LA COMPRENSIÓN Y LA RAZÓN

Existe una diferencia abismal, esencial y sustancial entre la razón y la comprensión. La razón analiza, argumenta, saca conclusiones, juzga y toma partido; la razón, por lo tanto, sabe. La comprensión observa, ve, no analiza, no argumenta, no saca conclusiones, no juzga, no toma partido y, por sobre todas las cosas, no- sabe que “no sabe“.

La razón -para encontrarse razón a sí misma- se esfuerza en argumentar basándose en patrones morales, éticos, sentimentales, jurídicos, etc. Utiliza estos patrones en el afán de encontrar seguridad que le certifique que sus reacciones son correctas. La razón no tiene la cualidad de la acción natural e instantánea, puesto que actúa bajo los patrones del análisis, la comparación, el juzgamiento y las conclusiones posteriores, lo cual, solamente le permite la reacción premeditada, que se realizó previamente en el laboratorio de su mente. La razón sólo tiene la cualidad de la reacción.

La razón sólo puede existir –para tener razón– por medio de la asociación de ideas y del hábito costumbre de transformar, constantemente, todo hecho en idea. La comparación entre los patrones establecidos y el hecho, es lo que le da la razón. Es este mecanismo el que le hace creer que sabe, y que por sobre todas las cosas, está en lo cierto.

La razón acostumbra a transferir sus propios defectos a los demás, a los otros, convirtiéndolos en argumentos de sus juicios y condenas, con el único fin de defenderse, resguardarse y ocultarlos. Todo esto es realizado en un acto de inconsciencia total, el cual no puede ser juzgado como deshonesto, porque no tiene la cualidad de la lucidez de la conciencia, ello se encuentra sumergido en los confines de la mente.

La cualidad de ser racional no mantiene relación alguna con el uso que le damos a la razón, tener razón no es lo mismo que ser racional. El ser racional existe únicamente en una mente exenta de conflictos y que, por lo tanto, tiene un orden natural, no impuesto por disciplina, costumbre, hábito o método alguno. La racionalidad de la mente obedece a la comprensión.

Cuando la razón actúa y funciona independientemente de la comprensión, siente que está llamada a ser la guía de la vida del ser humano, y actúa en consecuencia, pasando a ocupar el lugar de la comprensión. Toma un hecho, lo analiza, y saca la conclusión consecuente, considerando que ello es el equivalente a la comprensión porque lo tiene todo claro.

La razón, al ocupar el lugar de la comprensión, desplaza de la mente la capacidad que ésta tiene para observar desnudamente los hechos tal cual ellos son, y es por ello que se torna en imprescindible la interpretación, el análisis, lo cual es la incomprensión de los hechos, porque toda interpretación y análisis está viciado por el trasfondo intelectual-psicológico que tenemos. Al suprimir la comprensión de nuestra mente, el miedo necesita otra herramienta que le transmita alguna clase de seguridad y orden, es ahí donde aparece el análisis y la interpretación.

Cuando la razón desplaza completamente a la comprensión, surge el conformismo y la indiferencia en nosotros, siendo el simplismo del argumento lo que, de aquí en más, justificará todo lo que realmente somos sin tener que preocuparnos por transformar toda nuestras miserias humanas.

Tenemos celos, orgullo, vanidad, antipatías, rencores, odios, maledicencia, avaricia, ambición, violencia, egoísmo, etc., eso es lo que somos, pero la razón dice que todo eso es inherente al ser humano, natural y normal, o sea, la razón nos dice que está bien ser seres humanos de segunda categoría, y nosotros lo aceptamos, dando por sentado que es así.

Ya sabemos que a la razón no se le puede discutir, porque ella tiene los argumentos necesarios para seguir teniendo razón y, por lo tanto, que las cosas sigan así, tal cual están y de la manera en que están establecidas, pero resulta que por lo menos esta vez, la razón no tiene razón.

Es evidente que si existen las miserias humanas en nuestro interior, existe el miedo, existe el temor. El miedo es la causa fundamental de la ambición, si existe ambición en nosotros inevitablemente habrá temor. El problema se suscita cuando examinamos nuestra vida y vemos que nadie nace con miedo, lo que significa que nadie nace con ambición, violencia, egoísmo, etc., por lo tanto, esas miserias humanas no son inherentes al ser humano, porque ellas se van formando en nuestro interior en la medida que surge el miedo y el sentido de propiedad, mi juguete, mi papá, mi mamá, mi casa, mi escuela, mi patria, etc.

El miedo alienta a la ambición y la ambición alimenta al miedo. Ello impulsa a la razón a buscar y esgrimir los argumentos de la comodidad, los cuales deben permitir la tranquilidad de conciencia para seguir como somos porque es inevitable ser de otra manera que aquélla que es -supuestamente- inherente al ser humano. Los argumentos de la comodidad nos permiten el no realizar ningún esfuerzo para transformarnos a nosotros mismos, que somos la causa de todos los problemas del mundo.

La razón inventa el argumento a favor de que, toda la miseria humana sea inherente al ser humano, porque eso le permite seguir igual, ya que no hay nada más cómodo que ser violento, egoísta, y ambicioso justificadamente por la naturaleza. La razón en este sentido… ¡no tiene razón!.

