EL MUNDO INTERIOR

El mundo interior lo define el estado en que se encuentra nuestra mente. La armonía o el caos interior dependen de la comprensión de nuestros mecanismos del pensar, sus obsesiones y el funcionamiento del miedo.

Hablamos sobre el mundo interior y realmente no sabemos muy bien lo que es, de qué está constituido, si contiene algo o no, o es sólo una definición que sólo sospecha que evidentemente debe existir.

En nuestro vivir tenemos armonía o no la tenemos. Si el mundo interior contiene algo o no, es intrascendente puesto que todo lo que podamos definir como contenido del mundo interior lo podemos inventar, pero la realidad nos muestra como hecho, no como teoría, que de acuerdo a cómo se encuentre nuestra mente, así es como nos sentiremos interiormente.

El estado de la mente, por lo tanto, es quien define nuestros estados sentimentales, emocionales, intelectuales, psicológicos, y la dependencia del tipo de pensamiento que tengamos, constituye la esencia de nuestro mundo interior y, por supuesto, su estado.

El mundo interior refleja lo que pensamos y en consecuencia lo que somos. Lo que pensamos es lo que somos y es nuestro mundo interior. Pensamos en ser buenos, pero realmente somos egoístas, lo cual significa que somos hipócritas, pensaremos, por lo tanto, de acuerdo a nuestra hipocresía. Lo que somos es lo que pensamos.

Es imposible que seamos algo diferente de lo que pensamos y es eso lo que llevamos eternamente con nosotros, por lo tanto, en nuestro interior. Creemos que existe la posibilidad de pensar una cosa y ser otra, lo que se transforma en otro de los atractivos que tienen las ideologías para captarnos y atraparnos porque nos brindan la sensación de que esto es posible. Las emociones, los sentimientos, son perturbados única y exclusivamente por el pensamiento, puesto que sentimos de acuerdo a nuestro estado intelectual-psicológico y ello es lo que nos hace ingresar en contradicción con lo que hacemos, transformándose nuestra vida en una desarmonía absoluta, ya que pensamos una cosa, sentimos otra y terminamos haciendo otra.

Nos sentimos molestos de nuestro mundo interior, e insatisfechos con nosotros mismos, sin percibir que el único problema que nos coloca en ese estado es nuestro pensar y la incomprensión de su mecanismo de funcionamiento. Es la comparación y la asociación de ideas quien pone en funcionamiento el mecanismo repetitivo del pensar y sus consecuentes obsesiones.

La observación desnuda de nuestro pensar, sin condenas y juicios, logra poner al descubierto la rutina de permanente asociación de ideas, comparación, suposición, interpretación, deducciones, conclusiones, que son en definitiva el contenido de nuestra conciencia, lo que permite ver y descubrir el campo absolutamente limitado en que se mueve la mente.

Nuestro mundo interior se caracteriza por la insatisfacción, porque nuestro estado mental se encuentra generalmente en conflicto entre lo que es y lo que desea que sea, lo cual crea la fragmentación, y ello es la base donde se sustenta la insatisfacción, llevando al mundo interior a su propio infierno y adoptando cualquier tipo de muleta intelectual-psicológica para escapar de él.

La condición natural del mundo interior lo podemos ver en los niños, pero con la incorporación del análisis y la comparación, terminarán perdiendo ese estado de inocencia natural, y el mundo interior comenzará  a conocer la desarmonía, la división interior y el conflicto.

Nuestro mundo interior no funciona dependiendo de la suerte o la casualidad, nuestro mundo interior funciona de acuerdo a nuestro pensar y es este pensar el que determina nuestros sentimientos, emociones y miedos, encontrando en la intelectualidad el supuesto escape, porque nos da la sensación de estabilidad mental, la cual nos brinda la posibilidad de aparentar cierta seguridad en nosotros mismos, hasta que nos toca enfrentarnos con la muerte… y nuestra mentira se desvanece.