Autoconocimiento: CHILE: ¿EDUCACIÓN DE CALIDAD? XIV


LA EDUCACIÓN DE CALIDAD ¿APUNTA A LA PAZ MUNDIAL?:II

Es porque somos nacionalistas y estamos listos para defender nuestros Estados soberanos, nuestras creencias y nuestras posesiones, que tenemos que estar perpetuamente armados. La propiedad, la cuenta bancaria y las ideas, han llegado a ser para nosotros más importantes que la vida humana; así pues, hay constante antagonismo y violencia entre nosotros y el resto de la humanidad. Al mantener la soberanía de nuestro país, destruimos a nuestros hijos; al rendir culto al Estado, que es sólo una proyección de nosotros mismos, sacrificamos a nuestros hijos mandándolos a la guerra por nuestra propia satisfacción. El nacionalismo y los gobiernos soberanos son las causas y los instrumentos de la guerra.

Nuestras actuales instituciones sociales no pueden evolucionar hacia una federación mundial porque sus mismos cimientos son falsos. Los parlamentos y los sistemas educativos que defienden la soberanía nacional y destacan la importancia del grupo jamás pondrán fin a la guerra. Cada grupo separado de personas, con sus gobernantes y gobernados, es germen de guerra. A menos que alteremos fundamentalmente las presentes resoluciones entre los hombres, las finanzas, la industria inevitablemente nos llevarán a la confusión y serán un instrumento de destrucción y miseria; mientras haya violencia y tiranía, engaño y propaganda, la fraternidad del género humano no puede realizarse.

Educar a la gente sólo para ser maravillosos ingenieros, brillantes científicos, luminosos especialistas en geografía, esplendorosos economistas, hábiles ejecutivos, deslumbrantes intelectuales filosóficos o buenos trabajadores, nunca llegará a unir a los opresores con los oprimidos, a los inversores con los pobres; y podemos ver que nuestro actual sistema educativo, instigador de las muchas causas que provocan enemistad y odio entre los seres humanos, no ha impedido el asesinato en masa en nombre de la patria o en nombre de Dios.

Las religiones organizadas, con su autoridad temporal y espiritual, son igualmente incapaces de traer la paz al hombre, porque son también el resultado de nuestra ignorancia y de nuestro temor, de nuestros artificios y egoísmos.

Con el anhelo de seguridad aquí o en el más allá, creamos instituciones e ideologías que garanticen esa seguridad; pero mientras más luchemos por la seguridad, menos la tendremos. El deseo de seguridad crea divisiones y aumenta el antagonismo. Si nosotros sentimos y entendemos la verdad de esto, no sólo verbal o intelectualmente, sino con todo nuestro ser, entonces comenzaremos a cambiar fundamentalmente nuestras relaciones con nuestros semejantes en el mundo inmediato que nos rodea; y sólo entonces existe la posibilidad de alcanzar unidad y fraternidad.

A la mayor parte de nosotros nos consumen los temores de todas clases, y estamos grandemente preocupados por nuestra propia seguridad. Esperamos que por algún milagro no haya más terrorismo, invasiones abusivas, más guerras, mientras acusamos a otros grupos nacionales de ser los instigadores de las guerras, del terrorismo y ellos a su vez nos culpan a nosotros del desastre. Aunque la guerra es un factor perjudicial a la sociedad, nos preparamos para la guerra y desarrollamos en la juventud el espíritu militar.

Pero, ¿tiene acaso el entrenamiento militar lugar alguno en la educación? Todo depende de la clase seres humanos que queramos que sean nuestros hijos. Si queremos que sean eficientes guerreros, entonces el entrenamiento militar es necesario. Si queremos disciplinarlos y regimentar sus mentes, si nuestro deseo es hacerlos nacionalistas, y por lo tanto, irresponsables con la sociedad como un todo, entonces el entrenamiento militar es un buen medio para conseguirlo. Si queremos la muerte y la destrucción, el entrenamiento militar es evidentemente importante. La función de los generales es planear y hacer la guerra; y si nuestra intención es estar en batalla constante con nuestros vecinos, entonces, por supuesto, tengamos más generales.

Si vivimos sólo para tener luchas interminables dentro de nosotros y con los demás, si nuestro propósito es perpetuar el derramamiento de sangre, la miseria, entonces debe haber más soldados, más políticos, más enemistad, que es lo que está sucediendo actualmente. La civilización moderna está basada en la violencia, y está, por lo tanto, cortejando a la muerte. Mientras adoremos a la fuerza, la violencia será nuestro medio de vida. Pero si queremos la paz, si queremos buenas relaciones entre los hombres, sean cristianos, hindúes, iraquíes o americanos, derechistas o izquierdistas, si queremos que nuestros hijos sean seres humanos integrados, entonces el entrenamiento militar es un absoluto impedimento, es el camino erróneo para alcanzar nuestro fin.

Una de las principales causas de odio y lucha es la creencia de que una nación, raza o clase particular es superior a otra. El niño no tiene conciencia de raza ni de clase. Es el hogar o el ambiente escolar, o ambos, los que le hacen sentirse inclinado a la separatividad. Al niño no le importa que su compañero de juego s sea negro, judío o musulmán u otra cosa; pero la influencia de la total estructura social está constantemente influyendo en su mente, afectándolo y modelándolo.

Aquí, una vez más el problema no está en el niño, sino en los adultos, que han creado un ambiente absurdo de separación y falsos valores.

¿Qué base real existe para establecer diferencias entre los seres humanos? Nuestros cuerpos pueden ser diferentes en estructura y color, nuestros rostros pueden ser distintos, pero dentro de nosotros somos bastante parecidos: orgullosos, ambiciosos, envidiosos, violentos, sexuales, egoístas, anhelosos de poder, de éxito y así sucesivamente. Quitémonos el rótulo y quedaremos bien desnudos; pero no queremos enfrentarnos a nuestra desnudez y es por eso que insistimos en la etiqueta, lo cual indica cuán inmaduros y cuán infantiles realmente somos.

Para que el niño crezca libre de prejuicios, tenemos primero que destruir todo prejuicio dentro de nosotros y luego los de nuestro ambiente, lo cual significa destruir completamente la estructura de esta sociedad insensata que hemos formado. En el hogar podemos decirle al niño lo absurdo que es el estar consciente de la clase o raza a que uno pertenece, y él convendrá probablemente con nosotros; pero cuando va a la escuela y juega con otros niños, se contamina del espíritu separatista. O puede suceder lo contrario: el hogar puede ser tradicional, de criterio estrecho, y la influencia de la escuela puede ser liberal. De cualquier manera, siempre hay una constante batallas entre el ambiente del hogar y el de la escuela, y el niño se encuentra cogido entre las dos influencias.

Para criar al niño cuerdamente, para ayudarlo a ser perceptivo, de modo que capte estos estúpidos prejuicios, tenemos que estar en íntimo contacto con él. Tenemos que hablar con él de estas cosas, y dejarlo que escuche conversaciones inteligentes; tenemos que avivarle el espíritu de investigación y de rebeldía que ya existen en él, para así ayudarle a descubrir por sí mismo lo que es verdadero y lo que es falso.

Es la investigación constante, la verdadera insatisfacción, lo que despierta la inteligencia creadora; pero mantener despierto el espíritu de investigación y descontento es extremadamente difícil; y la mayor parte de la gente no quiere que sus hijos tengan esa clase de inteligencia, porque es muy embarazoso vivir con alguien que constantemente está cuestionando los valores aceptados.

CONTINÚA MAÑANA…