CUBA DEBATE

¡Socialismo de qué, tavarich!:….
¿Qué hacer hoy? Es decir, qué hacer a corto plazo: 2010/2011 –nomás–. Sobre todo, qué hacer hoy mismo sin llegar a comprometer la meta de una sociedad más justa, libre y solidaria:…..
Por Ramón García Guerra:……

La situación que enfrenta el Gobierno cubano es tan compleja como aquella del primer lustro de la década de 1990. El asedio imperialista es el mismo. Lo único que hace diferente dicha situación sería la esperanza que significa para aquél la Venezuela chavista, que hace de bote salvavidas que podría sacarle a flote a mediano plazo. Pero ¿qué hacer hoy? Es decir, qué hacer a corto plazo: 2010/2011 –nomás–. Sobre todo, qué hacer hoy mismo sin llegar a comprometer la meta de una sociedad más justa, libre y solidaria.

Desde luego, algo mejora hoy: La situación de emergencia de entonces truncó el espíritu libertario que despertó en los espacios de la “rectificación de errores” de finales de la década de 1980. Algo de aquel espíritu se abrió camino por los intersticios de la época hasta hacerse sentir en la reforma a la Constitución y/o en la apertura (flexibilización) del régimen entre 1993/1994. Nada de eso ocurre hoy en Cuba. Existe el mismo espíritu de cambios y el régimen ha perdido esa coartada. El enemigo hoy se hallaría en la obstinada actitud de la élite política.

Sobre estos temas trata este artículo. Primero me ocuparé en considerar el “cambio estructural y conceptual” que anunció el presidente Raúl Castro en la Asamblea Nacional (Granma: 02/ 08/10). Después me refiero a las alternativas que se debaten entre economistas cubanos en sus cuatro puntos cardinales: estatistas, neocapitalistas, perestroikos y populistas. Finalmente, sugiero a grosso modo los fundamentos de una economía política libertaria, que resulte congruente con las exigencias de la transición al socialismo a corto y mediano plazos.

Estrategia Económica Ortodoxa.

El artículo de José Martí: “Vindicación de Cuba” fue motivado por una provocación menos ofensiva que las palabras de Raúl Castro en la Asamblea Nacional: “hay que borrar para siempre la noción de que Cuba es el único país del mundo en que se puede vivir sin trabajar”… para un gobierno neocapitalista policíaco que además se actualiza. Una élite política que excluye al 67% de los cubanos de la cosa pública, –como en un artículo reciente he dicho (Razones contra insultos)– viendo agotados los resortes disciplinarios estatistas que impuso el Estado obrerista en Cuba (1971/1989), acaba de decidir el reformar el régimen político ortodoxo con nuevas formas de conscripción que aseguren la sostenibilidad del mismo sobre bases capitalistas más explícitas que las anteriores.

Siguiendo una doctrina de la eficiencia y la productividad dicho gobierno se propone racionalizar los “recursos laborales” con una política de ajuste neo-estalinista que usufructúa una tierra degradada y/o estéril y que califica de “trabajo por cuenta propia” lo que resulta una precarización del empleo a fin de cuentas. Disfrazada esta política de Estado como una actitud humanitaria de parte del Gobierno hacia los trabajadores que serán desplazados de sus puestos de trabajo. Parece que olvidan que fue precisamente eso lo que hizo el pueblo, entre 1991/1994, sin pedir apoyo a nadie y salir adelante en esos años aciagos. Sería algo cínico hoy decirle al pueblo: “La pereza de ustedes es resultado de mis políticas erráticas en cinco décadas. Pero esta actitud me puede hoy costar el mando. Necesito ahora aligerar la “carga social”. El modelo de conscripción que la justificaba ha sido vencido. Así que deben irse a casa. Ustedes ya saben qué hacer en estos casos. Trabajen por su cuenta. Y así, de paso, deben tributar al fisco lo suficiente como para financiar el gasto público de la Nación Cubana”.

Esta política de Estado, que resulta tan simple, nos está pasando gato por liebre. Sucede que para dos tercios de los cubanos sólo cuentan las últimas dos décadas. Lo demás es prehistoria que fastidia. La gente se siente tan ajena del “cuento” que desenchufan el Plot tan pronto oyen a alguien dar “muela”. (La política de memoria del Estado cubano ha logrado estos efectos.) Entonces, algo que no funcionó en su tiempo (años 70s), y cuyos efectos negativos aún padecemos en Cuba (incluida nuestra deuda externa), nos lo ofrecen como una ingeniosa solución de los de arriba. Evitando todo apresuramiento en la decisión. Ellos no sólo van despacio en lo que hacen, sino que además, toman el camino equivocado hacia el futuro. ¡Qué hacer con estos abuelitos que no sueltan el cordel! Además de haber hipotecado el destino de tres generaciones de cubanos, –con una deuda externa que significa un tercio del PIB– ahora nos anuncian que seguirán adelante con esa política kafkiana en pleno siglo XXI.

