LO ABSOLUTO

Si un ciego dice que la luz no existe ¿Lo que afirma es verdad o es mentira?. Lo absoluto existe aunque usted esté ocupado solamente en su actividad miedo-céntrica, y a ello haya dedicado toda su vida y su vivir. El hecho que su vida se reduzca a la mezquindad, en la cual usted decidió encerrarla, no significa que la misma sea sólo lo que usted considera que es; de la misma manera que el ciego considera que la luz no existe, porque él no la puede ver.

La opinión del ciego es una verdad, pero distorsionada, de la misma manera lo son nuestras opiniones, sobre todo lo que nosotros no sabemos, no conocemos, no percibimos, no vemos o simplemente no nos interesa.

Lo absoluto encierra los tres mundos de la vida y el vivir: el mundo natural o físico, el mundo espiritual o metafísico y el mundo divino o religioso. Sólo tenemos la percepción del mundo físico por ser en el cual desarrollamos nuestra existencia, pero eso nos lleva a considerar la inutilidad del mundo espiritual o metafísico, lo que significa no tomar en cuenta el mundo de la virtud y de la ética, y la consecuencia de ello se transforma en la corrupción del hombre y de la sociedad.

El ignorar, el no darle importancia y el quitarle todo sentido al mundo de la virtud y los valores, nos aísla en un mundo exclusivamente material, pero desespera a la naturaleza humana y ella lo rellena con el egoísmo, la ambición, la avaricia, los celos, el orgullo, la vanidad.

En la actividad diaria, la vida es incitada a consumir todo con el consecuente asco hacia la cultura, el arte, la política, la filosofía, la espiritualidad y la religión, o sea, todo aquello que no sea algo, lo que significa el reducir la vida a una gota de agua con relación al océano de la existencia.

Si nuestra distancia de ese mundo espiritual o metafísico, virtuoso y ético, es de tamaña distancia, mayor es la distancia con ese mundo desconocido o religioso, en donde habita lo que da nacimiento al pensamiento, a la existencia, a la vida, al cosmos.

Nuestras limitaciones nacen de la concepción de creer que el nacimiento es un comienzo y la muerte es un final. Nada puede nacer si no existe, y nada puede finalizar si existe. El nacimiento es la prueba de la existencia y la muerte es la prueba de la inmortalidad. El nacimiento es la prueba de la existencia del ser, porque simplemente todo lo que es, procede de lo que era, y la muerte es sólo su transformación porque nada de lo que es podría dejar de serlo.

Ahora hagámoslo simple; nuestro nacimiento prueba nuestra previa existencia porque si no, no estaríamos aquí, ya que es ley que nada sale ni nace de la nada, y lo que ya es, no puede volver o disolverse en lo que no existe, o sea, en la nada.

Nuestra concepción de comienzo y final, de principio y fin de nuestra vida, sin saber en realidad si es así, nos priva del absoluto y la consecuente visión de totalidad de la vida, encarcelándonos en el mundo físico y material que lo reducimos a la satisfacción de sensaciones motivacionales que buscamos sean satisfechas por medio de la adquisición del objeto ambicionado, y ésta termina siendo la razón del éxito de la economía en la sociedad como impulsor primordial del supuesto progreso, y como consecuencia de ello el considerar a la economía como la esencia de la felicidad y de nuestra existencia.

La totalidad de la vida se escapa por nuestra falta de comprensión, de la misma forma que se escapa de nuestra percepción la totalidad del vivir por nuestra ambición, debido a la esclavitud y  los límites que ella impone al intelecto y a la mente al encerrarlo exclusivamente en el objeto deseado.

El reducir el absoluto, la totalidad de la vida, a una gota de agua del vivir, es inevitable que no provoque una sociedad cruel, avara, egoísta y violenta, en donde basta con la propaganda para negar lo trascendente e impulsar lo insulso como la fórmula de la paz, la felicidad, la armonía y la inmortalidad, por medio del éxito y la fama a cualquier precio.