MENTE DE MILLONARIO

MENTE DE MILLONARIO

¿Cuál es la necesidad de ser millonario? Ésta es la pregunta básica para entender la ambición, el egoísmo, la avaricia, la inseguridad, la violencia y el miedo.

Una vez alguien dijo que era mucho más fácil que un camello ingrese por el ojo de una aguja,  que un millonario ingrese en el reino de los cielos. Realmente el problema no se encuentra en el dinero porque, aunque quisiera, no puede pensar y, por lo tanto, decidir; como tampoco se encuentra en la cantidad que alguien posea, sino en la ambición que impulsa al ser humano a transformar en necesidad el ser millonario, lo que significa, nos agrade o no, el perjudicar a  miles de personas para saciar nuestra avaricia con el fin de encontrar seguridad tratando de escapar así del miedo que nos da el vivir y la vida.

En donde existe ambición existirá temor, violencia, egoísmo, e inseguridad, porque la misma no tiene límite, tope, ni puede ser saciada, lo que provoca el eterno hueco interior que debe ser llenado, y ello es el motivo que impulsa a seguir intentando llenarlo, lo cual se hace eterno. Lo conquistado debe ser resguardado y ello impone en nuestra alma, mente y corazón, el egoísmo, el cual busca proteger lo conquistado, con la única arma eficiente que es la violencia, lo que se transforma en la inseguridad permanente, y el consecuente miedo a perder lo ya ganado, con lo cual nuestra vida es una obsesión constante en donde todo está justificado para seguir teniendo más y más. ¿Cuál es la necesidad de todo ello?

El mundo que creamos, cuando transformamos nuestra ambición y miedo en necesidad, es completamente individualista, mezquino, solitario y aislado, del resto de los seres humanos, ya que el mismo nos sitúa en una posición que auto-consideramos exclusiva y especial, siendo la desconfianza lo que nos salvará de aquellos que no son como nosotros. Esto convierte nuestra vida de relación en una hipócrita y permanente obsesión por poseer -incluídos los afectos- puesto que ello es lo único que nos da seguridad: el poseer.

La posesión se convierte en nuestra manera de vivir y por qué vivir, siendo la búsqueda de eterna seguridad la mayor conquista que deseamos alcanzar y poseer para la eternidad, lo cual es lo único por lo que estaríamos predispuestos a perder o entregar toda nuestra fortuna. La posesión lleva implícita el sufrimiento porque la misma es ansiedad por lo ilusorio, ya que no se puede poseer ni siquiera lo material debido a que de por medio está la muerte y, por lo tanto, mucho menos se puede pretender la posesión de personas y afectos, de modo que ello sólo existe en la suposición del intelecto, en su ilusión de encontrar seguridad.

La posesión lleva consigo, además, la ansiedad permanente, porque evidentemente es imposible alcanzarla, y es ello lo que genera e impulsa al mecanismo del chantaje sentimental sobre los demás y el creer que se debe conquistar más cosas para llenar de alguna manera el vacío que provoca la inseguridad, lo cual da rienda suelta a la ambición, transformándola en inconsciente desde la suposición de que ella es una necesidad.

La inconsciencia de la ambición nos transforma en seres miserables, insertando en nuestro vivir el hábito costumbre del egoísmo a través de las consideraciones de lo mío, mis bienes, mi familia, mi patria. Y ese egoísmo da paso a la violencia, porque todo lo que me pertenece debe ser resguardado, protegido, y es esa valoración irreal la que argumenta y justifica el abuso, el sometimiento, la explotación, la crueldad, la represión, la guerra, con el fin de salvar lo que me pertenece.

