ECOLOGISMO/ ¿NUCLEARES? NO, GRACIAS

La energía nuclear está en primera línea del debate público: la polémica sobre el nuevo almacén de residuos, los accidentes en las centrales, la relación con el cambio climático,etc.
Jesús Castillo y Francis Granados

La energía nuclear tuvo un origen militar. El descubrimiento gradual de la estructura del átomo y la radioactividad permitió el desarrollo durante la Segunda Guerra Mundial por parte del gobierno de los Estados Unidos de bombas atómicas basadas en la generación catastrófica de enormes cantidades de energía. Bombas basadas en la fisión nuclear que fueron utilizadas contra población civil en Hiroshima y Nagasaki en 1945. Fue también durante los cuarenta que se empezaron a desarrollar reactores nucleares para propulsar submarinos militares. Posteriormente, estos reactores fueron evolucionando hasta que, a finales de los años cincuenta, comenzaron a funcionar las primeras centrales nucleares de uso civil. Como vemos, la energía nuclear nació ligada a la industria armamentística, manteniéndose en secreto sus actividades, incluso graves accidentes como el de la central nuclear militar de Windscale (Inglaterra) en 1957.

Las protestas contra el uso de la energía atómica comenzaron en plena Guerra Fría con el nacimiento del movimiento ecologista moderno a inicios de los años setenta. Posteriormente, accidentes nucleares como el de Chernóbil (Ucrania) en 1986 dieron la razón al movimiento antinuclear. Este movimiento se extendió por Europa y consiguió frenar la proliferación de centrales y que muchos países establecieran moratorias. Sin embargo, en los últimos años y al calor del cambio climático, el lobby atómico ha aprovechado para romper con el freno a la energía nuclear en Europa, afirmando que se trata de una energía que emite pocos gases de efecto invernadero. Un lobby que encuentra eco en grandes instituciones internacionales como la Agencia Internacional de la Energía que pedía en diciembre de 2008, mintiendo descaradamente, veinte centrales nucleares más por año para combatir el cambio climático.

Suecia ha sido el noveno país en potenciar recientemente este tipo de energía en la UE, siguiendo a Polonia, Reino Unido, Francia, Finlandia o Rumania. En varios de estos países, como en Francia (con cerca de un 80 % de electricidad generada a través de energía nuclear), estas medidas han sido apoyadas por los sindicatos mayoritarios. El Foro Nuclear contabiliza 44 reactores en construcción en todo el mundo. La campaña de este lobby junto a la colaboración de algunos gobiernos pro-nucleares está calando en la conciencia ciudadana. La última encuesta sobre energía de la Comisión Europea de julio de 2008 arrojaba que en tres años las opiniones afirmativas a la energía nuclear pasaron del 37 al 44%. En el Estado español (donde el 20% de la electricidad tiene origen nuclear), las opiniones favorables a la energía nuclear aumentaron ocho puntos en el mismo periodo. Aún así, la opinión pública sigue siendo mayoritariamente antinuclear; solo el 24% la apoya.

A continuación se aportan datos que muestran que la energía nuclear es una fuente energética no renovable, controlada por unos pocos, muy cara y

peligrosa y que no mitiga el cambio climático.

No renovable y concentrada en pocas manos

Las reservas de uranio se estima que durarán entre 40 y 150 años, dependiendo de los escenarios de consumo contemplados. La construcción de una central nuclear se prolonga por diez años, de manera que las que empezasen a construirse ahora estarían listas para funcionar en 2020. Su vida útil es de 60 años, por lo que si tenemos en cuenta los datos de algunos de los escenarios no habría uranio suficiente para hacerlas funcionar. Si contemplamos los escenarios de más abundancia de uranio, las últimas centrales nucleares no deberían comenzar a construirse más allá del 2080. Frente a una situación de incertidumbre como ésta no es de extrañar que los inversores energéticos privados no apuesten por la energía nuclear si no cuentan con apoyo estatal.

Por otro lado, las reservas de uranio están concentradas fundamentalmente en 18 países, con Canadá y Australia a la cabeza de su extracción. También hay grandes depósitos de uranio en países empobrecidos como Níger o Namibia. Países en los que hemos visto recientemente guerras y golpes de estado impulsados por potencias occidentales y sus empresas transnacionales para controlar recursos naturales claves. Además, en el caso del Estado español la energía nuclear no rompe con la dependencia energética del exterior, ya que las minas de uranio interiores no son suficientes.

Peligrosa y cara

La producción de energía nuclear es muy peligrosa; si se optara por su proliferación, no sería la primera ocasión en la que un pequeño fallo en una central nuclear ocasionara un desastre grave. En los últimos meses las viejas centrales nucleares españolas están sufriendo un sin número de accidentes e, incluso, alguno ha sido disimulado frente a la opinión pública y las autoridades. En este contexto de riesgo potencialmente muy elevado, las centrales nucleares se convierten en claros objetivos terroristas. Además, tras la producción de energía atómica hay que gestionar residuos nucleares extremadamente peligrosos durante siglos, transfiriendo los riesgos a generaciones futuras.

