POLÍTICA Y COMPRENSIÓN

La política es parte del vivir y de nuestra vida. No existe manera de estar marginado de ella, el problema real que ella presenta es el tipo de política que hemos creado y cómo intentamos ponerla en práctica.

La política es el sacerdocio social del hombre que decide servir a sus semejantes en ese terreno, lo que indica que el ser político debería consistir en ser el administrador de la sociedad y en quien se aboca a solucionar las necesidades que aquejan a sus habitantes, y no a ser el cómplice y seguidor de un punto de vista ideológico que vive para luchar por el poder y para mantener, a cualquier precio, al partido o al movimiento en la vidriera de las ofertas ideológicas con posibilidades de gobernar.

Hemos construido la política sobre la base de la confrontación y el enfrentamiento, perdiendo de vista lo elemental de ella que es servir socialmente a los demás. Si en política, no se vive para servir a los demás, se vive para servir al partido y a sí mismo, y en esto es en lo cual se estancó el político; vive para servirse a sí mismo y a sus intereses ideológicos. Lo más simpático es que se preguntan y dicen no comprender el por qué de su desprestigio y el rechazo de la gente.

La política debe ser una vocación y en ningún caso una profesión, porque ello la desvirtúa del sacerdocio voluntario que significa servir a los demás. Cuando lo importante pasa a ser la doctrina, la teoría, el punto de vista ideológico, es evidente que ya nos dejó de importar el ser humano, sólo nos importa la idea, el ideal, lo que significa que de ahora en más pondremos toda nuestra energía en discutir teorías y en tratar de demostrar que nuestra verdad es la más conveniente para la sociedad. El ser humano y sus necesidades reales quedaron definitivamente de lado.

Si somos incapaces de practicar una política exenta de puntos de vistas ideológicos moriremos ahogados en nuestros malabarismos de palabras que intentan defender nuestras suposiciones, ilusiones y utopías ideológicas, mientras en la práctica de la vida diaria se mueren en la miseria, el hambre y el desamparo, aquellos a los que tenemos el deber de servir.

El problema no es la política, sino el uso que hacemos de ella y las consecuencias que ello termina significando para el resto de la sociedad. La política en sí misma no es nada, y nada puede hacer por ella misma, sólo el hombre hace de la política algo digno y prestigioso de ella, o la transforma en un cartel de la corrupción corporativa e ideológica. Quien debe poner a la política en el lugar que debe ocupar es el hombre, y ello sólo depende de las virtudes que este tenga enraizadas en su mente, alma y corazón.

La política no se puede mejorar a sí misma porque sin el hombre no existe, es el hombre el que hace a la política, no es la política quien hace al hombre. El hombre, en el peor de los casos, hace de la política su fuente de corrupción, lo que significa que no es la política la corrupta, sino el hombre.

El problema, por lo tanto, es del hombre no de la política, porque ella, por sí misma no existe y será virtuosa o corrupta dependiendo del hombre.

La ausencia de comprensión hace que hoy juzguemos a la política en la categoría de casi diabólica, la cual es la causante de todos los males y desgracias, sin poder percibir que ella es sólo una herramienta de servicio indispensable, nos guste o no. Por lo tanto, el esfuerzo para mejorarla radica sólo en la comprensión de lo que la política es y ello involucra el deber nuestro de decidir quien debe, y se ganó el derecho de participar en ella, y por sobre todo, de gobernarnos. Esto no lo hará la política, sólo lo podemos hacer nosotros, y si no lo hacemos terminaremos gobernados por todo aquello que no deseamos ni queremos.

La política es parte de nuestro vivir y somos solamente nosotros quienes deben decidir si la política sirve para el enriquecimiento ilícito de unos pocos o la hacemos servir para el bienestar general de una sociedad. ¡Depende de cada uno de nosotros, no depende de una ideología o del cartel de la corrupción ideológica!