EL MATRIMONIO Y LA LIBERTAD

Interlocutor: ¿Es posible para un hombre y una mujer vivir juntos, tener sexo e hijos, sin toda la agitación, la amargura y el conflicto inherentes a esa relación? ¿Es posible que haya libertad por ambas partes? Por libertad no quiero decir que el marido o la esposa deban tener constantemente aventuras amorosas con alguna otra persona. Por lo general, las personas se unen y se casan porque se enamoran, y en eso hay opción, placer, afán posesivo y un instinto tremendo. La naturaleza misma de este enamoramiento está llena, desde el principio, con las semillas del conflicto.

R: ¿Es así? ¿Necesita ser de ese modo? Lo pongo muy en duda. ¿No puede usted enamorarse sin tener una relación posesiva? Amo a una mujer, ella me ama y nos casamos; todo eso es perfectamente claro y sencillo, no contiene conflicto alguno. (Cuando digo que nos casamos podría decir igualmente que decidimos vivir juntos; no quedemos presos en las palabras.) ¿Acaso no es posible tener lo uno sin lo otro, sin que necesariamente traiga cola, por decirlo así? ¿No pueden dos personas estar enamoradas y ser ambas tan inteligentes y sensibles como para que haya libertad y ausencia de un centro generador de conflicto? En el sentimiento de estar enamorado no hay conflicto. Ese sentimiento carece por completo de conflicto. En el amor no hay pérdida de energía. La pérdida de energía está en todo lo que sigue: celos, afán posesivo, sospechas, dudas, miedo de perder ese amor, la constante exigencia de garantía y seguridad. Por cierto, debe ser posible funcionar en una relación sexual con alguien a quien usted ama, sin la pesadilla que acompaña generalmente a esas relaciones. Desde luego que es posible.