EL MIEDOCENTRISMO

El miedo es el alma de la actividad social. La actividad del miedo se esfuerza por convertirlo a uno en el centro de la vida y en el eje de la totalidad del vivir, en el vano intento de hacer del ser humano el centro del mundo.

Cuando en nosotros habita el miedo sólo podemos pensar desde el miedo, porque somos el miedo, de modo que es imposible ser algo diferente de lo que uno tiene dentro y, por lo tanto, de lo que uno piensa.

Al ser el miedo el centro y motor de nuestra vida, se encarga de crear todo tipo de escapes y entretenciones y el preferido es el querer llegar a ser, lo cual crea el tiempo especulativo que es el devenir.

La importancia personal, que pretendemos sea reconocida por los demás, es el producto de nuestro miedo tratando de buscar refugio, protección, y ésa es la razón de que ello nos transforme en miedo-céntricos, o sea, el miedo tratando de escapar de sí mismo, considerando que para ello nada mejor que el reconocimiento de todos, puesto que ello transmite al ser humano la sensación de amparo, de seguridad, lo que, por lo tanto, termina haciendo del miedo nuestro centro y motor de toda nuestra actividad, acciones y reacciones.

Al ser el miedo el centro del vivir crea infinidad de entretenimientos y escapes, que se extienden desde la creación de doctrinas y creencias, hasta los jueguitos cibernéticos, con el fin de desviar la sensación de barrera, de obstáculo, de parálisis y obnubilación que él hace sentir.

Mientras nuestra mente se encuentra en dichos estados de evasión y escape, la sensación se dispersa únicamente porque nuestra mente está direccionada en una motivación que logra sacarla de su aislamiento obsesivo y en ello encuentra descanso, lo cual le transmite cierta sensación de placer, lo que a su vez la motiva a la prosecución de el entretenimiento, distracción, evasión y escape permanente. Esto alimenta el miedo e incita al ser humano a convertir en necesidad el entretenimiento y en tener que convertirse, de alguna manera, en protagonista de dicha evasión personal y colectiva.

La creación del llegar a ser, posibilita y abre las puertas a todo tipo de confusión y conflicto, el cual es acomodado por el intelecto a través de argumentos y justificativos que brinda mejor que nadie la psicología, siendo esta rama del conocimiento  humano, la que más brinda recetas del tipo sentimentaloide con las cuales logra disimular y esconder la ignorancia que tiene sobre la trascendencia total del miedo.

El miedocentrismo uno lo puede vivir, sentir, pensar y actuar, todo bajo la tutela del temor del no poder ser, no así el egocentrismo, porque ello es algo que sólo existe como definición intelectual pero que nadie puede vivir y mucho menos sentir de la manera factual y palpable que sentimos el miedo y el constante impulso del hacer algo para escapar de él.

Cuando deseamos y decidimos ser importantes o llamar la atención, es sólo el miedo a no ser el que nos impulsa a considerar la necesidad de ser reconocidos, porque ello lo tomamos como la medida necesaria y suficiente que nos indica que somos algo y eso permite, por lo menos por un instante, tener la sensación de ser el centro, y que el resto y toda la periferia nos protege, nos sigue, nos admira, todo lo cual es el ejercicio del miedocentrismo tratando de escapar.

¿Qué es el egocentrismo? ¿Usted lo puede vivir, lo puede sentir? No ¿Verdad? sólo tiene una noción intelectual que le indica que cuando usted actúa, por causa de su miedo, tratando de ser el ombligo del mundo para no ser ignorado, a eso le llama egocentrismo, pero en realidad eso sólo es el miedo tratando de ser el centro de todo para escapar del temor que le provoca el no ser alguien, y eso no es egocentrismo, eso es miedo-centrismo. Sólo que la palabra egocéntrico es más elegante y soportable a sus oídos que la palabra que revela la verdad que motiva y la impulsa en su vivir, en sus creaciones e invenciones ideológicas… Miedocéntrico.