Para que no quede duda alguna de a dónde va la cosa, me voy detener en las ideas de Raúl Castro. (Perdón, quise decir: Las ideas de la élite del poder en Cuba.) Primero, todo resulta una cuestión de sentido común. ¿Cómo se podría elevar los salarios, así como el poder “sostener los enormes gastos sociales propios de nuestro sistema socialista”, sin hacer más eficiente y productiva a la economía estatal cubana? (Palo y zanahoria, a la vez.) Pero tiene además un costado más elevado esta política de Estado. Confían que tendrá de su parte “el apoyo decisivo de la clase obrera, que junto al campesinado y el resto de los sectores de la sociedad”, –esto es: obrerismo a pulso– hará posible este absurdo de país. Todo esto se califica de “cambio estructural y conceptual” para la política del Estado cubano de conjunto. En verdad esta significa un cambio (regresivo) con respecto de las políticas de Estado actuales. Desde luego, está mercantilizando al país. ¿Cómo lo hacen? Desestatizan el gasto social del gobierno. Empresarizan la actividad presupuestada de la economía nacional. Fortalecen las bases fiscales del régimen.

La élite del poder, –que resulta un 5-7% de los cubanos– decía, deja fuera del juego al 67% de la sociedad. ¿Cómo ésta logra aún mantener bajo control al 16% restante? Recordemos que el mayor empleador del país es el Estado mismo. Éste tiene en la agricultura al 24% de la fuerza laboral. (Ostensiblemente menos eficiente que el trabajo cooperativo hoy ocupado en este sector económico, además.) Empleando sólo un 14% de aquélla en la industria. (Entonces ¿de qué clase obrera habla Raúl Castro?) Es decir, han sido ocupados en puestos de chupatintas más del 61% de los cubanos “activos”. Estos últimos serán los más afectados con la “racionalización” que nos anuncia el Gobierno cubano hoy mismo. Ahora no serán las disputas entre compañeros por el motivo de obtener equipos electrodomésticos o casas en la playa en medio de asambleas de producción y/o servicios en base a los méritos laborales de cada trabajador. El mejor va a conservar el puesto. Lo que no imaginan es que la estructura clasista que resulte complicará aún más los destinos del socialismo en Cuba a mediano plazo. Pero ellos ya no estarán para rendir cuentas.

Las críticas que reciben son manipuladas ex profeso por Raúl Castro. Primero: no toda aquella viene desde la derecha. Segundo: los que auguran el empleo de “recetas capitalistas para encausar la economía” no está errados. ¡El colmo sería que vieran con pesar el asunto! En este estado afectivo y crítico nos hallamos los libertarios cubanos, pues hacia allá nos conduce la élite del poder en Cuba. La situación se polariza con rapidez: marxistas ortodoxos vs. liberales burgueses. Lo único sabio que encuentro en esta historia es la decisión de integrarnos con Venezuela en un proyecto de unidad continental que empieza dando el primer paso hacia el futuro. Desde luego, la élite cubana lo estaría haciendo para lograr una economía en escala como aquella antes ofrecida por el CAME. ¿Acaso se deciden por una federación de repúblicas socialistas entre ambos países? Cualquiera sea el signo de tal política, estaría por medio una reforma constitucional inconsulta de parte del Gobierno cubano. Después se escucha decir a Raúl Castro: que dichos cambios se hacen cumpliendo el “mandato del pueblo de Cuba”.

Debates Económicos Cubanos.

¿Acaso tal discurso es serio? Siendo así, entonces, existiría poca diferencia con respecto de la filosofía nacional-socialista de la Alemania hitleriana en la década de 1930. Frente a dicha política fascista el pueblo alemán ofreció todo un espectro de visiones alternativas que fueron desoídas por el Reich Star y que eran contrarias a la guerra como solución.

Un refrán popular dice: “No hay peor sordo que aquél que no desea oír”.

