RELIGIÓN Y POLÍTICA

Aunque usted no lo crea esto lo escribió Karl Marx en 1842 cuando era director de la “Rheinische Zeitung“, en un artículo en defensa de la libertad de prensa, decía: Es el espejo espiritual en el que el pueblo se ve a sí mismoy el conocimiento de sí mismo” es la primera condición de la sabiduría.

Debería ser elemental el hecho que cualquier sacerdote o político tendría que conocerse a sí mismo antes de disponerse a ejercer la vocación de servicio que significan estos dos aspectos de la vida y el vivir.

Hemos intentado con miles de métodos y por miles de intereses considerar que la política y la religión se encuentran separadas, divididas, y no tienen relación entre sí, y eso ha sido posible gracias a que tanto la una como la otra, por medio de los hombres que la llevaron adelante, han logrado desvirtuar su esencia, sentido, contenido, y por sobre todo, su razón de ser.

Nadie puede vivir la vida en un solo sentido, sólo interiormente o sólo exteriormente. La religión, lo que significa el conocerse a sí mismo, y la política, lo que significa servir a la sociedad, son la única manera de integrarse y de relacionarse completa y totalmente en el vivir, tanto con uno mismo como con respecto a los demás seres humanos.

Sin conocimiento propio, o sea, sin religión, no existe la menor alternativa para tener alguna posibilidad de conocer a la sociedad, sus problemas y las reales soluciones que necesita, porque este conocimiento es la puerta de la sabiduría y sin ella todo lo que hagamos será el producto de nuestra ignorancia y la consecuente contaminación al resto de la sociedad con la secuela de desgracias, crisis y desdichas.

Sin conocimiento de los problemas de la sociedad, o sea, sin política, la vida del ser humano se transforma en acciones individualistas, egoístas, y se termina viviendo para satisfacer la ambición intelectual-psicológica o material, con la consecuente desdicha, confusión, conflicto y sufrimiento interno que ello provoca.

La política corporativa y la religión sectaria, regidas por mentes adoctrinadas y dogmáticas, han terminado por convertirse en meros carteles ideológicos que trafican miedo a través del chantaje sentimental y psicológico, usando la ignorancia del conjunto de la sociedad como vehículo que les permite obtener los privilegios que da el poder de sentirse apoyado por las masas cuando éstas terminan por aceptar la utopía de sus doctrinas y creencias.

Esto no es religión ni política, esto es profanación, degeneramiento y la corrupción mental que produce la ignorancia de nosotros mismos, porque cuando desconocemos el mecanismo de nuestro pensar, base del conocimiento propio, es inevitable que no terminemos inventando teorías interpretativas, tanto en el ámbito interno como en el ámbito externo, de lo que no comprendemos ni conocemos, sobre nuestro mundo interior y exterior, por lo tanto, no queda más que interpretar, elucubrar e inventar la teoría correspondiente sobre Dios, la economía, el mundo, la vida después de la muerte o del drama social.

Mente política o mente religiosa es aquélla que está exenta de cualquier tipo de cárcel doctrinaria, porque el tener una mente esclavizada por un punto de vista ideológico es la antítesis de la libertad, y al no existir libertad interior es utópico el pensar que exista libertad en la sociedad, por más que la disfracemos de democracia, ya que ella terminará por imponer la esclavitud mental, que impone el pensamiento esclavizador del más poderoso para defender sus intereses y poder someter al más débil.

Sin conocimiento propio no hay ni existe la sabiduría, y sin sabiduría, ¿de qué nos sirve la religión o la política? excepto para dividirnos y enfrentarnos. ¿De qué nos sirve Dios, Jehová, Brahmán, Alá, o el comunismo, el progresismo, el neo-liberalismo, sino para alimentar el conflicto, la miseria, la desgracia y la guerra?

La religión y la política sin conocimiento propio de quienes la ejecutan, ejercitan y la llevan a cabo, es lo mismo que ciegos conduciendo a ciegos: Todos van a parar al fondo del pozo. La actualidad del mundo es la prueba de ello.