Además, la energía nuclear es también peligrosa para sus trabajadores. Como ejemplo, los ciento veinte trabajadores de la Fábrica de Uranio de Andujar (Jaén) que manipularon este mineral sin protección durante más de veinte años y de los que han fallecido más del 40%.

La energía nuclear es una energía muy cara que no puede desarrollarse sin subvenciones estatales. La construcción de una nueva central consume unos 3.000 millones de euros. A esto hay que sumar el encarecimiento del uranio en un contexto de escasez, los gastos millonarios en la gestión de los residuos, el desmantelamiento de las centrales obsoletas (más de 100 millones de euros por central) y los astronómicos seguros de accidente. Todos estos gastos los pagamos en gran parte en nuestras facturas de electricidad.

Una energía sucia

Ya desde el inicio del ciclo nuclear, en la extracción de uranio, se producen fuertes impactos socio-ambientales. El funcionamiento de las centrales nucleares puede conllevar a accidentes tremendamente graves y producen residuos altamente peligrosos tanto para la salud como para el medio ambiente.

Actualmente estamos inmersos en el debate sobre la construcción de un almacén temporal de residuos nucleares de alta intensidad provenientes de unas centrales saturadas de basura atómica. Han sido varios los pueblos que se han ofrecido a albergar esta instalación en una estrategia desesperada para obtener fondos públicos debido al abandono del medio rural. La construcción de esta nueva infraestructura de almacenamiento únicamente nos lleva a aumentar los puntos de riesgo y a prolongar el uso de la energía atómica. Los residuos de las centrales nucleares deben ser almacenados en las propias centrales hasta que se saturen y cierren sus puertas.

Respecto a las emisiones de gases con efecto invernadero y la energía nuclear hay que decir que si bien una vez que una central nuclear está funcionando no emite mucho más que vapor de agua, si tenemos en cuenta el ciclo nuclear completo desde la extracción del uranio hasta la gestión de los residuos nucleares, las emisiones de gases invernadero son muy superiores a las de los ciclos completos de las energías renovables, aunque inferiores a las del ciclo de los combustibles fósiles.

Alternativas: decrecimiento controlado desde abajo

En definitiva, los que defienden desde el lobby nuclear la energía atómica lo hacen desde una postura egoísta para enriquecerse a costa de la seguridad, la calidad del entorno y el dinero de la mayoría. En sus argumentos, ignoran que la energía atómica está estrechamente relacionada con la industria armamentística y mienten sobre los costes económicos, sociales y ambientales que conlleva la energía nuclear, especialmente si se analiza su ciclo de forma global.

están en funcionamiento no pueden frenarse fácilmente lo que lleva a sacrificar a las energías renovables, por ejemplo, parando aerogeneradores.uAlgunos, como James Lovelock, el padre de la Hipótesis Gaia, afirman que ante la creciente demanda energética y en vista de la gravedad del cambio climático debe apostarse por la energía nuclear de forma transitoria en el ‘mix energético’. Un mix en el que, supuestamente, podrían convivir en armonía la energía nuclear y las renovables (solar, eólica, mareo- y ola-motriz, hidráulica y geotérmica). Sin embargo, nada más lejos de la realidad, la presencia de la energía nuclear está frenando a las renovables, pues cuando las centrales nucleares

Además, la enorme inversión pública sumida en el ciclo nuclear podría impulsar de forma definitiva a las renovables. Fuentes de energía inagotables, que pueden ser explotadas de forma mucho más democrática, más baratas, no producen residuos peligrosos y realmente luchan decididamente contra el cambio climático.

En la actualidad las fuentes renovables aportan aproximadamente el 12 % de la energía, aunque episodios puntuales nos muestran su potencialidad. Por ejemplo, en enero y febrero de 2009, las energías renovables suministraron el 30 % de la energía eléctrica en el Estado español. Numerosos estudios científicos demuestran que sería posible abastecernos totalmente con renovables.

Además, si queremos dejar de exportar huella ecológica desde los países enriquecidos hacia los empobrecidos y de destruir el capital natural para las generaciones venideras debemos decrecer económicamente, a la vez que mejoramos nuestra calidad de vida. En este decrecimiento controlado democráticamente e imprescindible en los países enriquecidos, el papel de las energías renovables será clave al servir como moduladores para la reducción y la democratización de la producción y el consumo, a la vez que mejorarán la calidad del entorno.

Prohibiciones verdes contra la energía nuclear

Una vez que tenemos claro que estamos contra la energía nuclear, ¿Qué podemos hacer? Desde nuestra postura como consumidores de energía no tenemos capacidad de maniobra, ya que en la energía eléctrica que consumimos no podemos discriminar la producida en centrales nucleares. Por lo tanto, lo que nos queda es actuar presionando políticamente en las calles y las urnas, y actuando sindicalmente desde nuestros puestos de trabajo.

