Autoconocimiento: CHILE ¿EDUCACIÓN DE CALIDAD? X


Cuál de Estos Instrumentos Tiene Relación Directa con la Verdadera Educación de Calidad: ¿El Intelecto, La Memoria, La Autoridad o La Inteligencia?:

Muchos de nosotros creemos que enseñándole a cada ser humano a leer y a escribir quedan así resueltos los problemas de la humanidad; pero ya se ha probado que esta idea es falsa. Los llamados educados no aman la paz, no son íntegros, y son también responsables de la confusión y la miseria del mundo. Los líderes que hoy manejan el mundo han pasado por las mejores Universidades del mundo, basta con mirar el mundo para darnos cuenta que pasar por una universidad no significa nada y mucho menos, inteligencia.

La verdadera educación significa el despertar de la inteligencia, la creación de la vida integral, y solamente esa clase de educación puede crear una nueva cultura y un mundo pacífico; pero para llegar a alcanzar esta nueva clase de educación, debemos comenzar de nuevo sobre una base completamente diferente.

Con un mundo que se está desmoronando ruinosamente en torno nuestro, discutimos teorías y vanas cuestiones políticas, y jugamos con reformas superficiales. ¿No indica todo esto una burda irreflexión de nuestra parte? Algunos dirán que sí, pero seguirán haciendo exactamente lo que han hecho siempre y eso es lo triste de la existencia. Cuando nos percatamos de una verdad, y no actuamos en seguida de acuerdo con ella, se convierte en veneno dentro de nosotros mismos, y el veneno se esparce y produce perturbaciones psicológicas, inestabilidad y mala salud. Sólo cuando se despierta la inteligencia creativa en el individuo es que existe la posibilidad de paz y felicidad en la vida.

No podemos ser inteligentes sustituyendo simplemente un gobierno por otro, un partido o un grupo por otro, un explotador por otro. Las revoluciones sangrientas no pueden resolver jamás nuestros problemas. Sólo una profunda revolución interna que altere todos nuestros valores puede crear un ambiente diferente, una estructura social inteligente; y tal revolución sólo la podemos hacer usted y yo. Ningún nuevo orden surgirá hasta que individualmente destruyamos nuestras barreras psicológicas y nos liberemos de ellas.

Podemos trazar sobre el papel los planos de una brillante utopía, de un valeroso nuevo mundo; pero con toda certeza el sacrificio del presente por un futuro desconocido nunca resolverá ninguno de nuestros problemas. Hay tantos elementos que ocurren entre el ahora y el mañana, que nadie puede saber lo que será ese futuro. Lo que podemos y debemos hacer, si es que lo deseamos con sinceridad, es atacar nuestros problemas ahora, y no posponerlos para el futuro. La eternidad no está en el futuro; la eternidad es ahora. Nuestros problemas existen en el presente, y es sólo en el presente cuando podemos resolverlos.

Aquellos de nosotros que seamos sinceros debemos regenerarnos; pero no puede haber regeneración sino cuando nos separamos completamente de los valores que hemos creado con nuestros deseos agresivos de propia protección. El conocimiento de uno mismo es el principio de la libertad, y es sólo cuando nos conocemos que podemos crear el orden y la paz.

Ahora bien, algunos se preguntarán”: ¿Qué puede hacer un solo individuo que afecte a la historia? ¿Podrá hacer algo por la forma en que vive?” Ciertamente que sí. Evidentemente ni usted ni yo vamos a detener las guerras inmediatas, o crear una comprensión instantánea entre las naciones; pero por lo menos, podemos efectuar en el mundo de nuestras relaciones cotidianas un cambio fundamental que tenga los efectos consiguientes.

El esclarecimiento individual afecta positivamente a grandes grupos de personas, pero únicamente sino estamos impacientes por conseguir resultados. Si pensamos en términos de ganancias y resultados no es posible nuestra transformación verdadera.

Los problemas humanos no son simples; son muy complejos. El entenderlos exige paciencia y penetración, y es de la mayor importancia que nosotros, como individuos, los entendamos y los resolvamos por nosotros mismos. No han de entenderse por medio de fórmulas o lemas; ni pueden resolverse en su propio nivel por especialistas que trabajan en un campo determinado, lo que sólo conduce a más confusión y miseria. Nuestros muchos problemas podrán entenderse y resolverse sólo cuando nos comprendamos como un proceso total; es decir, cuando entendamos nuestra constitución mental, intelectual, psicológica, y ningún líder político o religioso puede darnos la clave de esa comprensión.

Para entendernos nosotros mismos debemos estar alertas a nuestras relaciones, no sólo con la gente, sino con la propiedad, con las ideas y con la naturaleza. Si hemos de hacer una verdadera revolución con respecto alas relaciones humanas, que son la base de toda la sociedad, debe haber un cambio fundamental en nuestros propios valores y en nuestra visión de la vida; pero evitamos la necesaria y fundamental transformación de nosotros mismos, y tratamos de provocar revoluciones políticas en el mundo (de derecha o de izquierda), lo que sólo trae desastres, hambre, miseria y derramamiento de sangre. (Como prueba vean lo que fue y como se instauro “la revolución neoliberal en Chile”).

