DEBATE CUBA

SIN DEMOCRACIA NO HAY SOCIALISMO POSIBLE:…

“El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.
Barón de Acton:…

Hasta que el pueblo y los trabajadores no puedan ejercer el poder político y económico directamente, por ellos mismos; no puedan tomar las decisiones que afectan sus vidas y no pueden debatir públicamente y organizarse, de la forma en que lo estimen, para defender sus derechos; no tendremos una democracia participativa y directa, no habrán conquistado la democracia.

Mientras las decisiones políticas y económicas que afectan a todos sean tomadas por un pequeño grupo sectario de personas, por muy bien intencionadas que estén y por muchos méritos que tuvieran, no habrá democracia verdadera.

Sin esa democracia participativa y decisoria, no es posible crear las condiciones para el desarrollo de la nueva sociedad socialista, estructurar la economía del país sobre nuevas bases, lograr la participación consiente y entusiasta de los trabajadores y el pueblo y generalizar una nueva conciencia social colectivista y solidaria.

El tema de la democracia en el socialismo, es tan antiguo como él mismo y no va a venir por decreto, sino porque las masas lo impondrán a su manera. En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels lo tratan con toda claridad: “El primer paso de la revolución obrera es la elevación del proletariado a clase dominante, la conquista de la democracia”. En muchas otras ocasiones, precisaron que la mal traída y peor llevada “dictadura del proletariado” solo expresaría un contenido clasista, nunca una forma política de gobierno y no sería sino la República Democrática de los trabajadores.

El papel que Marx y Engels confirieron al nuevo estado revolucionario, -que ya no sería un estado en su sentido tradicional, sino en transición hacia su extinción  y mejor debería llamársele Comuna como definió Engels -, expuesto en los 10 puntos del Manifiesto Comunista sobre la acción inicial de la revolución, los cuales gustan de citar los estato-centristas, lo concibieron solo después de haber “conquistado la democracia” y lo concluyen con este párrafo: “En sustitución de la antigua sociedad burguesa con sus clases y sus antagonismos de clase surgirá una asociación en que el libre desenvolvimiento de cada uno, será la condición del libre desenvolvimiento de todos”. Nada que ver con tanta coartación de las libertades y derechos  individuales y colectivos.

Sin embargo, la concepción predominante  del llamado “socialismo real” del siglo XX, desestimó ese sentido libertario de la democracia y el pleno establecimiento de ésta como poder del pueblo, tergiversó  la noción de dictadura del proletariado e  instauró, en forma permanente, un poder de tipo dictatorial (ejercido por decreto), bajo control de un grupo político, -el Partido Comunista-, además híper centralizado, que se abrogó la representación de los intereses del pueblo y los trabajadores a quienes jamás entregó el poder real, encubriéndolo con sistemas políticos de apariencia democrática.

Marx y Engels dejaron bien establecido en El Manifiesto y luego en muchos otros escritos relacionados con la 1ra Internacional que “los comunistas no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros. No tienen intereses algunos que no sean los intereses del conjunto del proletariado”; sin embargo el “comunismo” surgido y desarrollado a partir de la experiencia bolchevique, no se propuso la toma del poder para el conjunto de los trabajadores, sino para ser ejercido por el Partido, por la “vanguardia del proletariado”.

El partido comunista, que debían orientar ideológicamente el proceso general a través de sus militantes, devino en administrador del capital estatalizado y de ahí  la gran desviación  que empezó por desbancar a los Soviets, en que derivó todo el burocrático “socialismo de estado” sectario, que excluyó de la participación al resto de las corrientes obreras y revolucionarias y por esta y otras razones estaba condenada a fracasar, como ocurrió en todas partes donde se intentó.

Siempre habrá grupos, personas, que defiendan más claramente que otros, los intereses generales de los trabajadores y el pueblo, pero cuando esos grupos o personas confunden el apoyo del pueblo y los trabajadores a sus posiciones políticas, con el respaldo a sus personas físicas, pierden el sentido del movimiento político,  aparecen el culto a la personalidad, el caudillismo, el sectarismo y el desprecio a los otros revolucionarios que no aprueban esos comportamientos y, a la postre, el desdén por los valores y procedimientos democráticos.

Los antídotos a tales conductas fueron expuestos por Marx y Engels con toda claridad en sus análisis sobre la Comuna de París: elección democrática, rotación de personas en cargos, revocación democrática inmediata y ausencia de prebendas que los estalinistas y sus seguidores siempre violaron.

En Cuba, con algunas diferencias, se siguieron en general las pautas del viejo “socialismo” dogmático respecto a la propiedad del estado, el papel del partido y la “dictadura del proletariado”. Los revolucionarios que llegaron al poder en 1959 se consideraron representantes del pueblo, -lo eran en esos momentos- actuaron como tales; pero reprodujeron las instituciones del viejo gobierno burgués desde donde se ejercía el poder, sin establecer ningún sistema democrático en los primeros 17 años.