La avaricia, la ambición, el egoísmo, son vicios totales y absolutamente personales y privados, y la consecuencia de ello es el miedo, por más que la doctrina ideológica de los millonarios diga que Dios, perdón, el mercado, convertirá estos vicios particulares en beneficio para el conjunto de la humanidad. Lo que nunca podrá hacer el dios mercado es extirpar el miedo que abarrota a toda mente egoísta, avarienta y ambiciosa, por más que la misma intente esconderse detrás de los títulos y laureles de la filantropía. Para este tipo de mente, la filantropía es usada exclusivamente para lavar la conciencia y tratar de comprar un lugar en el cielo, ya que de por medio de toda esta aventura de abuso, corrupción, explotación, se encuentra la muerte, y precisamente la ambición, la avaricia y el egoísmo, no son casualmente los vicios que Dios ha transformado en virtudes. Eso sólo lo han hecho los hombres del mercado liberal aquí en la tierra, para poder justificar sus miserias, lo que significa que dichas virtudes no tienen por qué ser tomadas en cuenta por Dios y mucho menos los métodos por los cuales se llega a ser millonario.

La mente millonaria cree que donando lo que le sobra y no lo que le hace falta, para demostrar realmente su filantropía, se encuentra dentro del redil de los aceptados por Dios, sin percibir que se puede ser millonario sin ser avariento, miserable, ambicioso y egoísta, para lo cual sólo se debe dar cuenta que estos vicios privados son nada más que creaciones de la mente en su afán, equivocado por cierto, de ser alguien, de ser algo más de lo que uno realmente puede ser, o sea, un simple ser humano, porque al fin y al cabo nadie puede ser más que un simple ser humano, y esa condición rige para ricos y pobres, para negros y blancos, para norteamericanos y árabes, y ésta es la única condición exigida por Dios para ingresar al cielo, el cual existe dentro de cada uno de nosotros

Puedo ser millonario pero tener una mente de ser humano, como puedo ser millonario y tener una mente de millonario, lo que significa que no sólo los millonarios tienen ese tipo de mente, sino que también se da ese tipo de mente en las personas de clase media y en los sectores populares, pobres y excluídos. La mente de millonario, por lo tanto, es la que hace posible el triunfo de la ideología que sustenta, argumenta y justifica, estos vicios privados en la actualidad, y que se encuentra en el poder del mundo, justamente porque este tipo de mente es, inevitablemente, individualista, conservadora, indiferente, conformista, porque la misma necesariamente se tiene que aislar de los intereses del conjunto de la comunidad para poder satisfacer su deseo, su ilusión, de encontrar definitivamente seguridad por medio de sus logros personales, particulares y egoístas. Si no se tiene una mente de millonario, ambiciosa, avarienta y egoísta, jamás se puede ser neoliberal o apoyar con el voto a sus candidatos políticos.

La mente de millonario necesita imperiosamente de la apariencia, la vanidad, la mentira, para poder fingir la bondad… de ser humano… que en realidad no tiene, y ello es lo que lo motiva hacia la filantropía para ser creíble, puesto que el egoísmo, la ambición y avaricia, es lo que le sigue dando real impulso y sentido a su vida y a su vivir, ya que jamás abandona la senda de la explotación y el abuso, lo cual no les permite durante toda su vida, ni a ellos ni a sus antepasados, ni a sus ideólogos, el responder la pregunta fundamental: ¿Cuál es la necesidad de ser millonario?

Mente de millonario tiene el 99% de los seres humanos de este mundo independientemente de la clase social a la cual pertenezcan, porque las mismas son dominadas, impulsadas y educadas, a vivir para la ambición, el egoísmo y la avaricia. El tener mente de millonario no implica el tener que serlo materialmente, implica simplemente el adoptar estos vicios privados como algo inherente al ser humano y como algo necesario  para vivir. El tener la condición de ser un ser humano interiormente miserable, hacen al justificativo de estos vicios privados por medio de los argumentos que necesita imprescindiblemente para sobrevivir la mente que alimenta la miseria humana, pero que jamás podrá contestar la pregunta imposible, “la pregunta del millón”… ¿Cuál es la necesidad de ser millonario?