Autoconocimiento

TEMOR, PLACER Y DOLOR – XXIII:…

Creo que ya hemos hablado bastante de la cuestión del temor, aunque, desde luego, podríamos entrar en mayor detalle y explorar más minuciosamente, pero, si no hubiéramos ya comprendido, aun nos quedaría otro enfoque del problema con el que hemos empezado, que es el del mismo temor. El mero interés por los detalles de éste no indica necesariamente — me parece a mí — una mente seria, por muy serios que seamos sobre esos detalles. Es mucho más importante la seriedad sobre el proceso total del temor y también con lo que está más allá de éste; inquirir sobre si es que hay alguna posibilidad de que quedemos por completo libres, desembarazados del temor. Y esa indagación puede ser un poco fútil, porque los más de nosotros aun estamos presos del miedo; pero habiendo discutido esa cuestión durante las varias reuniones que hemos celebrado aquí, creo que deberíamos seguir adelante y no insistir en este único asunto.

Como hemos estado diciendo, una pequeña mente mezquina, estrecha, superficial, se interesa mucho en los detalles y los toma con mucha seriedad. Más cuando se le presenta una cuestión más amplia, sobre la cual tiene que ser mucho más seria, vacila, porque no ve en forma plena lo que está implicado en ello. Así que, esta mañana, si podemos, vamos a entrar en el tema de lo que es la mente; al hacerlo, al explorarlo, puede ser que lleguemos al principio de todo pensamiento y acaso a algo mucho más profundo, que es el amor; podemos descubrir nosotros mismos lo que es la mente meditativa.

Al explorar el problema de lo que es la mente, vemos que el especialista, los neurólogos, los diversos psicólogos y teóricos, religiosos e intelectuales, la han definido, poco más o menos, como aquello que recuerda, que tiene la capacidad de pensar con razón o sin ella. Funciona, no sólo de manera técnica, sino más amplia, y se la considera susceptible de recibir ciertas intimaciones de alguna cosa que está por encima; contiene tanto lo consciente como lo subconsciente. Es todo el almacén de la memoria que está en el cerebro, que forma parte de la mente; ésta no puede separarse del cuerpo, y así sucesivamente. Es importante que cada uno de los que estamos aquí descubramos por nosotros mismos lo que entendemos por «mente», no con arreglo a aquellos especialistas más o menos capacitados, ni según los teólogos o la gente religiosa, sino que, dejando todo ello a un lado, descubramos lo que la mente es en realidad. Entonces, después de eso, podremos hacer otra pregunta más: ¿cuál es el origen del pensamiento? ¿Podemos descubrir como empieza? Ese descubrimiento revelará una profundidad aun mayor, en la que penetraremos según avancemos.

Deberíamos poder descubrir nosotros mismos lo que es la mente, la que es consciente, que piensa, que tiene todo el trasfondo del tiempo; y el cerebro que reacciona con arreglo a su condicionamiento, el almacén de la memoria, que forma parte de la mente. Y ¿es que descubrimos en realidad nosotros, o nos limitamos a encontrar lo que se nos ha dicho? Creo que esto es importante, esta cuestión sobre si descubrimos simplemente lo que se nos ha contado, y que por lo tanto no es nuestro descubrimiento, o si lo hacemos por nosotros mismos. Si descubre Vd. por sí mismo lo que es la mente, desde ahí puede seguir adelante; pero si acepta una teoría, una comunicación sobre la mente, entonces eso es un trato de segunda mano y lo que halla Vd. sigue siendo mera teoría, sin valor alguno.

¿Puede uno, pues, descubrir lo que es la mente? Mire, para penetrar hondamente en este problema, tenemos que hallarnos en estado de meditación, no según algún sistema o método, ni con el deseo de lograr cierto resultado, cosa que no tiene nada de meditación, sino la de una mente que tiene libertad para mirar, observar, y que está extraordinariamente callada. Y, cuando observa Vd. su propia mente, es decir, toda su conciencia, ¿existe un observador capaz de examinar? Para examinar este micrófono, para ver cómo funciona, tengo que desmontarlo y ver lo que hay dentro de él. Pero, al mirar todo este campo de la conciencia — que es la mente, el cerebro, los nervios, todo el almacén de recuerdos, etc. — ¿existe realmente una entidad que pueda mirarlo, examinarlo? ¿Hay una separada de la cosa que examina? Y, si hay una entidad aparte, ¿no es ésta inventada por el pensamiento y por tanto forma parte de la mente, sin separación alguna, por lo cual no podrá descubrir lo que es la mente? ¿Cómo vamos, pues, a descubrir lo que ésta es, sin la entidad separada, el observador?

Quiero saber lo que es mi mente, la que piensa, el cerebro que reacciona, los pensamientos que surgen de los recuerdos, con motivos, intimaciones, afanes egocéntricos, ideas, creencias, dogmas, lo cual está dentro del campo de esta conciencia, formando parte de mí. Y me digo: «Tengo que mirar, descubrir lo que es el origen del pensamiento, el principio; lo que en realidad es la conciencia.» Y cuando digo. «Yo tengo que descubrir», ¿está ese «yo» separado de la cosa que va a mirar, examinar, observar, y es, por tanto, capaz de mirar objetivamente? Si no lo está, si ese «yo» que observa esta totalidad de la conciencia que llamamos la mente no está separado, entonces ¿cómo va a descubrir o a darse cuenta de este estado total que se llama la mente?

Necesito mucha claridad sobre este punto de si existe un observador que esté separado de la mente, pues es evidente que si existe tal observador estará creado por el pensamiento, formará parte de esta conciencia y por lo tanto no estará separado ¿Cómo se va entonces a comprender la totalidad de la mente si no existe una entidad separada que pueda decir: «He examinado y he comprendido?» Esto requiere mucha disciplina — no auto impuesta, ni control o represión —, y el acto mismo de mirar, de examinar, trae su propia disciplina. Quiero descubrir, y para ello me pregunto si el observador es distinto de la mente observada. Hace falta mucha disciplina para formular esa pregunta, para ver si el observador es distinto; no es la de la conformidad, porque aquí no hay modelo. El hecho mismo de preguntar lo que es la mente y si existe una entidad separada que la observa, produce una disciplina. Ésta no es ajuste de conformidad, es, pues, libertad, sin relación con la disciplina. ¿Está bastante claro, no claro en el sentido verbal, sino «está Vd. haciendo esto conmigo»? ¿Vamos juntos?