Si tanto trabajo cuesta hoy a la dirección del Partido y el gobierno, avanzar en la socialización, es precisamente por los déficit democráticos del proceso revolucionario cubano que, como se sabe, “quemó” la etapa democrática  de la Revolución en 1959-60, “le pasó por arriba”, pues sin establecer un sistema político que garantizara el ejercicio directo del poder por el pueblo, ni restituyera todas las libertades quebrantadas por el anterior régimen, el mismo grupo que dirigió la guerra contra Batista y tomó el poder, como estado se apropió -en nombre de los obreros, los campesinos y de todos los otros revolucionarios – de los medios de producción y del aparato burocrático de gobierno; pero nunca depositó ese poder en el pueblo, no avanzó en la socialización de la apropiación; y solo más de tres lustros después vino, en 1976 a organizar un sistema de poder popular en el que se auto garantizaba, de por vida, el papel hegemónico.

Sin consolidar la etapa democrática revolucionaria, se derivó a un tránsito acelerado del capitalismo privado a  la concentración del capital en manos de un estado autoritario y verticalista pero con caras nuevas, en nombre del socialismo, que se consolidó con las dos reformas agrarias 1959 y 1963, las estatizaciones del gran y mediano capital extranjero y nacional en 1960-62, la centralización del comercio minorista con la libreta de racionamiento en 1962  y la intervención estatal de los pequeños productores y comerciantes en 1968.

De esta manera, todas aquellas propiedades que en lugar de ser socializadas democráticamente  por el nuevo estado republicano de los obreros y los campesinos, fueron estatizadas y en vez de confluir en la fase social de la revolución, -la socialización de la apropiación de la propiedad y el excedente-, desembocaron en un centralizado capitalismo monopolista de estado, como mismo ocurrió en el socialismo “soviético”, con lo cual se crearon las bases económicas y sociales de todo el estatalismo burocrático posterior, en el cual estamos ahora varados los cubanos, medio siglo después.

Las causas de esa deriva fueron múltiples: la agresión imperialista que polarizó la situación política interna, la influencia de la URSS, la presencia de los viejos comunistas en el entorno del poder, la concepción neoestalinista predominante de “socialismo”, la sindicación despectiva de “anarquistas y anarco-sindicalistas”, por los neoestalinistas, de los movimientos cooperativistas, mutualistas y autogestionarios que ya existían en la sociedad cubana desde el capitalismo y que fueron tratados como “negocios privados”, la propia estructura dependiente del Norte de la economía cubana y su carácter mono-productor y mono-exportador, la forma armada-jerárquica en que la revolución había llegado al poder, la composición de clases de la sociedad cubana en el momento, el carácter de las fuerzas políticas que predominaron y el apoyo unánime e incondicional que tuvo el líder querido y respetado por todos, entre otras.

En muchos de nuestros artículos anteriores y posteriores a las Propuestas Programáticas (PP) para un Socialismo Participativo y Democrático, presentadas al pueblo de Cuba y a todos los revolucionarios con vistas al VI Congreso del PCC, indefinidamente postergado, expresamos con toda claridad que el proceso de socialización de la apropiación deberá ir aparejado de la democratización del poder político.

En su primer punto las PP establecen: “Transitar del “socialismo de estado” al Socialismo Participativo y Democrático. Dejar atrás el fracasado sistema centrista, autoritario, estatista-asalariado y estructurado verticalmente de arriba hacia abajo, heredado del estalinismo y avanzar a la concepción cooperativista integral moderna del Socialismo en el Siglo XXI, a un sistema comunal-democrático descentralizado, apoyado en relaciones socialistas de producción que horizontalmente integre y armonice, de abajo hacia arriba las funciones productivas, de gobierno, justicia y otras”. Los cambios democráticos necesarios al sistema político son también abordados, indistintamente, en los puntos 5, 7, 9, 10, 11, 12 y 13.

Lo hemos señalado en múltiples ocasiones: no se trata de reformar, perfeccionar o actualizar lo que se ha hecho, se trata de pasar a una nueva fase que dando continuidad a lo mejor de lo alcanzado, eleve la sociedad cubana a planos superiores de socialización en lo político y lo económico.

Otros se desesperan y quisieran ver ya mañana realizar  todo lo que proponemos.  Nosotros también quisiéramos ir mas rápido y no lo negamos, pero sabemos que no será fácil cambiar la mentalidad burocrática y paternalista y desmontar los mecanismos administrativos verticalistas cultivados en 50 años. Los campesinos en su reciente X Congreso del ANAP hablaron muy claro e hicieron propuestas en la misma dirección que venimos defendiendo.

No se nos escapa que algunos arriba tienen voluntad de cambio y que a pesar del silencio oficial, van comprendiendo que la situación no puede seguir igual y, aunque en forma tímida, el tema del cooperativismo, la autogestión y la cogestión ha empezado a calar dentro del propio PCC y algunas medidas aisladas sugieren la aparición de un línea política más realista en algunos asuntos políticos.

