JUSTICIA E INJUSTICIA

Todo lo que hacemos es justo, todo lo que nos hacen es injusto. Hemos establecido la justicia y la injusticia a partir de nuestras propias limitaciones, que nos imponen la falta de comprensión de nosotros mismos y, como consecuencia, del vivir.

Mis derechos terminan donde comienzan los del otro. Este slogan es tan falso como mentiroso, puesto que justamente por no respetar el derecho de los demás es que existen las leyes. De la misma manera nosotros hacemos las leyes internas a través de nuestra escala de valores, y esas leyes determinan nuestros relacionamientos externos en la convivencia, lo que significa que nuestros derechos comienzan y terminan de acuerdo a nuestro ánimo, antojo, ganas y deseos.

El temor, el miedo, que nos embargan lleva, a cualquier tipo de ser humano, a recurrir, en mayor o menor medida, a la información intelectual como medio de intentar recompensar esta debilidad, creyendo de antemano que el pensar, tarde o temprano, encontrará la solución final que nos libre de la ignorancia que alimenta el miedo. Este tipo de entretención nos desvía de la posibilidad de ver, observar, descifrar, convivir, trascender y comprender, el mecanismo de la mente que arma el miedo y que lo alimenta. En el medio de esta turbulencia mental creamos las concepciones de justicia e injusticia con el fin de protegernos, lo cual en realidad aumenta la inseguridad.

Se podrá argumentar ¿Qué hacemos entonces? ¿Dejamos todo así, sin leyes que nos protejan? Lo que realmente tenemos que hacer no consiste en más leyes, sino en el abocarnos seriamente a resolver, mediante el auto-conocimiento, nuestros conflictos, dilemas y problemas interiores, para que éstos no se conviertan continuamente en los genios legislativos.

Si la justicia nace de nuestro miedo y en consecuencia de todos los problemas que trae aparejado, es evidente que sólo crearemos más injusticia y por lo tanto, más inseguridad. Para que exista justicia debemos mejorar, no los códigos de procesamiento penal, sino al causante de la injusticia y los problemas que somos nosotros mismos.

Tenemos tantas ideas como cantidad de cosas existen en el mundo, de las cuales estamos convencidos que esas ideas algún día  serán  realidad, y es así como nos dormimos en los laureles de la esperanza en la espera que nuestras utopías se conviertan en realidad [...] algún día. Esto nos permite todo el tiempo del mundo para postergar lo único serio que podemos hacer con la vida… conocernos a nosotros mismos. Nada podremos arreglar en nosotros y en consecuencia en el mundo sin este conocimiento elemental porque nadie puede ir a la universidad sin pasar por la escuela primaria, y la escuela primaria de la vida somos nosotros.

Intentamos, opinamos y pensamos, cómo sería mejor el mundo, pero jamás se nos ocurre intentar, opinar y pensar, cómo ser mejores nosotros, lo cual es la única justicia que podemos aplicar con nosotros y el mundo.

La justicia y la injusticia, que nacen de nuestra confusión, son nada más que los deseos particulares de la mente tratando de organizar un mundo para ella, y por lo tanto, para sus deseos. El problema con que se encuentra es que existen 6500 millones de seres humanos que desean lo mismo, con lo cual se suscita otro problema mayor, o tenemos un mundo para 6500 millones de seres humanos, o tenemos 6500 mundos, cada uno con justicia propia y adecuada a nuestros deseos personales.

El hombre crea en su mente su propio mundo justo, dichoso, bueno, exento de injusticia, o sea, perfecto, pero como esto es una proyección psicológica externa, que no tiene relación alguna con lo que él es interiormente, se transforma en el candidato perfecto para adoptar, en la feria intelectual de la sociedad, algún tipo de creencia que le permita proyectar su mundo, buscando con los compañeros de ideal el concretar ese sueño. Esta acción lo inhabilita de por vida a ser un ser libre, puesto que piensa consecuentemente y ello lo encasilla en una particular creencia en donde lo importante pasa a ser la idea, no el hombre.

La esencia del creador de problemas y de conflictos en nuestra vida y, por lo tanto, en el mundo, es el hecho de no pensar por nosotros mismos, puesto que siempre pensamos siguiendo un patrón de amoldamiento dado por la tradición, la cultura, la educación, la política, la religión, existente en la sociedad particular donde pertenecemos.

Creemos que pensamos por nosotros mismos porque sabemos que se nos pueden ocurrir millones de elucubraciones y alucinaciones individuales, pero resulta que eso le pasa a todo el mundo, y cuando todo el mundo piensa que sus elucubraciones y alucinaciones son únicas ¿Dónde queda el pensar diferente, único, exclusivo? Lo único diferente que hay en este tipo de pensar es el tiempo (Antes o después que los demás) en el cual proyectamos  el tipo particular de locura de nuestra mente.

Con esta mente es con la cual determinamos lo que es justo e injusto, y es ésta misma mente quien crea los códigos de justicia penal, comercial, civil, etc. para la sociedad. Antes de mejorar nuestros códigos penales ¿No tendríamos que arreglar nuestra mente? ¿No sería esto un acto de justicia que repararía la injusticia que le hemos provocado al mundo?

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