CONSCIENCIA E INTUICIÓN

P: Estoy de acuerdo con Ud. en que el saber no ha traído felicidad. He tratado de ser receptivo, de ser intuitivo, con un vivo interés por captar insinuaciones del fuero intimo. ¿Estoy bien orientado?:……

R: Para comprender esta cuestión debemos comprender lo que entendemos por conciencia, porque eso que llamáis intuición puede ser la proyección de vuestro propio deseo. Hay mucha gente que afirma: “Yo creo en la reencarnación. Siento que es así. Mi intuición me lo dice”. Trátase, evidentemente, de su deseo de continuidad, de perpetuarse a sí mismo. Como le tienen tanto miedo a la muerte, desean estar seguros de que hay una próxima vida, otra oportunidad, etc. Por lo tanto, “intuitivamente” ellos sienten que eso es lo correcto. Para comprender, pues, esta cuestión, debemos comprender qué es lo que significan para vosotros las palabras “íntimo” y “externo”. ¿Es posible recibir intimaciones de lo que está en el fuero íntimo cuando buscáis continuamente un fin, cuando queréis llegar, cuando deseáis cultivar algo, cuando queréis ser felices? Sin duda alguna, para recibir insinuaciones de lo íntimo, la mente ‑ la mente superficial ‑ ha de estar libre en absoluto de todo enredo y prejuicio, libre de todo deseo, de todo nacionalismo; de otra manera, vuestras “intimaciones” os convertirán en nacionalistas extremos, en un terror para el resto del mundo.

Se trata, pues, de saber cómo es posible recibir la intimación de lo desconocido sin torcerla, sin traducirla a nuestro tipo de pensamiento condicionado. Para comprender esto, debemos dilucidar el problema de lo que es la conciencia. ¿Qué entendemos por ser conscientes? ¿Cuál es el proceso de la conciencia? ¿Cuándo decís que sois conscientes? Decís, sin duda, “soy consciente”, cuando experimentáis algo. ¿No es así? Cuando tenéis una experiencia – que sea o no agradable no viene al caso – os dais cuenta de que sois conscientes de ella. A raíz de esa experiencia, el siguiente paso es nombrarla, definirla, ¿no es así? Decís: “Es placer, no es placer; esto lo recuerdo, aquello no lo recuerdo”. Le dais, pues, un nombre. Después la registráis, ¿no es cierto? En el proceso mismo de darle un nombre, la registráis. Estáis siguiendo todo esto, u os resulta demasiado “de domingo por la mañana” (Risas).

De modo que sólo hay conciencia cuando hay vivencia, cuando se define y se registra. No aceptéis lo que estoy diciendo; observadlo vosotros mismos y veréis que es así como funciona. Esto continúa en todos los niveles y en todo momento, consciente o inconscientemente. Y en los niveles más profundos de la conciencia el proceso es casi instantáneo, al igual que en la superficie. Pero la diferencia está – ¿no es así? – en que en el nivel superior hay opción, hay selección; en el nivel más amplio y profundo hay reconocimiento instantáneo, sin opción alguna. Y la capa superior o superficial de la mente puede recibir intimaciones tan sólo cuando cesa el proceso de definir, de nombrar, de registrar; y ello sucede cuando el problema es demasiado grande o demasiado difícil. Tratáis de resolver un problema, y no tenéis respuesta. Entonces lo dejáis. Tan pronto lo dejáis, surge una respuesta, una intimación, porque la mente – la mente consciente – ya no forcejea tratando de hallar una respuesta. Está serena. El propio agotamiento es un proceso de quietud; y, por lo tanto, la mente es capaz de recibir la intimación. Pero la así llamada “intuición” que tiene la mayoría de la gente, es en realidad la realización de su propio deseo. Por eso hay tantas guerras, creencias organizadas, antagonismos, tanta lucha; porque cada uno cree que su intuición es tan verdadera, que por ella está dispuesto a morir – o a maltratar a los demás.

Temo que la persona que cree obedecer a la intuición haya errado el camino. Ello es obvio, ya que para comprender todo esto hay que superar la razón. Y, para superar la razón, debéis primero comprender qué es el proceso de razonar. No podéis ir más allá de algo que no conocéis; para ir más allá, debéis saber qué es. Debéis comprender él significado, total de la razón, cómo se razona, cómo se la ahonda; no podéis saltar más allá de ella. Esto no significa que hayáis de poseer un cerebro muy perspicaz, que debáis ser grandes estudiosos, gente erudita. Para abrirse a lo que es hace falta honestidad de pensar, claridad, deseo de ser receptivo, no temer el sufrimiento. Entonces no existe barrera entre lo íntimo y lo externo. Lo íntimo es lo externo, y lo externo es lo íntimo. Para que se produzca, empero, esa integración, ha de haber comprensión del proceso de la mente.