¿Qué es el Sufismo?

¿Cómo explicar el aroma íntimo de una flor, de un perfume? ¿Cómo definir el sabor de un alimento exquisito?:….

Sufismo es esencia , es degustación. Es experiencia total de instante en instante, cualquiera sea el grado de su realidad. Y todo lo que tiene a la experiencia por fuente es inefable, intransferible. Es puro silencio.

El sufismo es, por su naturaleza misma, tan inaprensible como un curso de agua cristalina o como la brisa leve que mece las rosas del jardín, ¿de qué manera retenerlo hasta que nuestra mente, torpe e insegura, lo capte en beneficio de nuestro corazón?. Así como el cauce del río contiene sus aguas y de alguna manera las moldea, y en los tallos y en los pétalos de las flores el viento se detiene una y otra vez, así una comunidad y un maestro sirven de soporte a la gnosis trascendente, tomando la brisa y el agua en hálitos de vida. De esta manera la “tariqah” – la Vía del aspirante a sufi, que de la periferia parte en peregrinación hacia su propio centro – se torna inteligible, y sus frutos van madurando en el seno de un proceso de múltiples cuidados, de incontables singularidades, donde el alma va perdiendo, poco a poco, sus adherencias sombrías en la medida que se va purificando y revistiendo de luz.

No hay sufismo sin Islam, ya que ser sufi es haber arribado al grado más eminente del modo de vida islámico – exterior e interiormente -: la “sunnah” del Profeta Muhammad (saws), que como supremo ejemplo para el verdadero creyente, el“mu’min”, indica el sendero recto del retorno a Allah. Puede afirmarse que el Sufismo es la metafísica del Islam, su secreto más precioso; el secreto de su secreto. Dijo el Profeta Muhammad (saws):“El Corán tiene una apariencia externa y una profundidad secreta; un sentido exotérico (Zahir) y otro esotérico (Batin); a su vez ese sentido esotérico encierra otro sentido esotérico y así sucesivamente, hasta siete sentidos esotéricos”. Este “hadiz” (tradición profética), y otros de contenido semejante, constituyen una de las fuentes donde se alimenta la genealogía espiritual islámica. El Sagrado Corán, único milagro reconocido por la tradición islámica, es la fuente de todos los manantiales donde abrevan las comunidades del “tasawwuf“.

Seguir el camino sufi implica un esfuerzo de todo el ser, una ascesis donde el hombre compromete todo lo que él es, en tanto que individuo, pues la meta a alcanzar es la más alta, la más excelsa a que pueda aspirarse: el Conocimiento de Allah.

El conocimiento del de la Unidad del Ser conlleva una concentración superior, una profundización de las formas religiosas. En esta instancia el aspirante debe acudir a maestros o guías que hayan llegado a ese elevado conocimiento interior y, de serle posible, hacerse admitir por ellos.

De su mano deberá estudiar y meditar sobre los misterios de la Unidad Divina, tratará de comprender los significados más elevados de Sus Nombres y Atributos, a la vez que se esforzará por afianzarse en el “din“-modo de vida correcto- que de una manera práctica pasará a ser para él una fuente de inspiraciones.

La meta final es llevar al hombre desde su estado de sueño hasta alcanzar la certidumbre de que ningún concepto, ninguna idea, ninguna definición, o Nombre, o Atributo puede describir, limitar o expresar a Allah, y que él mismo, como criatura, sólo es un canal a través del cual Allah Se reconoce, Se exalta y Se glorifica a Sí Mismo como Único testigo del Acontecer Universal. Entonces, cuando ya nada en absoluto pueda atribuirle a su Señor, y es Allah Quien ve por sus ojos, habla por su boca y escucha por sus oídos, sólo entonces el hombre sabrá que ha alcanzado la cima del conocimiento del Tauhid.