descubrió la presencia de los empresarios de la megaminera Osisko. Los vecinos llegaron y los funcionarios, en su desesperación, dejaron olvidados sobre la mesa los papeles donde estaban apuntados los principales referentes de la comunidad.
Quinteros es hoy un problema para el gobierno de La Rioja. Luis Beder Herrera, luego de volver de sus vacaciones en Florianópolis, le pidió al obispo actual, Roberto Rodríguez, que le prohibiera tocar las campanas de la parroquia y que lo aparte del pueblo.
-Hay que seguir andando nomás, decía Angelelli. Me hubiera gustado que el obispo viniera a tomar mates junto a los vecinos del pueblo para que pudiera sentir lo que realmente está viviendo la gente de Famatina. Pero no importa. Nosotros vamos a seguir – le dice Quinteros a este cronista.
El obispo Rodríguez tiene una visión distinta: “Yo soy padre, tanto de los pro mineros como de los anti mineros…Debemos buscar los caminos del entendimiento pues el único camino es el diálogo. Hay que profundizar el diálogo, anteponiendo cualquier hecho de violencia que genere enfrentamientos irreconciliables entre vecinos, familias y seres queridos”, dijo en los medios de comunicación riojanos.
Un punto de vista supuestamente equidistante que prioriza la llamada “paz social”, como el mismo obispo sostuvo.
Una posición lejana del compromiso que tuvo aquel revolucionario de Galilea, Enrique Angelelli y el propio Quinteros.
El actual sacerdote de Famatina llegó al pueblo hace cuatro años.
“La maravilla de este cerro es una prueba de los vestigios de la existencia de Dios. Por eso es fundamental no permitir que lo contaminen ni lo destruyan. Cuando elevamos el informe de lo que está sucediendo al obispado, el gobernador lo calificó de impertinente. Pero más allá de lo que dice este señor que ahora está cruzando Los Andes como si quisiera parecerse a San Martín, nada menos; lo que resulta notable es la evolución maravillosa de la conciencia nacional con respecto a la lucha del pueblo de Famatina. Por eso vamos a vencer este empecinamiento político que sufrimos en la provincia”, agrega Quinteros.
Para el pastor, “la resistencia pacífica” continuará todo el tiempo que sea necesario.
Es un conflicto social que continuará más allá de los negocios entre las empresas y los funcionarios, apunta el cura.
Y más allá de lo que suceda en los próximos días, así como los tigres del Famatina multiplican la dignidad de los llanistas del siglo diecinueve, Omar Quinteros quiere seguir el camino del Pelado Angelelli.

Una de las tantas postales existenciales de un pueblo que ya forma parte de la geografía política de la esperanza argentina.