LA TOTALIDAD DEL VIVIR III

Gato

La interrelación de la totalidad de la vida, o sea, el hecho  que en la vida todo está intrínsecamente ligado y relacionado con todo, provoca e incita a nuestra ceguera e ignorancia a un intento vano de dividirla, seccionarla, separarla, (expresándose en nosotros y en la sociedad) con el fin de adivinar entenderla, descifrarla, siendo esto lo que provoca toda la confusión y el conflicto consecuente.

Creemos que la idea, el pensamiento, es todo y el todo, y ello nos arrastra al fraccionamiento tanto interno como externo dividiéndonos entre el hecho y la idea. Somos egoístas pero pensamos que en el fondo somos bondadosos; somos ambiciosos pero pensamos –también en el fondo- que somos buenos, y así sucesivamente, lo que significa que utilizamos la idea, el pensamiento para negar lo que es, para negar lo que somos, escondiéndonos en el discurso de la virtud, que verdaderamente no tenemos en la práctica, con el fin de intentar lavar nuestra conciencia, nuestra vergüenza y nuestra culpa.

El discurso exterior que nos permite escapar de las virtudes y, por lo tanto, de los hechos, lo encontramos -fabricados de ante mano- en las creencias religiosas, en las doctrinas políticas, en las especulaciones filosóficas y esotéricas, en los dogmas económicos, en las elucubraciones mentales-espirituales de la nuera era, en la crueldad que encierra el patriotismo y el nacionalismo, en las utopías que encierra la tradición y la cultura, y en cuanta teoría que nos seduzca y nos permita lavar nuestra conciencia violenta, egoísta y ambiciosa.

Dividimos la vida en la mayor cantidad de cosas que se cruzan en nuestro camino, creyendo que por un lado se encuentra en nosotros el ser político, el cual es diferente del ser religioso, el que a su vez es totalmente distinto del ser social y que no tiene relación alguna con el ser virtuoso, pero que a su vez está separado de ese ser temeroso, egoísta y ambicioso.

Nuestra ignorancia nos obliga a separar la vida simplemente porque no comprendemos la interrelación que ella tiene y por la consecuente conveniencia. Ejecutamos la división en el mundo psicológico porque creemos que eso nos permitirá especializarnos, por lo menos en un aspecto de ella, de la misma manera que lo hacemos en el aspecto práctico, factual, científico. La diferencia radica que en el aspecto técnico, la especialización tiene sentido y es una necesidad, pero en el aspecto psicológico-intelectual es sólo una ilusión que produce conflicto.

La separación en el mundo psicológico-intelectual la realizamos en el intento de escapar de la sensación de locura que nos produce la incomprensión de la interrelación total de la vida. La incomprensión nos induce a las preguntas existenciales y a las posteriores respuestas intelectuales que nos dan cierto sentido de satisfacción, seguridad y conformismo, y aceptamos esas respuestas sólo cuando se acomodan a nuestros intereses psicológicos y materiales. Cuando no encontramos esas respuestas, la sensación de locura se precipita sobre nuestra mente y la desesperación se apodera de nuestra vida, el paso siguiente es encontrar de cualquier manera algo que nos libere de esa sensación.

Es en este, punto cuando aparece en nuestra vida una de las tantas separaciones que hemos construido para escapar de nuestra ignorancia, y el final de ello termina con nuestra afiliación y adopción a cualquier idea.

Hemos dividido la vida en aspectos sociales, económicos, filosóficos, religiosos, espirituales, intelectuales, éticos, etc., dando por sentado que cada una de estos aspectos es independiente y no tiene relación alguna el uno con el otro, lo cual nos lleva  a la convicción absoluta que las virtudes del hombre pueden ser representadas por la mera apariencia, lo cual nos libera completamente de la virtud y del hecho de tener que ser. Sin esta presión encima estamos en condiciones de ejercer cualquier profesión.

Al considerar los aspectos de la vida como separados, independientes y aislados los unos de los otros, no vemos nuestra corrupción como impedimento para ejercer profesiones como la de gobernante, profesor, psicólogo, periodista, religioso, instructor espiritual, pastor, sacerdote, líder político, etc.

