Sobre la Muerte I

El ser humano le tiene miedo a la soledad, a la pobreza, a la enfermedad, a la oscuridad, a las tormentas eléctricas, etc, etc, etc. En realidad, la mente de cada ser humano direcciona y elige a qué le tiene miedo, pero todo miedo en el fondo y en el trasfondo psicológico e intelectual, es miedo a la muerte. Para demostrárselo, podemos elegir cualquier ítem nombrado aquí o algún otro y se los demostraré. Por ejemplo, tomemos el miedo a la soledad. ¿Por qué le tenemos miedo? Porque si estoy solo y me pasa algo, ¿quién me va a ayudar? ; me agravo y, por lo tanto, me muero. En el fondo es miedo a la muerte, ¿verdad? Siempre los miedos, cualquiera sean ellos, en el final, son miedo a la muerte.

¿Por qué le tenemos miedo a la muerte si es ley y parte de la vida el que esta existencia llegue a su fin? La mente crea el miedo y ésta sensación psicológica ficticia, busca eternizarse mediante la creencia de una existencia permanente a través del pensar. El miedo, por lo tanto, para no ver el final crea la famosa frase vox populi, de que el miedo a la muerte es miedo a lo desconocido. Pero, ¿cómo se le puede temer a lo desconocido si no lo conocemos, no sabemos lo que es? En realidad, el miedo a la muerte es miedo a perder lo conocido, es miedo a tener conciencia de saber que esto se acaba y que todo lo que nos rodea y conocemos llega a su fin.

Para el miedo, si la muerte existe, entonces existe el final, lo que en la práctica de la vida diaria significa el final del pensamiento, el final de la verbalización, el final del parloteo incesante de la mente, el final de la envidia, vanidad, celos, orgullo, odios, ansias de poder, egoísmos, avaricias, etc, o sea, el final de sus razones para vivir. El miedo, termina convenciendo al hombre que la vida es pensar, especular, suponer, y que si esto llega a su fin, no hay más vida, no hay más vivir, por lo tanto el hombre llega a la conclusión que la vida es el pensamiento, la vida es el saber que se está pensando.

Esto hace que lo único que el hombre conozca para vivir sea el pensamiento como sinónimo del estar vivo, por lo tanto, para él no existe ni siquiera como fantasía el hecho de poder vivir desde la inteligencia porque, para que existiera como una posibilidad, tendría que ser el pensamiento quien se lo demostrará y le dé la seguridad necesaria para arriesgarse a vivir desde ahí. Pero como el pensamiento jamás podrá probar e ingresar en la inteligencia, porque ésta se encuentra exenta de palabras, entonces el miedo aprovechando esta situación, convence al hombre que ese vivir desde el silencio de la inteligencia es una utopía, porque no está comprobado científicamente, por el dios todopoderoso llamado pensamiento.

El pensamiento al no poder describir la inteligencia, la desea pero la niega, y cuando el ser humano la prueba, la encuentra sin sentido debido a que lo único que conoce es el conflicto que arma el pensamiento, por lo tanto, todo lo que nace del silencio de la inteligencia, como la armonía, lo natural, lo normal, los cuales están exentos de conflicto para la mente, son simplemente cosas aburridas, sin contenido.

Para la mente, lo único que tiene sentido y contenido es el pensar y esto se traduce en la práctica de la vida diaria en el especular, argumentar, justificar, soñar, elucubrar, discutir, analizar, estar a favor o en contra, juzgar, etc. Todo lo que el ser humano conoce es esto, o sea, el conflicto de la mente creado por el pensamiento, el final de esto es la muerte, por lo tanto, es la pérdida y el fin de lo conocido. El miedo a la muerte, tanto psicológica como física, es nada más que a la pérdida de lo conocido y el fin del parloteo de la mente.

Cuando existe una mente ordenada y. este orden ha nacido de la inteligencia, la muerte no tiene ningún significado ni sentido, simplemente es el fin de esta vida. La muerte sólo tiene un gran significado y sentido para la mente desordenada, la mente conflictiva, la mente que busca recompensa, y esto es, lo que alimenta el miedo a la muerte. El desorden de la mente crea e inventa el miedo a la muerte y es a raíz de este miedo que la muerte pasa a tener una gran significación e importancia.

