EL DESEO

El deseo nace de la ambición y se caracteriza por ser el incitador mental que transforma a la ambición en una necesidad mediante la incesante obsesión. El deseo es el dolor de la ambición y quien produce el sufrimiento.
Al ser el deseo la obsesión mental de la ambición, es también el sufrimiento, porque sólo existe el sufrimiento cuando nuestra mente está obsesionada. Sin obsesión no hay sufrimiento. El sufrimiento es desagradable por la obsesión que lo acompaña, si no existiera la obsesión, no existiría el sufrimiento.
El deseo en sí mismo es obsesión, lo cual significa que el deseo es el movimiento del sufrimiento. La ambición es el motor que pone en acción al deseo y la cuna donde nace el deseo.
El deseo es la ambición, la ambición da nacimiento al deseo y éste da nacimiento a la obsesión. Sin el factor de la ambición no existe ni el deseo ni la obsesión.
El hombre desea porque se encuentra convencido de ante mano que la conquista de lo ambicionado le permitirá acercarse a la realización, a la meta que se ha impuesto y quizás a la felicidad. Esta suposición mantiene vivo al deseo y le da la energía y el impulso suficiente para establecerse en la mente del ser humano y hacerse parte de su vivir.
La ambición-deseo es la ideología que ha gobernado y gobierna el mundo y ésa es la razón por la cual los gobernantes no han podido ni podrán sacar a la humanidad del dolor y la desdicha puesto que ellos mismos son la encarnación de la conjunción ambición-deseo.
Esta misma ambición-deseo es la que incita al hombre a desarrollar las ideologías con el fin de obtener y llegar al poder. Sin ambición no hay deseo, y sin esta conjunción de ambición-deseo no hay necesidad de someter a la humanidad a la explotación material, psicológica e intelectual, y a uno mismo a la desdicha y al dolor.
¡Acabe con la conjunción ambición-deseo y así estará ayudando al mundo a ser mejor!.

8 comments for “EL DESEO

  1. seba
    26 Mayo 2010 at 21:32 pm

    hola, y como hacemos para no alimentar esa estructura que tomamos como natural?
    saludos!

  2. doxia
    6 Junio 2010 at 21:05 pm

    hola, me parece razonable lo expuesto, pero de qué otra herramienta puede servirse el ser humano para impulsar su acción sino es mediante el deseo? No podemos desear cosas sin ambicionarlas, sólo por el hecho de apreciar lo bello? Más alla de lo material y las relaciones personales, el deseo por conocer, no es en sí mismo el comienzo de todo? O es quizá eliminar la ambicion y quedarse con el ingrediente del deseo, haciendo del objeto de deseo una persecución constante…Realmente pasa eso con la felicidad.

    La duda se ha alimentado de mi con este escrito, y quiza sera que no he entendido nada.

    Felicitaciones por la pagina.