Como hemos expuesto al inicio del artículo, la historia reciente del movimiento antinuclear ha demostrado que la presión política puede frenar la energía nuclear y promover las renovables. En las urnas del Estado español, el PP apuesta sin ambages por la energía nuclear y el PSOE prometió no construir nuevas centrales nucleares e ir cerrando, en un plazo demasiado prolongado de 20 años, las existentes. Sin embargo, una parte importante del PSOE, con el ex presidente Felipe González a la cabeza, apuesta por las centrales nucleares y el gobierno ZP ha abierto la puerta mediante ley a que la vida útil de las centrales se prolongue más de 40 años.

El Consejo de Seguridad Nacional (CSN) para la Energía Atómica, organismo público del Estado español encargado de velar por la seguridad, ha estado controlado durante años por cargos procedentes del sector eléctrico y en él trabajan directa y permanentemente técnicos de empresas nucleares. Además, muchos de los alcaldes y concejales de los términos municipales afectados por instalaciones nucleares están contratados directamente por éstas. En parte, esta convivencia entre el poder político y el económico es el resultado de la labor de los lobbies empresariales que están al margen de todo control democrático. Ni el PP ni el PSOE nos aseguran acabar con la energía nuclear. Las alternativas políticas antinucleares están más a la izquierda en las urnas y, sobre todo, en las calles y los puestos de trabajo.

La historia reciente del sindicalismo combativo en varios países nos muestra como es posible frenar el desarrollo de la energía atómica mediante ‘prohibiciones verdes’ (green bans).

En 1976, la Unión de Sindicatos Australianos (Australian Council of Trade Unions) bloqueó la minería, transformación y exportación de uranio. En 1977, una huelga general obligó a readmitir a un vigilante de trenes que había sido despedido por paralizar un tren que transportaban uranio. Este movimiento, en el que se unían sindicalistas, ecologistas y pacifistas, convocó a miles de manifestante en las grandes ciudades australianas y organizó piquetes y bloqueos contra la llegada de muchos barcos para cargar uranio en los puertos australianos.

Otros ejemplos de ‘prohibiciones verdes’: trabajadores navales boicotearon el vertido de residuos nucleares al mar en Inglaterra durante los años ochenta y, en Euskal Herria a finales de los años setenta, los estibadores agrupados en la Asamblea de Trabajadores Portuarios se negaron a descargar material para la construcción de la central nuclear de Lemoiz. Contra este proyecto había un fuerte movimiento popular. Incluso los trabajadores de la misma obra de la central (organizados en sindicatos como CC.OO., ELA-STV o LAB) pidieron la paralización de las obras y fueron a la huelga contra la represión de algunos de sus compañeros.

Este es el camino para construir un mundo sin centrales ni armas nucleares, movilización en la calle, organización en sindicatos verdes combativos y estrechamente relacionados con los movimientos ecologista y pacifista, y una expresión política que nos una en pro de un decrecimiento que mejore la calidad de vida de los y las trabajadoras.

Para ampliar información:

“Nuclear Power is not the Answer” de Helen Caldicoot (2006) The New Press.

Por Jesús Castillo y Francis Granados… www.kaosenlared.net

1 comment for “ECOLOGISMO/ ¿NUCLEARES? NO, GRACIAS

  1. ricardo
    6 Junio 2010 at 21:53 pm

    Si bien es cierto que la movilización en la calle y la organización en sindicatos verdes combativos ha rendido alguna vez frutos, estos han sido siempre parciales e insuficientes. Ello se debe a que estos movimientos estan destinados a impresionar a la opinion publica y a llamar la atencion de quienes tienen poder de decision, pero todos sabemos que las decisiones que finalmente se toman dependen del nivel de conciencia de los funcionarios a cargo. Y detras de estos estan y estaran siempre los grandes intereses de la ambicion, representada por el lucro y el poder. Quienes detentan el poder economico, politico y social tendran siempre una ventaja sobre los que no lo tienen, porque a estos ultimos no les interesan esos valores. Una persona con una conciencia desarrollada, que vive para el universo y no para si mismo, no postula a cargos de poder ni gasta su energia en obtener cargos empresariales o politicos, prefiere respirar la libertad. Por ello la unica salida sigue siendo la misma: elevar, desde adentro el nivel de conciencia de las mentes individuales, para que comprendan que es mas importante evitar la muerte o la contaminacion de un ser inerme ante estas agresiones, que una reunion en wall street, con traslados en mercedes y secretarias espectaculares. Mientras el 90% o mas de los habitantes ¿humanos? de esta tierra consideren que es mas importante “ser alguien” que mirar al vecino y hacerse uno con el, no existe posibilidad de proteger a nadie. El trabajo en las calles puede ayudar, pero no conseguira el cambio que se necesita. Lo que se necesita es descubrir cual es la droga que nos mantiene dormidos, para poder eliminarla de nuestra dieta, y asi poder despertar a la maravilla de la vida natural, sin la contaminacion de los valores del ego.

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