De esto saca provecho la mente y plantea su eternización creando una especulación psicológica en el hombre, que es el miedo, el cual trabaja toda la vida con el fin de inmortalizarlo, tratando de buscar la permanencia por medio de las suposiciones y especulaciones futuristas del pensamiento, puesto que la única certeza que tiene el hombre en esta vida es que, sabe que algún día se va a morir.

El miedo lucha contra esta verdad tratando de buscar el secreto que le dé permanencia eterna y el único aliado que tiene es la especulación intelectual, que se moviliza en la mente del ser humano directamente desde el pasado hacia el futuro sin tomar en cuenta el presente. Para realizar esto utiliza su herramienta inseparable que es el pensamiento, el cual se endiosa a sí mismo y se yergue como el único diagnóstico confirmado, que es sinónimo de vivir. El miedo a la muerte, por lo tanto, surge de la contradicción entre la única certeza, la única cosa segura que tenemos en la vida, lo cual es, que algún día nos vamos a morir y los deseos del miedo de eternizar al ser humano.

El miedo siempre nace de la asociación mental entre dos ideas, lo que conviene contra lo que no conviene. En este caso la contradicción se da entre lo que deseo y me conviene, o sea, no morir y lo que no me conviene y no deseo, que es morirme. La contradicción entre la utopía, la especulación mental, la ficción, la fantasía, la ilusión y los deseos de no morirme, choca contra la realidad, contra la verdad que es… la muerte segura algún día.

El asociar estas ideas, que se contradicen entre sí, hace surgir el miedo porque “no existe” la manera de unir, de fundir la realidad, la verdad, con la utopía y los deseos ilusorios.

Todo miedo que surge en nosotros, nace de la contradicción entre la realidad, la verdad, y los pensamientos utópicos e ilusorios. Este miedo es alimentado por el pensamiento a través de la asociación de ideas que intenta vanamente encontrar la fórmula secreta -que no existe- de unirlos pero… no se puede amar a dos señores, o se ama la realidad, la verdad, o se ama la ilusión, la especulación, los deseos, la fantasía.

Para que no siga surgiendo en nosotros -asociar ideas permanentemente- lo único que debemos hacer es: no transformar los hechos en ideas. Un hecho es un hecho y eso es lo que es. La idea sobre el hecho es mentira, es especulación intelectual. El hecho es que la muerte es el fin de esta vida, y me va a acontecer, me va a suceder, lo tengo que vivir. La idea de no querer morirme, es lo falso. Frente a un hecho es intrascendente la idea -nosotros la conocemos como deseo- de querer o no querer. Con nuestras ideas o sin ellas, el hecho es el hecho.

La lucha que surge entre el hecho, que es la realidad, lo objetivo, y la idea sobre él, que es el deseo, lo falso, crea en nosotros el conflicto interno, el fraccionamiento, la división, lo cual, en la práctica de la vida diaria, lo vivimos tratando de unificar y fundir -sin éxito, por supuesto- lo que somos, que es la realidad, la verdad, con lo que queremos ser, que es la fantasía, la ilusión, el deseo, por lo tanto, la idea que tenemos de la perfección y la felicidad. La idea siempre es mentira porque nadie la puede vivir.

La muerte, por lo tanto, sólo tiene sentido y significado para una mente que se ilusiona y enceguece con las ideas y se encuentra ciega, sorda y muda, frente a los hechos, a la realidad, a la verdad, a lo que es. Esa mente sólo presta atención a “lo que deseo que fuera”, por lo tanto, esa mente no debería tenerle miedo a la muerte porque ya está muerta; jamás vivió, ha pasado toda su vida pensando en cómo vivir la vida que ha estado viviendo, lo cual es lo mismo que jugar a las escondidas con la propia sombra.

La muerte no tiene ningún sentido ni significado, ella es simplemente el fin de esta vida, y eso, no es ningún sentido y significado, es nada más que un hecho.
Buenas noches, mañana continuaremos.