La comprensión ve y observa lo que somos, no lo justifica pero tampoco lo condena, ya que estas dos actividades intelectuales sólo agravan el problema, no lo solucionan  El comprender es simplemente ver y observar el hecho sin sacar conclusiones, lo que significa aprender sin acumular, o interpretar el hecho. El hecho y la observación es uno, es una unidad, es simplemente eso, es un acto sin división entre quien observa y el hecho, porque no hay interpretación o análisis de por medio. La razón, por lo tanto, es división, es conflicto, es separación. La comprensión es una unidad porque no existe una interpretación independiente de lo que es.

La razón es limitada en sí misma porque se mueve dentro del campo de la memoria, dentro del campo de la conciencia, lo que significa que se mueve dentro del campo de lo conocido. El contenido de la memoria es el conocimiento, y todo conocimiento es el pasado, y esto es lo que crea el amoldamiento, el esquema, el trasfondo intelectual y, por lo tanto, la manera de pensar. O sea, ello es lo que nos condiciona al saber en qué pensar.

Esto significa que la razón se puede cultivar porque ella es producto de la acumulación de información, o sea, es el pasado traducido en conocimiento, porque en la medida en que llenemos nuestra memoria de información intelectual más se acrecienta, lo cual es el cultivo de la razón. La comprensión no puede ser cultivada porque ella depende de la inteligencia, no de la cantidad de información acumulada en la memoria, en la conciencia. Para que exista la comprensión en nosotros, debe existir primero la ausencia de intervención del pasado, la no-intervención del conocimiento, lo que significa la acción de la inteligencia, porque comprensión es la acción instantánea de la inteligencia.

La comprensión es la acción instantánea de la inteligencia porque ella se encuentra exenta de interpretación, de análisis, o sea, no actuar como resultado del trasfondo intelectual, del contenido de nuestra conciencia, de nuestra memoria, porque la verdad, la realidad, se encuentran exentas de intelectualidad, porque la verdad, la realidad, no es una idea, una opinión, un argumento, por lo que toda interpretación de la misma es mentira y en ello se basa la razón, no la comprensión.

La razón analiza, interpreta, deduce, saca conclusiones, y ello parte del trasfondo intelectual que tenga el interpretador, lo cual no tiene relación alguna con la verdad, con la realidad, ello no es el hecho en sí. De este análisis e interpretación la razón define su reacción, lo cual obedece a una reacción de sus intereses personales, no a los intereses de lo que la realidad y la verdad exigen. La razón deduce para actuar, la comprensión actúa frente a la necesidad, frente al desafío que la vida le trajo.

La razón busca su recompensa, la comprensión realiza las cosas porque hay que hacerlas.

La verdad, la realidad, se encuentran exentas de interpretación, exentas de análisis, porque la verdad, la realidad, no son una idea, una opinión, un argumento, al cual lo podemos moldear de acuerdo a nuestras conveniencias materiales, psicológicas o intelectuales, y es esto lo que aleja a la razón de la verdad, de la realidad, ya que la razón no puede existir sin su trasfondo mental, el cual le brinda las herramientas para analizar y es en definitiva quien resuelve la acción, lo cual se transforma en una idea que intenta operar sobre un hecho, y ello es imposible.

Un hecho es un hecho, y para actuar sobre un hecho se necesita otro hecho, no así la interpretación intelectual de ese hecho porque ello se termina convirtiendo en conflicto, en contradicción. Esto sólo lo puede realizar la inteligencia, porque la razón con sus miles de argumentos inevitablemente deformará ese hecho porque lo ha transformado en una idea.

La razón imagina lo que debería ser, la comprensión ve lo que es y en consecuencia actúa. La comprensión no tiene tiempo para perder el tiempo con análisis, interpretaciones ideológicas, porque ella pertenece al orden de la inteligencia y la inteligencia no acumula información porque no tiene relación con el pasado, con el conocimiento, ella pertenece al orden de la percepción, al orden de la observación desnuda, la cual se encuentra exenta de intelectualidad.

La razón cuando se encuentra al servicio de la inteligencia y, cuando es la inteligencia quien la hace actuar, es cuando la razón se encuentra en el lugar correcto, porque en vez de vivir para justificar, juzgar, argumentar y condicionar la mente, ella pasa a sustentar a la inteligencia  por medio de la racionalidad del ver sin intervenir con el pasado que es el conocimiento intelectual-psicológico, y sin todo el condicionamiento que este conocimiento impone a la mente, ya que el contenido de nuestro condicionamiento es nuestro conocimiento que le da la sensación de cierto tipo de seguridad por el entretenimiento que proporciona la acumulación de información, y es ello lo que la condiciona y la que la incita a analizar e interpretar los hechos, la realidad, la verdad y todo aquello que considere necesario.

La razón sólo tiene sentido cuando deja de interpretar, ya que, de lo contrario sólo acrecienta los problemas, crea conflictos y aumenta las fragmentaciones interiores y exteriores por encontrarse ocupando el lugar –que no le corresponde- de la comprensión.

Somos egoístas, violentos, avarientos, temerosos, ambiciosos, etc., la razón dirá que eso es inherente al ser humano, pero ello no cambiará nada en nosotros. La comprensión observará que somos eso y no juzgará, pero a partir de este ver sin condenar ni juzgar se producirá la transformación por medio de la comprensión de lo fútil, innecesario e ilusorio, que el  intentar ser algo más de lo que uno simplemente es:

¡SIMPLES SERES HUMANOS!