Cuando se asiste a los debates que sostienen los economistas cubanos en la actualidad, uno se percata que existe un repertorio de políticas alternativas que la élite política deja de atender. En mi caso personal he escuchado a estos economistas con suma atención e incluso, he llegado a discutir las tesis que manejo en este artículo con todos ellos. [En tal sentido, espero que haya recibido Mesa-Lago mis opiniones a propósito de la video-conferencia que ofreció en las “tertulias” de Estado de SATS a finales de julio pasado acá en La Habana Vieja.] Desde luego, hago en este artículo una selección de temas y autores representativos de lo que ocurre en los medios intelectuales cubanos en la actualidad. Apenas sería una muestra de aquellas propuestas más oportunas al respecto de la cuestión que debatimos en este artículo.

Comencemos a dar vueltas en la espiral. Para acabar por regresar al punto de partida –quizá en otro momento de la misma.

Todavía sin contradecir el estatismo, hallamos las propuestas de Hiram Marquetti Nodarse. Economista cubano que ha sugerido antes la conversión de la moneda divisa CUC como plataforma para un despegue de la economía cubana. Ciertamente el trabajo de investigación de Marquetti –como agudo estudioso de la economía cubana– resulta relevante y sustancial. (Sobre todo en materia de análisis del sector externo.) Precisamente, este asunto nos merece toda la atención. Digamos a favor de Marquetti, nuestro gobierno fue capaz de deteriorar los suelos buscando fuentes de financiamiento internas para alcanzar un desarrollo industrial a toda costa a finales de la década de 1960. Pero ahora se resiste a emplear estos fondos en lo debido. Sumido en sus urgencias no ve nada adelante. Aplicando la política que propone este economista cubano, en sólo 5 años, podría disponer el Gobierno cubano de fondos equivalentes a su PIB. Lo cual significa que la tasa de acumulación actual se elevaría a los niveles históricos de la década de 1980. Pero no. Prefieren usar estos fondos en comprar alimentos en el exterior, para aplazar así la resolución de la cuestión agraria aún pendiente.

Estudiando los modelos económicos chileno (neoliberal), tico (mixto) y cubano (“socialista”), otro economista cubano: Carmelo Mesa-Lago ha llegado más lejos que Hiram Marquetti. Partiendo de la propia experiencia cubana de la década de 1990, Mesa-Lago sugiere una economía mixta como alternativa al dilema cubano. Los costos de operación del modelo “socialista” cubano, en verdad, resultan altos si se considera la condición dual del mismo. (Por ejemplo, nadie sabe qué empresa es realmente eficiente en Cuba ahora mismo.) Efectivamente, Mesa-Lago imagina otra sociedad. Sin embargo, queda así planteada la cuestión. Pudiéramos objetar la opción que propone este economista pero nunca desestimar la eficacia de aquella. Lo que me parece un absurdo es imaginar a un Estado ocupado en crear y administrar un denso entramado de PYME, como si éstas fuera aquel aparato empresarial estatal que primero a motivado el cambio y más tarde ha resultado ser una entidad fallida. En este dilema se encuentra hoy el Estado cubano. Entonces, resulta que la economía cubana se ha estado comportando como si fuera una entidad autárquica sin referentes que le permitan hacer las correcciones debidas en cada momento del proceso histórico que ha venido cumpliendo la misma.

[El análisis de las posturas de Carmelo Mesa-Lago y de Julio Díaz Vázquez nos muestra que los extremos se tocan una vez más. La solución en el caso de Mesa-Lago se nos presenta como un punto medio entre los modelos neoliberal y el socialista en materia de economía. Desde el extremo opuesto llega Vázquez –como destino final– hasta aquel punto medio. Lo que marca la diferencia entre ambos sería el énfasis decisivo que hacen entre Estado y/o mercado.]

Julio Díaz Vázquez, en cambio, hacía la defensa del mercado para cubrir los déficits del Estado. Incluso, ha exigido institucionalizar el mercado. Piensa que no debimos de haber descalificado el modelo soviético, sino, que se hacía necesario darle otros desarrollos para entrar en el juego que ocurre a ojos vista. (Sumaba a favor algunas de sus experiencias: dadas por su trabajo en el CAME.) Para que entendamos bien lo dicho, Vázquez hace loas de la economía china antes de sugerir su adopción como solución al dilema de Cuba. Economía de mercado, diría Mesa-Lago. Vázquez modifica el artículo. Prefiere decir: economía con mercado. La tesis de Juan Díaz Vázquez es esta: Debimos de mejorar el modelo soviético en vez de destruirlo. Desde luego, ante un modelo de economía como el propuesto se necesita de un Estado fuerte. Quizá entre los economistas cubanos sea Vázquez quien más se aproxima a la política económica oficial en Cuba. Evidentemente, la defensa que hace Vázquez del modelo económico chino –como alternativa–  resulta hoy el eslabón más débil de la cadena. Lo que ocurre en la franja costera de China es tomado por un “milagro” que se extiende por todo ese basto país.