Pero en realidad, los “movimientos” hechos hasta ahora solo están dirigidos a fortalecer la apropiación centralizada de los frutos del trabajo asalariado, sin cambiar en nada la lógica del sistema burocrático administrador del capital, mientras los únicos cambios claros son de burócratas civiles por militares en evidente creencia de que el problema es de “cuadros” y no de “sistema”. Sigue el discurso inmovilista de “hacer trabajar a la gente”, preñado de prejuicios neoliberales como la eliminación de subsidios, la rebaja de salarios, la eliminación de plazas, la reducción de la inversión y otros.

Igualmente, advertimos: todas las maniobras que se intenten para desgastar las  Propuestas Programáticas o “quemarlas” antes del VI Congreso, están condenadas al fracaso por una simple razón, sus fundamentos responden a nuestra realidad concreta y a las aspiraciones de muchos cubanos. La postergación indefinida del VI Congreso afecta nuestras Propuestas, tanto como a las posibilidades de continuar el socialismo en Cuba; pero más  perjudica la credibilidad de la dirección del Partido que celebró su último Congreso hace ya casi  tres lustros, actúa sin consenso y toma decisiones sin la aprobación siquiera  de su propias bases, mientras que las Propuestas, sus valores democráticos y socialistas cada día cobran más vigencia y ganan más adeptos en todo el espectro político del pueblo cubano, incluido el PCC.

Cuando se critica el déficit democrático, libertario y socializador del actual sistema político cubano, la propaganda del inmovilismo pretende de inmediato que se está tratando de establecer comparaciones con las circunstancias de otros países. Se olvidan de que hemos hecho una revolución para lograr, precisamente, lo que no han alcanzado otros. ¿O se pretende que 50 años de lucha hayan sido en vano?

Los sistemas políticos de EE.UU. y Suiza, reconocidos por Marx en la Crítica al Programa de Gotha, como los más democráticos del capitalismo y eventuales aspiraciones generales de los pueblos a fines del Siglo XIX, quedan pálidos al lado de muchos de los enunciados de la Constitución Cubana de 1976, precisada de mejoras. Sin embargo, las leyes y regulaciones posteriores para implementarlos, quedan muy por debajo de esos enunciados y de muchas prácticas democráticas de esos países. No es posible seguir ignorando estas realidades.

No son pocos los revolucionarios que están sintiendo la sensación de que la revolución está siendo secuestrada desde segmentos del poder. Aumentan los que ven en los llamados de la dirección a la crítica y al debate, una “cortina de humo”, para seguir haciendo lo mismo sin cambiar nada de los que debe ser cambiado. Los procesos de “depuración” de factura neoestalinista se han venido practicando en silencio desde hace décadas, pero con métodos más sofisticados. ¿Se hará el VI Congreso después de haber limpiado al Partido de todos los que piensan diferente a la dirección que hace la depuración? De consumarse el secuestro  las consecuencias para el socialismo en Cuba y en el mundo serán desastrosas.

Ya hemos expuesto con toda claridad nuestras ideas de cómo avanzar en la socialización y democratización, lo cual es imposible desde la concentración del poder político y económico. Es el pueblo el que debe tomar directamente y por sí mismo sus riendas. Son los colectivos de trabajadores los que deben tomar todas las decisiones en cada centro laboral.

El enemigo se aprovecha de nuestros errores, los utiliza para desacreditar la idea socialista y se basará en ellos para intentar destruir la Revolución, restaurar el capitalismo privado y ceñir nuestra economía a la de EE.UU., que implicaría la anexión real o virtual. ¿Qué sería sino volver a depender económicamente del Norte revuelto y brutal como pretenden los extremos?

Cuba debe ser ejemplo de democracia, de tolerancia, de respeto a todos los derechos humanos y no solo a una parte de ellos. Lo necesitan la paz, el equilibrio y la concordia en que debe vivir el noble pueblo cubano. Lo necesitan todos los pueblos del mundo para poder hacer creíble el socialismo.

La participación directa de los trabajadores en todas las decisiones en los centros de producción y servicios, incluida la distribución de las utilidades, la elección de los jefes y la discusión y el control del colectivo de los trabajadores asociados –sí, ser socio del negocio, no un simple empleado asalariado y arriba mal pagado-  sobre los planes de producción, gastos e inversiones; la venta libre de sus productos por los campesinos y cooperativistas del agro; la urgente necesidad de reformar importantes artículos de la Constitución y de la ley electoral; la elección directa y democrática de todos los cargos de gobierno; la municipalización de los poderes y los presupuestos participativos; la sustitución del sistema representativo por la participación decisoria y directa del pueblo; la aplicación consecuente de los preceptos constitucionales sobre  la libertad de expresión y asociación; el pleno respeto a todos los derechos políticos y civiles y también el problema de los presos por razones políticas,  son todos asuntos relacionados con la democratización del poder revolucionario.

Mientras estos temas centrales sigan sin solución y un pequeño grupo sectario  continúe decidiendo por todos, no tendremos en Cuba un verdadero sistema democrático y mientras no exista democracia y el poder realmente decisorio no esté en manos del pueblo y los trabajadores, no hay socialismo posible, ni república martiana, ni la patria será con todos ni para el bien de todos.

Socialismo por la vida.

Por Pedro Campos
La Habana, 13 de julio de 2010

Pedro Campos en Kaos en la Red