  3. ricardo
    6 Junio 2010 at 22:37 pm

    La duda aparece porque no comprendemos el mecanismo del intelecto para forjar el deseo. No es necesario en absoluto desear para vivir feliz, ni es necesario ambicionar para ser rico. “No es rico quien mas posee sino quien menos necesita”. ¿Que es el deseo?. ¿En que se diferencia de una necesidad?. Las necesidades en realidad no existen en el mundo sicologico. Necesitamos solamente en el mundo fisico, factual, objetivo. Alimentos, ropa, techo, en fin, lo necesario para mantener nuestros sistemas biologicos funcionando, La verdad es que si miramos donde encontrar estas cosas, nos daremos cuenta que son muy faciles de ubicar. Lo que no es facil es encontrar los articulos de marca, caros, exclusivos y que dan estatus. Para ello debemos entrar a ese mundo, y jugar su juego. Pero ¿porque “necesitamos” entrar en ello?. Nuestra realidad esta siempre presente. Si no nos gusta, la podemos cambiar. De ahi nace el deseo. Tenemos algo y queremos otra cosa. Eso genera una distancia, asocia dos pensamientos, la imagen de mi mismo ahora y la que quisiera tener. Esa imagen que quisiera alcanzar esta en el futuro, es una “esperanza”, y no es real. Si soy capaz de aceptar mi realidad sin comparar, sin asociar, sin ambicionar, entonces no existe dualidad. Lo que es, es lo que es, y no hay ahi cabida para el sufrimieno. Si quiero cambiar, cambio, actuo, no imagino que actuo, simplemente lo hago. Las necesidades sicologicas (deseos)son producidas por los pensamientos, por el movimiento asociativo de dos o mas ideas que, a traves de la comparacion, me muestran un mundo utopico inalcanzable para mi ahora. Eso me genera sufrimiento, y puede desencadenar acciones de consecuencias incalculables si estas acciones se guian por la ambicion de obtener lo antes posible esa utopia. La inteligencia es la accion en presente, generada desde el silencio de ese presente inconmensurable donde esta la comprension de lo que ocurre, y no desde el pasado guardado en la memoria que siempre llega tarde, porque ya esta muerto. Toda la informacion de la memoria es una foto de la realidad, porque el devenir de la vida no se detiene, es inasible, no se puede atrapar, Entonces, o nos movemos con la vida, o la fotografiamos para tratar de apropiarnos de ella. De esta ultima manera solamente engendraremos sufrimiento, porque jamas podremos asir lo que ya paso.
    ¿Como vivr entonces? ¿Desde donde relacionarnos con la realidad?. No existen recetas, pero una recomendacion facil de entender es cambiar la pre-ocupacion, que es pensar en algo, por la ocupacion, que es actuar sobre algo para modificarlo. No dejemos vagar el pensamiento en posibilidades. Usemoslo para guiarnos en la reflexion, en la investigacion de los hechos, en la informacion de lo tecnico. Y cuando actuemos, dejemos el pensamiento de lado, para conectarnos con el presente que esta ocurriendo, a traves de la percepcion que ocurre en la atencion total. No contaminemos el presente con el pasado. Son dos mundos incompatibles. De esta mezcla es hija el sufrimiento.

  4. pablo
    7 Junio 2010 at 16:28 pm

    Sobre el tema, las dudas y preguntas que se hacen, me permito remitirles a un comentario que ha hecho Horacio en el artículo “pensamiento y deseo”, si no lo han leído ya, el que está relacionado con todo ello.

  5. 7 Junio 2010 at 17:52 pm

    ¿Que es el deseo?

    Veo que hay consenso casi unanime en de que se trata.

    Todos llevamos ambicion potencial. Pero cuando la dejamos suelta (casi siempre, por desgracia), esa ambicion se direcciona hacia algo especifico (dinero, poder, conquista sentimental, mansión en Marbella, etc.), y eso se convierte en nuestro “objeto de deseo”.
    Este ya establecido, ahi comienza la dinamo deseadora, es decir, empiezan a trabajar los mecanismos (plural) obsesivos, y eso nos coloca en la jaula aprisionante.

    Esto es mas o menos correcto, pero no responde a nuestra inquietud.

    Entonces, es mas práctico hacerse la pregunta correcta:

    ¿Por que el deseo?
    ¿Acaso es por culpa de nuestro intelecto?

    Si y no.

    Si, porque nuestro intelecto elige y luego se focaliza en nuestro objeto del deseo (no existe el “deseo abstracto”), y el proximo paso es la obsesion, que ya actua por si misma, desbordando incluso al mismo intelecto que eligió desear eso.

    Digo, hay tres pasos previos hasta que aparezca el deseo obsesivo, la forma cruel de sufrir por algo que consideramos que sin ello no habria dicha posible.

    Primero: Desatencion

    Segundo: Desatencion que deja paso a nuestra ambicion, no sobre cosas irreales, sino sobre cosas que nos gustan y que en si mismas no son malas. No es malo tener mucho dinero, no es malo tener una pareja bella, no es malo tener una mansión en las Bahamas, como tampoco es malo llegar a ser Secretario General de la ONU.

    Tercero: Dejando suelta la atencion, tambien queda suelta la ambicion (irrestricta por desatencion), y esta solamente actua sobre algo que verdaderamente (y hasta inocentemente) nos gusta.

    Recien alli viene eso que llamamos deseo (Cuarto paso)

    El quinto paso es la faz obsesiva del deseo, pero eso ya es estar en el infierno.

