EL MATRIMONIO Y EL CONFLICTO

Interlocutor: Si dos personas tienen una relación de conflicto y sufrimiento, ¿pueden resolverla, o la relación debe terminar? ¿No es necesario que ambos cambien para tener una buena relación?:………

R: Espero que la pregunta esté clara. ¿Cuál es la causa de que en la relación haya sufrimiento, conflicto y todos los problemas que allí surgen? ¿Cuál es la raíz? Por favor, al responder a estas preguntas estamos pensando juntos. No estoy contestando para que usted reciba, acepte o rechace lo que digo, sino que estamos investigando juntos. Ésa es una cuestión que concierne a todos los seres humanos, ya sea que vivan en Oriente o en Occidente. Es un problema que incumbe realmente a la mayoría de los seres humanos. Aparentemente, dos personas, hombre y mujer, no pueden vivir juntos sin conflicto, sin sufrimiento, sin un sentido de desigualdad, sin ese sentimiento de que no están profundamente relacionadas la una con la otra. Uno se pregunta por qué. Puede haber múltiples causas: sexo, temperamento, sentimientos opuestos, creencia, ambición… Pueden existir muchas, muchas causas para esta falta de armonía en la relación. ¿”Pero cuál es, realmente, el origen, qué profundidad tiene ese origen que genera conflicto en cada uno de nosotros”? Creo que es una pregunta importante para formularla sin esperar que otro, como el que le habla, responda a ella, sino que, planteada la pregunta, uno ha de tener la paciencia de aguardar, de vacilar, de dejar que la pregunta misma arraigue, florezca, se mueva. No sé si estoy comunicando ese sentir.

Me pregunto por qué, si estoy casado o vivo con una mujer por qué existe entre nosotros este conflicto básico. Puedo dar una respuesta superficial, decir que eso se debe a que ella es católica. Y yo soy protestante, esto o aquello. Son todas razones superficiales, pero yo quiero descubrir la raíz profunda, el origen profundo de este conflicto entre dos personas. He formulado la pregunta y aguardo a que la pregunta misma florezca, a que exponga y saque a relucir todas las intrincaciones que contiene. Para eso debo tener un poco de paciencia, ¿no es verdad?, cierto sentido de espera, tengo que observar, estar atento a fin de que la pregunta comience a desplegarse. A medida que se despliega, empiezo a ver la respuesta. No es que desee una respuesta, sino que la pregunta misma comienza a desplegarse y me muestra la complejidad extraordinaria que existe entre dos personas, dos seres humanos que tal vez gusten el uno del otro, que tal se sientan mutuamente atraídos. Cuando son muy jóvenes se involucran sexualmente, etc., y más tarde, a medida que van envejeciendo un poco, se aburren el uno del otro y, gradualmente, escapan de ese aburrimiento por intermedio de otra persona, divorciándose…, usted ya conoce todo lo demás. Pero encuentran el mismo problema con la otra persona. De modo que debo tener paciencia. Pero con esa palabra paciencia no quiero decir permitirle al tiempo que opere. No sé si ha examinado la cuestión de la paciencia y la impaciencia.

Casi todos nosotros somos impacientes. Queremos que nuestra pregunta sea respondida de inmediato o queremos escapar inmediatamente de ella o actuar inmediatamente sobre ella. De modo que somos más bien impacientes para permanecer con ella. Esta impaciencia no nos da la profundidad que implica la comprensión del problema. Mientras que si tengo paciencia, la cual no pertenece al tiempo, no siento el deseo de terminar con el problema; vigilo, observo el problema, dejo que evolucione, que se desarrolle. Entonces, gracias a esa paciencia, empiezo a descubrir la profundidad de la respuesta. ¿Correcto? Ahora hagámoslo juntos. Somos pacientes, no deseamos una respuesta inmediata; por lo tanto, nuestras mentes, nuestros cerebros están abiertos para mirar, están alerta y atentos al problema y a su complejidad. ¿De acuerdo? Estamos tratando de… ¡no!, no quiero usar la palabra tratando; estamos penetrando en el problema de por qué dos personas no parecen jamás capaces de vivir juntas sin conflicto. ¿Cuál es la raíz del conflicto? ¿Cuál es mi relación con esa persona o con alguna otra? ¿Es superficial? O sea, atracción sexual, curiosidad, excitación, todas respuestas sensorias superficiales. ¿Correcto? Me doy cuenta, pues, de que estas respuestas son superficiales, y de que mientras trate de encontrar una respuesta superficialmente, jamás podré ver la profundidad del problema. ¿Estoy libre, entonces, de las respuestas superficiales, de los problemas que estas respuestas crean y de los intentos de resolver estos problemas superficialmente? No sé si lo están siguiendo.

He visto que no encontraré una respuesta superficialmente. Por lo tanto, me pregunto cuál es la raíz del problema. ¿Es la .educación? ¿Es que siendo hombre quiero dominar a la otra persona, poseerla? ¿”Estoy tan profundamente apegado que no quiero soltar”? ¿Veo que el estar atado, apegado, producirá invariablemente corrupción, corrupción en el sentido de que soy celoso y me siento ansioso, atemorizado? Uno conoce muy bien todas las consecuencias del apego. ¿Es ese apego la causa del conflicto? ¿Ó la causa es mucho más profunda? En primer lugar, dijimos, están las causas superficiales, luego las emocionales, el apego, la dependencia sentimental y romántica. Si descarto esas causas, ¿sigue habiendo en esto una cuestión más profunda? ¿Lo esta captando? Nos estamos moviendo desde lo superficial hacia, abajo, más y más profundamente a fin de descubrir por nosotros mismos cuál es la raíz del problema. Espero que usted esté haciéndolo.