En medio de estos debates se hallan las posturas de Juan Triana Cordoví. Durante los primeros 90s, frente a las estrategias de sobrevivencia adoptadas por el pueblo cubano (nuestra NEP), algunos economistas cubanos se sintieron inclinados a reconocer esas experiencias como alternativa ante los graves desafíos que enfrentaba la economía cubana entonces. Después muchos de aquéllos se fueron distanciando de la idea originaria, hasta devenir en tecnócratas que asesoran a políticos. Pero no él. Triana hace como los chinos que recalientan el arroz frito, una y otra vez. Pasadas las dos décadas este economista nos ofrece un modelo a escala humana. (Un hombre que se refiere a la bodega de su padre con orgullo.) Pues bien, sólo me referiré acá a la propuesta de Triana que apunta a la capitalización de activos en la industria del azúcar en Cuba. Una zafra de siete millones de toneladas nos daría un monto de ingresos netos de 1,2 millones de dólares. Una política que facilitaría además realizar una reconvención tecnológica de una industria que colapsó precisamente por su arcaísmo en pleno siglo XXI.

Partiendo de las tesis económicas de Marquetti hemos llegado a las de Triana, –lidiando con el estatismo y el populismo estos expertos– pasando por unos extremos que se encuentran en la relación Estado/mercado: Mesa-Lago/Vázquez.

Evidentemente, existes elementos de distinción que nos obligan a considerarlos en su singularidad. Pero algo tienen en común. Partirán de un ideario nacionalista que se enfrente a la condición subdesarrollada de nuestra economía en defensa de la soberanía nacional. Desde luego, esta línea de pensamiento carga las tintas en Mesa-Lago y Vázquez –respectivamente, por exceso y por defecto–. El concepto de dependencia es manejado por estos economistas en discusión con los dirigentes del Estado cubano. Ahora bien, sea justo por ello, ninguno de estos economistas llega a superar los estrechos marcos que plantea la administración del sistema estatista-autoritario cubano. Explica esto que todos hagan silencio con respecto a la posibilidad de instituir un modelo autogestionario de economía que se desmarque del Estado-dueño de todo.

Salvo una excepción en tal caso: Triana. Quien deja abierta una puerta en ese sentido.

¿Sería hoy viable otra cosa? Sí. En un largo debate con amigos, –confesos en la doctrina de Hayek– que hacen apuestas por una economía de libre mercado en Cuba, este punto ha sido difícil. Dedicaré el acápite siguiente de este artículo a defender este aspecto del socialismo libertario. Imposible sería dejar agotada una discusión que apenas comienza.

Economía Política Libertaria.

Empecemos por el punto en donde coincidimos casi todos los polemistas. En tal sentido le decía a Juan Triana Cordoví en algún momento: Podemos coincidir en un modelo de economía a escala humana de bajo impacto ecológico. Decididamente, todo se mueve en esa dirección desde los finales de la década de 1970. Asimismo, los diseños de aparatos de producción flexibles está en el orden del día. (Triana nos ponía por ejemplo la altísima flexibilización de la industria del azúcar de Brasil.) Los tonos del debate se tensan cuando se intenta llevar más lejos estos diseños junto a mis amigos liberales. Incluso, hemos llegado a coincidir en la necesidad de articular un denso entramado de PYME –siendo basadas en la autogestión y/o cogestión todas ellas–, saltando por encima de la megalomanía que hoy impera en el mundo. Pero la marcha feliz se detiene allí donde se discuten los fundamentos del modelo en cuestión: ¿privatistas o mutualistas? Entonces el debate será de vikingos.

Este sería un fragmento de aquel diálogo:

—  ¿Queda aún alguien en Cuba que no te cobre el “favor”?

—        Sí. Incluso, estas actitudes afectan el grueso de las relaciones sociales entre cubanos.

—        ¿Qué hablas, viejo? Estamos en una economía mercantilizada como nunca antes.