    En suma, el intelecto no es el culpable primigenio. El verdadero culpable es nuestra atencion dormida que no nos permite discernir entre lo necesario y lo placentero. Entonces, dejandolo suelto, el intelecto nos pone a su disposicion, en vez de ser al reves.
    La diferencia la hace estar atentos a nuestro intelecto, poner la mente a direccionar el intelecto y no al reves.

    En cuanto a que dejasen de gustarnos las cosas que nos gustan, es tan estupido como casi imposible. Que nos gusten cosas no hace, no en si mismo, daño a nadie. Ahora, convertir eso que nos gusta en “objeto de deseo”, bueno, eso si que desencadena desgracias en cascada hasta tal punto que, incluso, por el deseo insatisfecho, hasta puede dejar de gustarnos esa magnifica Ferrari que no llegamos a adquirir. Lo triste es que aun asi, esa Ferrari sique siendo un vehiculo maravilloso, pero solo para quien tiene dinero de sobra para comprarsela.

    El resto, bueno, el resto es ambicion y deseo, cuyo mecanismo ya vimos (lo vimos expresivamente, ahora, ¿lo vemos en verdad?

    En sánscrito, “deseo” se pronuncia “avidya”, que significa “sed”.
    Ahora bien, tener sed por cualquier otra cosa que no sea liquido a ingerir, es realmente una estupidez, pero… por desatencion, nos termina pasando muy frecuentemente. “Tengo mucha sed de tener una Ferrari, pero que sea roja, si no, no me alcanzará para saciar mi sed… pues soy muy clásico en mis deseos”

  6. Víctor
    7 Junio 2010 at 23:58 pm

    La naturaleza original del deseo es la insatisfacción, por lo que todo lo demas que se pueda decir acerca del deseo o la ambición es meramente intelectual. Cuando se produce un hecho cualquiera de la vida, la conciencia lo capta o percibe; luego lo califica en bueno o malo, positivo o negativo; después de ello viene la aceptación o deseo o el rechazo y por último la reacción.- El proceso se produce con tal velocidad que no lo advertimos,sino solo la reacción, por lo que resula sumamente dificil ver el hecho en sí, sin las connotaciones que cada uno le pone según sus ancestrales condicionamientos mentales. Por lo tanto no se trata de ver si esta bien o mal que desee o no algunas y determinadas cosas, la observación no esta en las “cosas” que deseamos o rechazamos, sino en uno mismo, internamente, en esos condicionamientos que nos marcan y determinan nuestro diario vivir.

  7. martin campobassi
    8 Junio 2010 at 2:07 am

    ¿Quien es el que desea?, el deseo ¿surge y muere?, ¿es constante?
    ¿Cuales son sus cualidades descriptivas?, ¿es fundamental para la supervivencia?, ¿cual es la diferencia entre necesidad y deseo?
    Es el deseo el motor de la acción. ¿Hay acción sin deseo?
    ¿Que papel juega el placer y el displacer en el deseo? Si el deseo es apetito por prolongar y eternizar las cosas e impresiones placenteras y agradables, ¿porque sufrimos cuando no hay deseo?
    Si el deseo, el pensamiento, el sentimiento, se forma y se diluye sin cesar, ¿en donde me alojo como sujeto?
    ¿Existo a partir de ellos?
    ¿Existo por la ausencia de ellos?
    ¿Soy una intermitencia de un constante devenir entre un pensamiento y otro, entre un sentimiento y otro, entre una acción y otra?
    ¿Acaso la misma búsqueda no esta plagada de deseo de placer y éxtasis?
    ¿Acaso alguien buscaría lo sublime si esto no estuviera asociado a la idea de logro de la pacificación, y la ausencia del dolor?
    ¿Quien buscaría la realización? si esta no estuviera a priori asociada a la conquista del ego, la realización máxima del ser, el cielo tan mentado de la mente, la claridad y mansedumbre del éxtasis.
    ¿Acaso el deseo no se cuela en la búsqueda de comprensión, de estados mentales sublimes, etéreos, luminosos.¿ Quien buscaría a dios si a precoup el universo nos dijera de forma total e inequívoca que nada de lo que hagamos, ni siquiera encontrar a dios nos sacaría del sufrimiento y de la muerte?. ¿Deseamos a dios o deseamos la ausencia de dolor? ¿Es la ausencia del dolor la prueba de la existencia de dios?
    La búsqueda por mas sublime que sea esta plagada de deseos de permanecer, transcurrir y escapar del dolor.
    ¿Quien es el que dice?”Esto es deseo, esto es dolor, esto es placer”.
    ¿Donde estoy parado en mi saber y conocimiento de mi cuando me encuentro profundamente dormido, y todas mis funciones mentales están inconcientes?

