JAZZ – III

DIVERSOS RITMOS PARA EL SONIDO DE LA LIBERTAD:…

En los campos algodoneros de Louisiana (Estados Unidos) del siglo XIX un canto disperso basado en el blues dio origen al jazz, cuya expansión fue en paralelo a la conquista de derechos por parte de los afroamericanos:…

El jazz es un estilo musical arraigado en el corazón de Nueva Orleans y derramado desde el Mississippi para todo el mundo. Hablar de jazz no es sólo hablar de música, también representa la consumación de varias mezclas de razas y culturas, pero sobre todo, es una de las más fieles voces de la libertad. Nace como canto de protesta y realidad, baile y alegría entre los campos algodoneros de Louisiana, a finales del siglo XIX y principios del XX. Ahí, los afroamericanos empezaron a desahogarse cantando sus historias a base de ritmos improvisados y notas que se arrastraban desafinadamente por la escala del blues. Melodías que se transformaron en jazz en algún bar de Storyville, Nueva Orleans. El mismo lugar que vio nacer a uno de sus hijos predilectos, el legendario trompetista Louis Armstrong (1900-1971). Era la época de las guerras y las transformaciones del hombre moderno. El negro libraba su propia batalla en una tierra a la que había llegado en barcos de madera, encadenado, sin identidad, y que tuvo que hacer suya inventándose una nueva historia, haciendo de sus desgracias auténticas fiestas, reivindicando su propia fuerza heredada del África más profunda. Los años pasaban dejando atrás las worksongs del campo y los cantos espirituales. Las incomprensibles melodías fueron convirtiéndose en versiones más elocuentes, aunque la improvisación y el fuerte individualismo que profesaban sus intérpretes se mantuvieron intactos. La Original Dixieland Band es la primera en definir y plasmar el concepto jazz en 1917. Nueva Orleans ya tenía un estilo propio, el ragtime, esculpido por King Oliver, Sydney Bechet, Boddy Bolden, Freddie Keprard y Louis Armstrong, a quienes se considera los primeros jazzmen. La cultura estadounidense vio en el jazz una tarjeta de identidad propia, reconociendo y abriendo la escabrosa brecha para que, años después, el afroamericano fuera considerado un ser humano digno y con derechos propios. Ante la popularidad del jazz, el blanco también quiso sentirlo y así nacieron, en los años ‘20, los New Orleans Rhythm Kings, que combinaban el estilo Nueva Orleans con el que ya venía apareciendo en Chicago. Así, el jazz, entre movimientos armados, revoluciones sociales y políticas en decadencia, daba una lección de integridad e igualdad social y sobre todo de libertad. Frases como “el jazz perdurará mientras la gente lo escuche con los pies y no con la cabeza”, dicha por Phillip Sousa, se fueron diluyendo con el paso del tiempo, porque el jazz no podía quedarse sólo en una simple melodía para bailar. La evolución era constante, y después de 30 años intensos entre las Big Bands y la explosión del swing, el jazz empezó a escucharse con la cabeza dando paso a una de sus mayores transformaciones.

La llegada del Bebop

El bebop nació de la frustración de los jóvenes músicos hacia las limitaciones que suponían los estilos ya establecidos. Eran músicos que empezaron a tocar ritmos más furiosos, llenando los espacios con solos imposibles e impensables para una orquesta, burlándose así de las normas y de las monótonas rutinas que tenía el jazz de la época. Los más consolidados les dieron la espalda, pero estos músicos tocaban desde las raíces y se mostraron más honestos que los que ya se codeaban con los cantantes modernos de baladas como Charlie Crosby o Frank Sinatra. Dizzy Gillespie y Charlie Parker encabezaron esta revolución de ritmos y tiempos. Consumaban su desparpajo y atrevimiento con cada solo interpretado ahí donde iban. El jazz se volvió culto, intelectual, pero nunca se alejó del Mississippi, tampoco de la calle, los bares y las noches de Harlem. Duke Ellington afirmaba que el jazz “no existe en el texto musical, sólo puede darse en la ejecución”, reafirmando que el virtuosismo del jazzista está en la inagotable imaginación para improvisar. El jazz ha seguido mezclándose con muchos estilos de música. Sigue en búsquedas personales sin un estilo definido, lo que puede parecer un camino incierto, pero rompe, y seguirá rompiendo, normas y reglas por naturaleza propia.


DISCOS CLAVE

Bird & Diz at Carneggie Hall C. Parker y D. Gillespie. En 1947, Charlie Parker y Dizzie Gillespie, liderando a Miles Davis, Tommy Potter, Duke Jordan y Max Roach, realizaron una de sus mejores interpretaciones en el Carneggie Hall de Nueva York.

Sketches of Spain Miles Davis. El sonido de unas castañuelas abre este disco que comienza con una versión del Concierto de Aranjuez. Un disco de 1959 en el que el trompetista de Illinois se marca una saeta y una soleá.

Jazz Samba Stan Getz, Charlie Byrd. Inevitable cruce de caminos entre jazz y música brasileña. La versión de Desafinado que abre el álbum nos introduce en un espacio a medio camino entre la cachaça y el whisky peleón del primer jazz.

A Love Supreme John Coltrane. Grabado en una sola sesión el 9 de diciembre de 1964 en un estudio de Nueva Jersey. Es considerado uno de los discos con los que nace el jazz de vanguardia y una de las obras maestras de Coltrane.

The Sidewinder Lee Morgan. Morgan, quien participó en el mítico Blue Train de Coltrane, se despachó con una pieza del jazz más narrativo. Él es un artífice del sonido Blue Note, que aún hoy suena en los garitos más en boga.

por tXAMACO – diagonal