MENTE Y CEREBRO

EL CEREBRO, TERRA INCÓGNITA:…

Se conviene en que la biología del cerebro ha dado un vuelco en los últimos decenios. Gracias, sobre todo, a las técnicas de formación de imágenes. Pero persisten irresolutas las cuestiones fundamentales.¿Qué es la conciencia? ¿En qué consiste realmente la libertad? ¿Es la inteligencia deductiva exclusiva del hombre? ¿Cuál es la relación entre lenguaje y conocimiento? ¿Somos seres morales y, por tanto, responsables? Atraídos por el desarrollo de la inteligencia artificial, los defensores de la teoría del yo computacional sostienen que las facultades autorrepresentacionales surgieron a medida que la evolución halló soluciones de tipo reticular neuronal para coordinar y regular las señales intrasómicas. El cerebro no descansa nunca; siempre está creando patrones de actividad.

La esencia del yo, su conciencia de identidad, corroboran otros, se mantendría merced a su estabilidad, continuidad y singularidad. La identidad personal no es un tema nuevo. Archibald Garrod introdujo ya la noción de individualidad bioquímica en un artículo que publicó en The Lancet en 1902. En 1956 R. J. Williams catalogaba, en Biochemical Individuality, las diferencias interindividuales en tamaño y forma de los órganos, parámetros fisiológicos y otros. Dirá el genético que la identidad le viene dada por la singularidad de su genoma. Los avances en ese terreno han permitido configurar una medicina personalizada. En ello confluye con la identidad de la que se ocupa el inmunólogo; nuestro sistema inmunitario monta las defensas que nos facultan para rechazar lo otro, lo distinto o ajeno.
Hay quien piensa que un método adecuado, aunque indirecto, de abordar la relación entre el yo y su cerebro es a través de la pérdida de la conciencia. Mas, ¿cuándo se pierde? La técnica de formación de imágenes por resonancia magnética funcional ha descubierto la presencia de cognición en pacientes manifiestamente inconscientes.