Ahora bien, ¿cómo encuentro esa raíz? ¿Cómo la encuentra usted? ¿Está deseando una respuesta, desea encontrar la raíz y, para ello, hace un esfuerzo tremendo? ¿O quiere encontrarla y entonces su mente, su cerebro está quieto? Está mirando; por lo tanto, no se halla agitado, ésa no es la actividad del deseo, de la voluntad. Simplemente observa. ¿Estamos haciendo esto juntos, sólo observamos para ver cuál es la raíz profunda, la causa profunda, la base de este conflicto entre seres humanos? ¿La raíz es, el sentimiento de separación individual? Vea, tenga la bondad de examinarlo muy cuidadosamente. ¿La raíz es el concepto individual de que básicamente estoy separado de la otra persona? Biológicamente, somos diferentes, pero existe el sentimiento de una profundamente arraigada acción separativa individual. ¿Es ésa la raíz del conflicto? ¿O hay una raíz todavía más profunda, una capa más profunda? ¿Entiende? Me pregunto si está siguiendo todo esto. ¿Estamos juntos en ello? ¿Primero son las reacciones sensorias, sensuales, luego las respuestas emocionales, románticas, sentimentales, después el apego con toda su corrupción? ¿O es algo profundamente condicionado, un cerebro que dice: «Yo soy un individuo, y él (o ella) es un individuo, y somos entidades separadas; cada uno debe realizarse a su propio modo y, por lo tanto, la separación es básica»? ¿Es así?

¿Es básica la separación? ¿“O he sido educado para eso, para pensar que soy un individuo y que ella, también un individuo, debe realizarse a su modo, tal como yo debo realizarme al mío”? Así, ya desde el principio mismo hemos partido en estas dos direcciones separadas. Pueden correr paralelas una junto a la otra, pero no se encuentran jamás, igual que dos vías férreas que nunca se encuentran. Y todo cuanto hago es tratar de encontrarme con ella, tratar de vivir en armonía, me esfuerzo: « ¡Oh, querida, eres tan buena!», ¿entiende?, repitiendo, repitiendo, pero sin que nos encontremos jamás. ¿Correcto?

Entonces, si ésa es la causa -y, por lo visto, parece ser la causa-, la raíz del conflicto, ¿“es una realidad esa existencia separada de un individuo respecto del otro”? ¿O es una ilusión que he estado alimentando, acariciando, a la cual me he aferrado pese a que no tiene tras de sí validez alguna? Si carece de validez, debo estar muy seguro, absoluta, irrevocablemente seguro de que es una ilusión, y debo preguntarme si el cerebro puede romper con esa ilusión y darse cuenta de que, psicológicamente, somos todos similares ¿Me sigue? Mi conciencia es la conciencia del resto de la humanidad; aunque biológicamente seamos diferentes, psicológicamente nuestra conciencia es similar en todos los seres humanos. Si alguna vez me doy cuenta de esto, no intelectualmente sino a fondo, en mi corazón, en mi sangre, en mis entrañas, entonces mi relación con el otro experimenta un cambio radical. ¿De acuerdo? Es algo inevitable.

Ahora bien, el interlocutor pregunta: «Estarnos en conflicto, ¿debemos terminar?». Si combatimos el uno contra el otro todo el día, como casi todos lo hacen en esta lucha, en este conflicto -usted sabe, la amargura, la ira, el odio, la repulsión, lo soportamos tanto como podemos, y después llega el momento en que debemos romper. Conocemos este patrón tan familiar. Hay cada vez más divorcios. Y el interlocutor pregunta: «¿Qué puede uno hacer?». Si estoy perpetuamente en conflicto con mi esposa y no tengo modo de arreglar eso, ¿debe terminar mi relación? ¿O comprendo básicamente la causa de esta ruptura, de este conflicto -la cual es el sentido de la individualidad separada-, y habiendo visto su naturaleza ilusoria, ya no persigo más la línea individual. Entonces, ¿qué ocurre cuando percibo eso y lo vivo -no lo sostengo verbalmente, sino que lo vivo de hecho-, cuál es mi relación con la persona, la mujer, que sigue pensando en términos de individuo ¿Comprende mi pregunta?

Es muy interesante, investiguémosla. Veo, o ella ve -mejor pongámoslo en la cuenta de ella- ella ve la necedad, el absurdo, la naturaleza ilusoria del individuo. Ella lo comprende, lo siente, y yo no, porque soy varón, soy más agresivo, más impulsivo y todo eso. ¿Qué ocurre entonces, entre nosotros? Ella ha comprendido esa naturaleza y yo no. Ella no quiere reñir conmigo, nunca. ¿Correcto? No entrará para nada es ese terreno, pero yo estoy presionándola constantemente, empujándola y tratando de arrastrarla a ese terreno. Yo estoy creando el conflicto, no ella. ¿Comprende cómo se ha movido toda la cosa? ¿Está siguiendo esto? La cosa completa se ha movido. No hay dos personas riñendo sino una. Vea lo que ha ocurrido. Y, si soy algo sensible, si tengo por ella un sentimiento verdadero, comienzo a transformarme también, porque ella está irrevocablemente ahí. ¿Comprende? Ella no se moverá de ahí. Vea lo que sucede. Si dos objetos móviles se encuentran, hay conflicto. No sé si usted lo ve. Pero si uno de ellos, la mujer, es inamovible, y yo soy movible, cedo naturalmente ante aquello que es inamovible. ¿Correcto? Me pregunto si comprende esto. Es muy sencillo.

Por lo tanto, el problema está resuelto si uno comprende de verdad la relación, si la comprende sin la imagen cosa que ya investigamos anteriormente. Entonces ella por su misma presencia, por su misma vitalidad va a transformarme, a ayudarme. Esa es la respuesta. ¿Lo ha captado?