Sobre la Obsesión

Existen tres tipos de procesos obsesivos en la mente humana, el rutinario o llamado normal, el selectivo y disperso y el exclusivo o único.

La ley suprema de la Obsesión es: Siembra y cosecharás.

La obsesión rutinaria es aquella que transita por la mente del hombre, basada fundamentalmente en ilusiones y problemas que lo aquejan. Las ilusiones están direccionadas a proyectos futuros que supuestamente, la concreción de los mismos le permitan llegar a ser algo diferente a lo que es ahora. Esta obsesión también se encuentra saturada de entretenciones esclavizantes como la pornografía, la televisión, Internet, el fanatismo deportivo, el fanatismo nacionalista, el fanatismo por los autos, la ropa, la persecución del éxito, la fama, etc.

La obsesión rutinaria o normal se diferencia de las demás, porque en ese parloteo incesante de la mente, ésta no selecciona un tema o algunos temas como los más importantes, para ella todos los temas que se cruzan en su camino tienen y les da la misma importancia y valor, por lo tanto, le aplica la misma pasión y energía; al club de fútbol del cual es hincha, como a la ropa que le gusta o a la pornografía, como así también a sus sueños, obsesiones, proyectos y problemas. La mente, en este tipo de obsesión es como un mono que salta de rama en rama sin parar todo el día, o sea, la mente salta de un tema a otro sin bajar el voltaje y sin disminuir la velocidad de su verbalización, sin darse cuenta siquiera que cambió de tema.

Esto es realizado mecánica y automáticamente en un estado de inconsciencia total sobre la enfermedad mental en la cual está envuelta y prisionera que es la obsesión. Como el 99 % de la humanidad vive con este tipo de mente, a esta locura se la designa como lo normal. Esta mente no para de pensar, desde que se levanta hasta que se duerme, (esperemos que no tenga pesadillas) y el motor que impulsa el movimiento de este parloteo incesante es la ambición del querer llegar a ser. Los adicionales que colaboran para mantenerla activa en esta enfermedad son, el

deseo, la recompensa, los resultados. En definitiva, estamos todos locos pero, cómo democráticamente el 99,99 % de los seres humanos hemos votado por esta normalidad […] ¡entonces somos normales!

El proceso obsesivo llamado de selectivo y disperso, se caracteriza por tener un tema central y 5 ó 6 temas intermedios secundarios dispersos. Generalmente el tema central que ocupa a esta mente, es el sexo o el dinero. Lo llamo selectivo porque esta mente es capaz de desechar todo tema que ella considere que no le es de importancia intelectual, psicológico o material, para ser tratado obsesivamente. Si en el proceso anterior la mente se obsesionaba con 100 ó 500 temas durante el día, ahora ese mismo tiempo es ocupado por sólo 6 ó 7 temas.

Esta mente se ha refinado con el paso del tiempo ya que, esta mente selectiva, generalmente la tienen los seres humanos mayores de 40 años, a los cuales la vida les ha demostrado, a la fuerza, que el 95 % de sus sueños son irrealizables, por lo tanto, se han resignado. La importancia que tienen estos 6 ó 7 sueños obsesivos que le quedan, le durará hasta los 65 años más o menos y de ahí en más se reducirán en dos, el sexo y el miedo a la muerte, y estas dos obsesiones serán las que lo acompañan hasta el final de su vida.

El proceso obsesivo llamado de exclusivo o único, es un poco más complicado tratarlo debido a que en este proceso intervienen entes espirituales y ello hace que cuando se explica se raye en el dogma, en la creencia, y a raíz de esto se corre el peligro de estructurar una teoría dogmática sobre el tema.

Este proceso tiene la característica de ser incomparable a los demás porque la obsesión aquí está centrada en un solo tema, único y excluyente, donde la mente está encarcelada 24 horas en él sin ninguna tregua. Sólo piensa inducidamente en ello sin tener espacio de tiempo para pensar en otra cosa.

Toda la vida se reduce a ese pensamiento único durante todo el día y en la noche se sueña con el tema, o sea, la mente se encuentra absorta y completamente aislada de la vida; toda la vida se reduce a este pensamiento y todos los pensamientos convergen en esta obsesión. Esto, además, es acompañado por visiones de reencarnaciones pasadas y por una imparable asociación relacionadas (todas) con la equivalencia a la felicidad si se conquista lo obsesionado, en el caso que sea de índole agradable.

A esta mente se le hace imposible poder intentar siquiera, que lo único que debe hacer es, no desear que esta obsesión se vaya o se quede, sólo la puede comprender “dejándola ahí” sin intervenir para alimentarla o colaborar con ella.

Este tipo de obsesión única y exclusiva, puede ser de dos índoles, agradable o desagradable. Cuando es desagradable generalmente el tema está relacionado con aspectos de odio, violencia, miedo o alguna variable del moderno síndrome de pánico […] Cuando es agradable está relacionada con el sexo, la pareja, el poder, la fama o el éxito.

En este tipo de obsesión el objeto deseado es la totalidad de la vida, es todo por lo cual vivir. La inmensidad de cosas que contiene la vida desaparecen de la mente y, como para el ser humano el pensar es sinónimo de vivir, queda convencido que este acontecimiento es lo único verdadero y real que le ha sucedido en su vida.