Esta es la razón por la cual consideramos que podemos ser comunistas, fascistas, neo-liberales, nacionalistas, o sea crueles hasta más no poder y a la vez también podemos ser, cristianos, humanistas, espiritualistas, filántropos, o sea, mentirosos hasta más no poder, porque la convicción dice que una cosa está separada de la otra, y ello indicaría que no existe relación entre la política, la economía, la ideología, la religión, la sociología, la caridad, la cultura, la educación, la ética, lo cual nos da autoridad y el permiso ético y moral para, en la práctica de la vida diaria, ser crueles y corruptos pero teniendo la posibilidad de ser buenos por medio de nuestras concepciones intelectuales humanistas, filantrópicas, caritativas, filosóficas, teóricas, políticas, espirituales o religiosas.

Ejercemos la crueldad y la ignorancia en nuestras actividades profesionales, personales, y terminamos ejerciendo nuestra hipocresía en la vida pública asistiendo a la iglesia, al templo, al comité, a la unidad básica, a la sede del partido, a las convenciones económicas, a los congresos empresariales, al sindicato, a la unión industrial o asociación agraria, etc., con el fin de mostrar a los demás lo que aparentamos y para que vean  que estamos preocupados por los problemas del mundo y su solución ¿Qué podemos ayudar a solucionar? Nada ¿verdad?.

La separación y el fraccionamiento de la vida y el vivir, alimentan nuestro miedo y nuestra ignorancia, precipitando la necesidad de aparentar lo que no somos. Somos apariencia y es lo único que tiene significado y valor en nuestras vidas y en nuestro vivir.

La separación de las cosas de la vida nos permite, por medio de la apariencia, vender todo lo que no somos, y con ello el estar autorizados para hacer lo que queramos, y para reforzar este tipo de hipocresía… nada mejor que una creencia, una teoría, una doctrina, lo cual además nos permite ejercer con moral y autoridad cualquier profesión, cualquier cargo político, etc., siendo cualquier tipo de poder nuestra máxima ambición y nuestro máximo logro.

El dividir la vida nos da la posibilidad de interpretarla a nuestro antojo sin tener la necesidad de ver lo que realmente es, eximiéndonos de esa manera de todo tipo de virtudes, pasando a ser la interpretación intelectual la base de acción de nuestro vivir y su esencia, las virtudes quedan sujetas al mismo antojo intelectual de la interpretación que concluye en el “no ser necesarias” para nuestro desenvolvimiento en la actividad que nos toca ejercer en la vida.

Esa es la razón por la cual podemos ser ambiciosos, egoístas, vanidosos, corruptos, mentirosos, traidores, y a la vez ser presidentes de una nación. Como las cualidades humanas no juegan ningún papel de importancia en la vida pública, (para los demás y para nosotros) y tampoco vemos la interrelación que tiene lo que somos y lo que queremos ser, adherimos a ello y podemos hasta reelegir a esta persona porque para nosotros lo único importante es la satisfacción de nuestras ambiciones materiales y la concreción imposible de nuestras interpretaciones intelectuales… nada más. El resto es casi anecdótico, sólo juega un papel de decoración en nuestra vida. Lo importante, por lo tanto, pasa a ser la apariencia, y ello lo pagamos con el caos y la crisis permanente en la cual vivimos.

El vivir siempre será una totalidad, nos guste o no, y si no comprendemos esto, la división y el conflicto en la sociedad será el eje de nuestra vida, y el consecuente conflicto mental, lo único conocido. La vida es una interrelación de todos los componentes que ella tiene, pero la dividimos porque nosotros estamos divididos y la división exterior es sólo el reflejo de nuestra confusión interna.

La ignorancia sobre nosotros mismos es la censura y la imposibilidad absoluta de producir una vida y un mundo placentero y digno donde vivir, puesto que sin conocimiento propio es imposible la sabiduría, la cual es la única capaz de ver y producir una vida y un mundo total.

Mientras separemos y dividamos la vida, el vivir y, por lo tanto, el mundo, nuestra vida y nuestro mundo serán caos y confusión, y nuestro vivir tendrá que seguir siendo especulación intelectual que colaborará con esta división, confusión y caos, en la producción de más teorías, doctrinas, creencias, opiniones, argumentos, justificativos e ideologías. O sea, más de lo mismo.

La concepción de que la apariencia tiene más significado que la virtud, es nuestro ataúd. La concepción de que la virtud no es la base de construcción de cualquier sociedad racional, es nuestro cementerio.

El dividir la vida, nos permite la aceptación de todo tipo de corrupción como un mal menor en nosotros y en la sociedad. Cuando abandonamos la virtud y la dejamos de considerar parte sustancial de la totalidad del vivir y el eje por el cual se debe regir toda sociedad racional, nuestro destino no puede ser otro que el lamento.

¡ DE NOSOTROS DEPENDE ¡

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