Las relaciones humanas basadas en la sensación no pueden ser un medio para libertarse del “yo”; sin embargo, la mayor parte de nuestras relaciones se basan en la sensación, y son el resultado de nuestro deseo de provecho personal, de conveniencia, de seguridad psicológica. Aunque estas cosas no ofrezcan un escape momentáneo de nuestro ego, tales relaciones sólo fortalecen el yo con sus actividades que lo envuelven y limitan. Las relaciones humanas son como un espejo donde pueden verse el ego y todas sus actividades; y es sólo cuando se entienden las manifestaciones del ego, en las reacciones de la relación, que hay libertad creativa sin la carga del ego, del yo.

Para transformar el mundo debe haber regeneración en cada uno de nosotros. Nada puede conseguirse por la violencia, por la fácil destrucción de unos contra otros. Podemos encontrar alivio temporal organizándonos en grupos, estudiando métodos de reformas sociales y económicas, promulgando legislación, o elevando nuestras propuestas a los políticos de turno u oraciones al cielo; pero hagamos lo que hagamos, sin el conocimiento propio y sin el amor que le es inherente, nuestros problemas crecerán y se multiplicarán. Mientras que si aplicamos nuestras mentes y nuestros corazones a la tarea de conocernos a nosotros mismos, indudablemente resolveremos nuestros numerosos conflictos y tristezas.

La educación moderna nos está convirtiendo en seres irreflexivos; hace muy poco para ayudarnos a descubrir nuestra vocación individual. Aprobamos ciertos exámenes, y entonces, con buena suerte, conseguimos una colocación que a menudo significa una rutina interminable por el resto de la vida. Puede ser que nuestro trabajo nos disguste, pero estamos obligados a seguir en él, porque no tenemos otro medio de ganarnos la vida. Puede ser que deseemos hacer otra cosa enteramente distinta, pero los compromisos y las responsabilidades nos lo impiden y estamos acorralados por nuestras ansiedades y temores. Y al vernos frustrados buscamos un escape, a través del sexo, de la bebida, de la política, o de las religiones fantásticas.

Cuando nuestras ambiciones se frustran, damos indebida importancia a lo que debe ser normal, y desarrollamos una peculiaridad psicológica. Hasta tanto no poseamos un conocimiento comprensivo de nuestra vida y del amor, de nuestros deseos políticos, religiosos y sociales, con sus exigencias e impedimentos, tendremos problemas crecientes en nuestras relaciones que nos llevarán a la destrucción y a la miseria.

La ignorancia es la falta de conocimiento con respecto a cómo se manifiesta el ego, y esta ignorancia no puede desaparecer con actividades y reformas superficiales: sólo puede desaparecer con una constante vigilancia de los movimientos y reacciones del yo en todas sus relaciones.

Debemos darnos cuenta de que no sólo estamos condicionados por el ambiente, sino de que nosotros somos el ambiente y no somos algo aparte de él. Nuestros pensamientos y reacciones están condicionados por los valores de la sociedad, de la cual somos parte, nos ha impuesto.

Nunca observamos cómo somos el ambiente total, porque hay varias entidades en nosotros, todas gritando alrededor del “mí”, del “yo”, de lo “mío”. El yo se compone de estas entidades que son simplemente deseos en varias formas. De este conglomerado de deseos surge la figura central, el pensador, la voluntad del “mí” y lo “mío”; y se establece de esta manera una división entre el yo y el no yo; entre el mí y el ambiente o la sociedad. Esta separación es el principio del conflicto, tanto interno como externo.

La alerta percepción de este proceso total, tanto el consciente como el oculto, es la meditación; y a través de esta meditación se trasciende al ego con sus deseos y conflictos. El autoconocimiento es necesario si uno ha de liberarse de las influencias y de los valores que protegen al ego, al yo; y es sólo en esta libertad donde hay creación; verdad, realidad, Dios, o lo que se quiera.

La opinión, la cultura y la tradición moldean nuestros pensamientos y sentimientos desde la más tierna edad. Las influencias e impresiones inmediatas producen un efecto poderoso y duradero, que determina todo el curso de nuestra vida consciente e inconsciente. La conformidad comienza en la infancia, mediante la educación y el impacto de la sociedad.

El deseo de imitar es un factor muy fuerte en nuestra vida, no sólo en los niveles superficiales, sino también en los más profundos. Apenas tenemos pensamientos y sentimientos independientes. Cuando se presentan son meras reacciones, y no están, por lo tanto, libres del patrón establecido, puesto que no hay libertad en la reacción.

La filosofía y la religión establecen ciertos métodos por medio de los cuales podemos llegar a la realización de la verdad, la comprensión de la vida, ver lo verdadero de la realidad o Dios; sin embargo, el mero acto de “seguir un método” es mantenernos irreflexivos y desintegrados, no importa lo beneficioso que el método pueda parecer en nuestra vida social cotidiana.

La tendencia a la sumisión, que es el deseo de seguridad, engendra temor y les da precedencia a las autoridades políticas o religiosas, a los héroes y líderes que incitan al sometimiento y por quienes estamos sutil o groseramente dominados; pero no someterse es sólo una reacción contra la autoridad, y no nos ayuda en modo alguno a convertirnos en seres humanos integrados. La reacción es infinita, y sólo nos conduce a otra reacción.

La conformidad, con su oculta tendencia de temor, es un obstáculo; pero el simple reconocimiento intelectual de este hecho no remueve el obstáculo. Es sólo cuando nos damos cuenta de esos obstáculos con toda la fuerza de nuestro ser que nos podemos librar de ellos sin crear obstrucciones ulteriores más profundas.

CONTINÚA MAÑANA…