La realidad es que antes estuvo normalmente loco, luego estuvo medianamente loco y ahora está completamente loco, y esto es lo único y verdadero que le está aconteciendo, puesto que su vivir se ha reducido a un pensamiento que es único y exclusivo.

Si el ser humano es capaz de “soportar”, no interfiriendo, no colaborando, con esta obsesión que además es inducida por obsesores espirituales y otro tipo de “entidades”, podrá comprobar que esto es sólo una energía alimentada por una interminable y eterna verbalización mental, y nada más. Evidentemente el ser capaz de esto no es fácil y mucho menos cuando estamos habituados y entrenados en el vivir exclusivamente para satisfacer el pensamiento, lo cual significa satisfacer nuestros deseos, ambiciones y egoísmos.

Si el ser humano logra conquistar el objeto deseado por su obsesión, siente una satisfacción total, completa y esto es así porque es una de las muy escasas veces en la vida que una idea ha obtenido el resultado que proyectó, por lo tanto, pasa a creer que está viviendo esa idea como un hecho. Lo que el ser humano no sabe es lo que viene después.

Toda idea desea su concreción, un resultado, que significa para ella la comprobación de que está en lo cierto. Nuestras ideas nunca existen sin el aditivo del resultado lo cual es su recompensa. Esto es lo que crea la dualidad en la mente, la división, el fraccionamiento interno, por lo tanto, el conflicto, lo que a su vez crea la separación absoluta entre lo que pensamos, sentimos y hacemos.

El hecho es que estoy obsesionado. El ser humano, en vez de quedarse con este hecho, pasa instantáneamente a quedarse con la idea que lo está obsesionando y, por lo tanto, pasa a desear la concreción de esa idea, lo cual es otra idea, pero si se logra conquistar lo deseado automáticamente cree que esto es verdadero, porque ha obtenido su recompensa, lo que significa que está absolutamente perdido con respecto a la realidad, ya que sólo podemos vivir la realidad por medio de los hechos, no de las ideas, y cuando estamos viviendo una idea, estamos viviendo una ilusión, evidentemente esto nos satisface y nos trae alegría y placer, pero, la otra cara de la moneda del placer es el dolor.

Todo el contenido del sufrimiento se basa y compone de la obsesión; si no hay obsesión no hay sufrimiento. Es ésta la única razón por la cual tratamos de escapar del sufrimiento: por la obsesión que lo alimenta y que no soportamos.

Cuando la vida trae esta obsesión al hombre es porque, por alguna razón misteriosa, lo ha elegido para darle la oportunidad de cortar con los lazos del individualismo egoísta en el cual se mueve su vivir, esclavizado a sus ambiciones y deseos que se traducen en su mente, por medio del intelecto, en cientos de obsesiones que se turnan una tras una sin darle oportunidad de que pueda vivir desde la armonía y paz mental, por lo tanto, alejándolo de su esencia, del orden natural del vivir.

En esta oportunidad, todo el mecanismo obsesivo que tiene la mente se reduce a un solo objeto de deseo pero, de forma intensa, incisiva, persistente; es como que la vida juntó a todas las obsesiones y las acumuló en una sola, encerrando de esta manera al intelecto sin dejarle campo y espacio para que divague, lo que posibilita que el ser humano, al soportar esta obsesión dejándola ahí, sin desear que ella se quede o se vaya, pueda transformar su vida mediante la ruptura de su mente y el mecanismo obsesivo.

Todo lo que el ser humano tiene que hacer es soportar, aguantar y no colaborar con esta obsesión para que la ruptura acontezca y de esa manera pasar, de una vida dedicada única y exclusivamente a su individualismo egoísta, a una vida dedicada a lo general, a lo universal, o sea, a los demás, al resto de sus semejantes… la humanidad.

En esta obsesión el ser humano tiene dos opciones: aguantar y soportarla o, colaborar con ella y tratar de saciarla. Si logra lo primero trasciende, si cae en lo segundo todo seguirá igual que antes, con la agravante que su mente estará partida en dos y caerá en el conformismo absoluto.

Su mente de aquí en adelante estará obnubilada por la indiferencia y la vida pasará a ser insípida, debido a que la energía que contiene ha sido consumida y absorbida por los asistentes y las indusoras, dejando a la mente en un estado chato y burdo sin la fuerza necesaria para seguir aprendiendo.

Cuando se trasciende la obsesión exclusiva y única, la mente se abre al amor y comienza a transitar por el camino de la alerta natural a causa del desligamiento que se produce entre el hábito del mecanismo intelectual, que transforma todo los hechos en ideas y la obsesión en que estas se convierten.

Al ocupar este mecanismo el lugar que le corresponde (el intelecto) dentro del vivir y pasa a ser ejercitado desde el silencio, cada vez que es necesario, se produce el vacío que proyecta a la mente hacia el infinito y da nacimiento así a la sabiduría, la cual es, la madre de la inteligencia, con lo que a su vez se armoniza el pensar con el sentir y el actuar.

De aquí en más, la Vida, Dios, la Verdad, la Comprensión, serán una sola cosa que existirá en una unidad indivisible e inseparables, ligadas una con otra por una energía llamada AMOR.

¡Y Dios dijo… hágase la luz!