EL PROBLEMA DEL BUSCADOR

El máximo problema del buscador consiste en que él se predispone a buscar aquello que es subjetivo, abstracto pero, para su mente, para su costumbre de vivir, para su manera de enfrentar las cosas y para su forma de ver la vida y el vivir, todo ello debe ser convertido en algo tangible. El buscador tiene la mente estructurada, que lo obliga a transformar todo en algo objetivo, factual y tangencial, puesto que no se permite aceptar que lo subjetivo y abstracto no sea algo con lo cual su mente no pueda lidiar, manejar, descifrar y amoldar, de acuerdo a sus conveniencias, intereses y tradición.

Dios, el amor, la verdad, la comprensión, son de índole subjetiva, abstracta, o sea, que no son algo. Cuando el pensamiento se encuentra con lo subjetivo, con aquello que no es algo, intenta, mediante el intelecto y el pensamiento transformarlo en algo, debido a que él sólo sabe relacionarse con lo objetivo, y el primer paso que da para hacer dicha transformación es convertirlo en una idea. La idea sobre lo abstracto y subjetivo se intenta elaborar mediante la mayor cantidad de supuestas objetividades, en el intento de hacerlo tangible para la mente.

El intelecto hace esto porque no comprende que él no está llamado a controlar, manejar, dirigir e interferir, en la totalidad del vivir del ser humano, debido a que el intelecto no acepta que tiene sus limitaciones.

La mente sólo sabe solucionar problemas y ése es el motivo por el cual intenta transformar lo subjetivo, lo abstracto, en algo objetivo porque ello le permite creer que tiene la posibilidad de poder captar de esa manera el máximo problema existencial y con ello tener resuelto el conflicto del vivir.

La mente no comprende que con lo abstracto nada puede hacer, y en lugar de no interferir con ello, trata de dilucidarlo mediante esfuerzos intelectuales que lo único que hacen es alejarla de lo que busca, porque evidentemente está buscando algo que de esa forma no existe. Si algo es abstracto y subjetivo, no lo puedo tratar de encontrar como algo objetivo; simplemente porque no existe como tal, y además porque el intelecto no puede introducirse en el ámbito de lo ilimitado, de lo inconmensurable.

Al no ser algo, Dios, el amor, la verdad, la comprensión, se le hace casi imposible a la mente el aceptar que no puede abarcar lo inconmensurable  dentro del mundo limitado del pensamiento, porque el propio intelecto auto-convence al ser humano que sólo es verdad lo que él puede interpretar y analizar. El intelecto de esta manera aumenta el conflicto y la confusión, porque está buscando lo que él mismo decidió que sea algo objetivo, concreto, factual, pero todo ello no lo es, por lo tanto, nada encontrará.

El buscador lo único que tiene para investigar es, a sí mismo, a su mundo del pensar, sus mecanismos, sus estructuras y esquemas mentales, sus obsesiones, porque eso es lo objetivo, lo concreto que puede hacer; todo lo demás es subjetivo, abstracto y no pasará de ser mera elucubración intelectual, que desvía la búsqueda, pero que en realidad es nada más que una forma de escapar para no tener que enfrentarse a sí mismo y a su real locura, obsesión y parloteo incesante de su mente.

Todo eso es nuestro contenido, pero intentamos encontrar a Dios o la verdad con el fin de que hagan el milagro de transformarnos automáticamente para dejar de sentir el sufrimiento, conflicto e insatisfacción, que nos produce nuestra división mental. Esto sucede porque sabemos que si encontramos a Dios, todo estará resuelto y ello nos ahorra todo el tiempo y la inseguridad que produce el intentar conocerse a sí mismo sin el saber dónde llegaremos.

El problema consiste en que sin conocimiento propio es utópico pensar que se pueda conocer lo que está más allá de la mente, lo que está más allá de aquello que el intelecto puede abarcar.

1 comment for “EL PROBLEMA DEL BUSCADOR

  1. J. Almeida
    6 Julio 2010 at 14:15 pm

    felicitaciones sitio web-site, actualizado en asuntos , bueno Se ! Bjs

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