    ¿Donde están las preguntas por el deseo, la verdad, el saber cuando soy puro odio, puro éxtasis, puro miedo, puro dolor?
    ¿Donde esta el deseo cuando la gravedad de una herida no nos deja un mínimo de esperanza de sobrevivir?
    ¿ Que es actuar sobre algo para modificarlo? ¿Quien es el que actúa? ¿El no deseante o el deseante?
    ¿Quien es el que deja el pensamiento de lado para actuar libremente?
    ¿No es el mismo que piensa, hay que dejar el pensamiento de lado para actuar libremente?
    ¿Hay un conocimiento certero de todo esto que se esta hablando?
    Si hay una comunicación directa entre el deseo y el objeto de deseo ¿porque a veces se realice todo lo contrario a lo que supuestamente deseábamos?
    ¿Cuando surge el deseo sexual?, ¿este es disparado por una necesidad física impuesta genéticamente, inteligentemente, estratégicamente preparada por un conjunto de químicos y hormonas diseñados específicamente para empujar al hombre a procrearse?,
    ¿Es producto de la imagen mental de una bella mujer?, o ¿es el roce de un cuerpo sin un solo pensamiento que haga de intermediario?
    O ¿es todo eso a su misma vez?
    ¿Esta el deseo íntimamente ligado al objeto, o existe el deseo sin objeto?

  8. Pablo
    9 Junio 2010 at 14:22 pm

    Lo veo así: El deseo es abstracción, su objeto es abstracto porque él es abstracto… O sea, el objeto del deseo es ideal, y cuando el deseo comanda nuestros movimientos estamos siguiendo algo que no es real, sino un engaño fundado en un recuerdo y en una promesa de satisfacción, ambas abstractas e ideales, de modo que cuando ya estamos atrapados y conducidos por el deseo sólo queremos satisfacerlo y esa demanda presiona cada vez más para que reaccionemos a ella… Sin embargo, una vez que se ha operado lo que el deseo promovía, no se puede producir la satisfacción real, entre otras cosas porque siempre todo se trató de abstracciones e ideales… Esto es absurdo, pero cuando lo transformamos en un problema…, entonces vamos a tratar de resolverlo mediante el mismo instrumento, por así decirlo, que lo creó: el pensamiento confuso y problematizador…
    Es decir, como lo señala el artículo y los comentarios precedentes, el deseo nos lleva al sufrimiento… Importa saber cómo se origina y se fortalece el deseo, porque en todo su despliegue “es” sufrimiento. Por eso cobra relevancia lo que se nos dice: es el “dolor” de la “ambición” y es el “incitador mental” que nace, acompaña y acrecienta dicha ambición, tornándose falsa “necesidad” y “obsesiva” persecución, todo lo cual, siendo esencialmente una idealización, genera insatifacción, confusión, esfuerzo, conflicto y, en definitiva, sufrimiento.
    O sea, cualquiera sea el deseo, el ideal, no lo vamos a alcanzar, simplemente porque es imposible, no existe sino en el ámbito de la fantasía, no es real y sus consecuencias no son nunca lo que se prometía, sino sólo desgaste, confusión, renovada insatisfacción y retorno a lo mecánico, a la obsesión, al sufrimiento … De manera que el deseo promueve reacciones y no acciones; sólo nos hace caer en la misma trampa de la idea, la insatisfacción, la obsesión y el esfuerzo, una y otra vez. Lo que pasa es que no sabemos hacer las cosas sin desearlas, porque siempre estamos evitando algo inconveniente o esperando una recompensa, y la promesa de solución es lo que ambicionamos y lo que incita y acrecienta el deseo… Pero esto habría que comprobarlo en uno mismo, y quizá la vida y la belleza sean algo completamente diferente a la ilusoria y repetitiva estructura, ideal y abstracta, en la que vivimos…

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