Autoconocimiento: Historia del Pensamiento Humano II

EL PENSAMIENTO, LA IGNORANCIA Y EL GRAN PENSADOR

Una mente intelectualizada solo puede existir sin colapsar a través de la ingestión diaria de algunos de los medicamentos que recomienda el vademécum intelectualoide que se ofrece en el “libre mercado” de las ideas, puesto que su salud mental depende de la deglución permanente de ideas que sean capaces de suplantar el parloteo incesante de su mente y el consecuente desorden y desconcierto que produce no tener el juguete verbalístico que le permita entretenerse en una nueva especulación, de la cual espera tomar una punta para producir su nuevo malabarismo de palabras y convertirlo en tesis, ensayo, teoría, o en última instancia, en un insignificante artículo periodístico.

Toda producción intelectual se transforma en conocimiento libresco y este, en la nueva idea para “rumiar mentalmente”. Este conocimiento psicológico-intelectual es irrelevante para nuestras vidas puesto que se construye con un sistema de hechos transformados en especulaciones, abstracciones, intereses particulares, subjetividades y que están dirigido a un circulo muy pequeño de seres humanos que comulgan con ese mundo cultivador de distracciones mentales y embelesamiento de su narcisismo intelectual. La vida, por suerte, no está dirigida hacia, ni su sentido es el egocentrismo ni la arrogancia.

La distracción mental con libros, revistas, diarios, televisión es la moderna forma de escapar de nosotros mismos y de esa vida hueca y vacía que no soportamos cuando estamos sin ninguna entretención que nos distraiga.

La gran e infinita entretención verbalística que han producido los intelectuales, también incluyo algunos elogios que le dedicaron a sus pares, como ser, “Gran Pensador”; como consecuencia, terminaron siendo favorecidos con el mismo título, puesto que ellos hacían lo mismo; pensar y elucubrar sobre cualquier cosa con la finalidad de mantener viva la industria de la entretención. La asociación de intelectualismo con pensador, vale decir, de creador de juguetes mentales con “Gran Pensador”, les permitió situarse en el lugar del sabio y así suplantar fácilmente al conocimiento por la sabiduría. La diferencia entre un sabio y un intelectual estriba en que este ultimo se dedica a la propaganda del conocimiento como fuente de sabiduría y el sabio es la sabiduría. El intelectual hace propaganda del conocimiento desde su ignorancia, la cual no le permite percibir que solo se puede hacer propaganda de la mentira; nadie puede hacer propaganda de la verdad.

El intelectual “puro” renuncia a la verdad porque le interesa más el tener razón, en otras palabras, considera que su razón (fundamentada en sus argumentos) es más importante que la verdad. Ese es el hombre que cuelga en su frente el titulo de “Gran Pensador” y ante el cual nos rendimos. La pregunta que estamos obligados a hacernos es ¿lo es?… ¿Cuándo ni si siquiera fue capaz de discernir la asociación directa que existe entre propaganda y mentira?

La diferencia entre la verdad y la razón es que la razón es armada a semejanza y antojo de cada persona, de forma que no existe nadie en el mundo que “no tenga razón”, puesto que es “su razón”. La verdad obviamente no puede ser armada, estructurada ni determinada por la mente particular de cada uno, la verdad es lo que es. La razón se moldea a gusto y placer de cada uno porque ella es fija, estática, se sustenta en argumentos, opiniones, dictámenes, decisiones, mentiras, falsedades, gustos, aversiones, intereses y sentencias personales, mientras que la verdad está en movimiento, cambia de instante en instante, lo que significa que nadie la puede armar como se le antoje, ella “es lo que es ahora”. La falacia de que cada uno “tiene su verdad” es tan falsa e ignorante como el conocimiento psicológico-intelectual, puesto que la verdad es que cada uno “tiene su razón y sus razones” para vivir cómo vive, pensar cómo piensa y sentir cómo siente, puesto que la razón es armada, la verdad es imposible construirla o acomodarla al interés o deseo personal… “La verdad es verdad por la verdad misma y no porque la digan los Dioses”. Uno comprende lo que es de momento a momento… o sufre. Cuando el hombre comparte una razón, es porque adopto una creencia, doctrina, teoría o doctrina. Esa razón compartida crea conflicto con aquellos que adoptaron una razón colectiva distinta la cual se opone a todas las otras razones compartidas. Ello crea la división, la fragmentación, el conflicto y el enfrentamiento entre los hombres porque cada grupo persigue imponer su razón a los demás. La verdad no necesita de todo este circo intelectual propagandístico; ella se defiende por si sola y ningún grupo puede hacer propaganda sobre la misma. Solo se puede hacer propaganda de la razón; individual o colectiva.