—            Cierto. Pero ahí están tres millones de amas de casa. ¿Este trabajo doméstico no cuenta? El trabajo asalariado sólo afecta a cinco millones de cubanos. ¿Media la lógica mercantil en tu familia? La actividad presupuestada del Estado, –es decir, el sudor del pueblo trabajador hecho gasto público– casi el 12% del PIB, tampoco se rige por el mercado. ¿Qué dices de las remesas que llegan a Cuba “porque te quiero mucho”? Estas son el 53% de los ingresos que espera obtener el Estado cubano en 2010. Piénsalo mejor. ¿Acaso el trabajo que realiza el voluntariado implica un tributo al mercado?

Quizá esté siendo exagerado en mis cálculos, pero los ámbitos mercantilizados de la sociedad –incluidas las economías oficial, sumergida y mixta (no más de 80 mil millones de dólares)– son menos que aquéllas que relacioné antes y que califico de economías popular, mutualista y solidaria.

—            Pero eso ocurre en todas las partes del mundo.

—            Correcto. Porque en todas las partes del mundo rige la ley del valor. Y todo lo que no ofrezca beneficios no cuenta para esta Ley del Valor. Pero una sociedad que aspira a ser humanamente más digna y altruista, ¿debe aceptar que aquella lógica mezquina rija la vida toda de todos?

(El debate corre pendiente abajo cuando se apela a esencialismos para justificar que las personas son: ¡qué pena!, buenas y malas –así como Jano. Entonces, decía, el debate será de vikingos. Aparecen los cartelitos para descalificar al enemigo sin llegar a ofrecer argumentos que den oxigeno al diálogo.)

Volviendo al punto de los economistas cubanos que omiten estos asuntos, retomo el modelo de economía que sugiere Juan Triana Cordoví. (Confieso mi simpatía por el mismo.) Triana habla de capitalizar activos de la industria de azúcar en Cuba, así como de emplear el ahorro popular –más de 12 mil millones de pesos– en una política crediticia que estimule la iniciativa. Ante todo, piensa en desatar una onda expansiva en la economía que genere nuevos empleos. Conservamos esta idea original de Triana. Sugerimos un giro autogestionario de la misma. En otro artículo hemos sintetizado nuestras ideas libertarias acerca de aquella nueva sociedad que deseamos. Estos fondos deberían ser entregados a gobiernos municipales autónomos, tales como aquellos definidos por la Constitución de 1992 –dándole otros desarrollos a los mismos–. Que tendría el derecho a recibir en usufructo aquella parte del patrimonio de la nación que resulte necesario para la reproducción ampliada de las sociedades locales en el tiempo. Política que supera la fragmentación del proceso económico cubano al desadjetivar al consumo con respecto de la producción de bienes y servicios.

Ahora bien, ¿estas utopías tienen alguna oportunidad real de hacerse realidad?

El poeta Roque Dalton al hablar “Sobre dolores de cabeza”, decía:

Es bello ser comunista,

aunque cause muchos dolores de cabeza.

Y es que el dolor de cabeza de los comunistas

se supone histórico, es decir

que no cede ante las tabletas analgésicas

sino sólo ante la realización del Paraíso en la tierra.

Así es la cosa.

Bajo el capitalismo nos duele la cabeza

Y nos arrancan la cabeza.

En la lucha por la Revolución la cabeza es una

bomba de tiempo.

En medio de aquel debate otro amigo: Miguel Arencibia, daba el mejor argumento que podría ser ofrecido en defensa de las ideas libertarias. Pondría un monumento en medio. Incontestable. Hablamos de la auténtica Revolución Social española. La mitad de España, entre 1936/ 1939, practicó un modelo autogestionario… ¡sin dinero y sin Estado! En la última sesión del Taller Libertario Alfredo López tuvimos la oportunidad de ver un documental que bien deberían poner en la televisión nacional. Aquella utopía fue asesinada por Stalin por las espaldas. Pero, que iluso soy: ¿acaso alguna vez se publicará en Cuba Un libro rojo para Lenin de Roque Dalton? Y no hablo de aquel Lenin deslenizado que nos ofrece Zizek, sino de aquel otro que sugiere Badiou: como disciplina del proceso. En ese sentido el poeta dedicó ese poemario al compañero Fidel Castro: como rostro de esas “multitudes que marchan hacia el futuro” (Che Guevara).

Por Ramón García Guerra

Santa Fe, Ciudad de La Habana, Cuba:

6 de agosto de 2010.

E-mail: ramon0260@gmail.com

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