Sobre la Meditación

Meditación es el estado superior de la oración, la oración es el silencio de la meditación en donde la iluminación y la realización de la sabiduría es: “Cuando ores, ingresa en tu cuarto y cierra la puerta porque tu Padre sabe lo que sucede en tu silencio sin que tu se lo digas”. Meditación es la consciencia sostenida por la comprensión durante las 24 horas del día. “Meditar” es la practica que se debe ejercitar para alcanzar esta cualidad de la mente. La “meditación” se hace natural cuando la práctica de “meditar” se establece en la consciencia como una forma de vida y del vivir cotidiano. La meditación es la medida de tu realización, de acuerdo al estado de tu mente, así será tu meditación, vale decir que la meditación es el termómetro que mide durante 24 horas la comprensión o la ignorancia de tu mente.

Meditar es la relación directa de uno con uno mismo, de uno con su mente: cierras los ojos y todo lo que sucede por dentro tuyo es tu responsabilidad, o sea, no tienes a nadie a quien culpar por ello; simplemente estas tú con todo tu contenido interior. “Eso es lo que eres”. Nos desagrada nuestro mundo interior y como la meditación no nos deja escapar de nuestro contenido interior, recurrimos al viejo truco de buscar culpables y la conclusión final obviamente es: “No me gusta la meditación”

La decisión de sentarse a meditar es el primer paso para hacernos cargo y responsables de nuestra vida. Como consecuencia de ello florece el tener fe en uno mismo.

Si solo supones, especulas, crees, y no cuestionas ni dudas de todo ello, jamás te liberaras de la mentira y la ignorancia, lo que equivale a decir que la esclavitud de tu vida estará centrada en tus reflexiones intelectuales falsas con sus conclusiones teológicas y filosóficas dogmáticas, que te imposibilitaran comprender que la realización espiritual es percepción-intuición sustentada en la experiencia, exenta de productos analíticos o de cualquier tipo de interpretación simbólica o intelectual, que produce el desespero de una mente insatisfecha y que se miente y se niega a conocerse así misma.

No hay técnica mas directa que la meditación para esta tarea, no hay técnica mas profunda que la meditación para penetrar lo insondable, no hay técnica mas intensa que la meditación para ahondar en la confusión propia, no hay técnica mas penetrante, aguda, acentuada y sagaz para comprender los misterios de la vida y de nuestro vivir que la meditación. Buscar, cuestionar, dudar, indagar, sospechar, investigar, averiguar, examinar, demandar, inspeccionar, escudriñar, son los elementos que debe usar el buscador para transitar el camino espiritual sin caer en falsas creencias de supuestas realizaciones.

La meditación, cuando se practica, nos agrade o no, estemos de acuerdo o no, produce una revolución total en nuestro interior, revolución que se hace necesaria debido a la ausencia de orden natural que existe en nosotros y en el mundo. La revolución que produce la meditación trae orden a la mente. Este orden que nace de la comprensión no es una mera rutina impuesta por coacciones o disciplinas impuestas. Todo orden debe nacer de la comprensión para que sea natural, pues el orden es algo vivo que no puede generarse por mera compulsión moralista o especulación intelectual doctrinaria, ideológicas, o conducta reprimida.

Desde el momento en que podamos comprender lo que es el desorden, se producirá como consecuencia el orden natural. Este orden natural nace del conocimiento de uno mismo, puesto que la comprensión de sí mismo es el principio de la sabiduría, ya que la sabiduría no se encuentra en los libros, ni en la conclusión de una experiencia, ni en el seguir a otro. La sabiduría acontece en la mente que se esta comprendiendo así misma. Y es aquí donde debemos tener cuidado con la falsa comprensión puesto que no es lo mismo “adquirir” conocimiento sobre uno mismo (quien fuimos en la reencarnación pasada, que misión se tiene en la tierra, cual es nuestro destino, etc.) que “aprender” sobre uno mismo. El adquirir conocimiento acerca de si mismo es acumulación de información bajo la cual empezara a actuar, pero el aprender no es acumulación, es mantenerse en la observación al paso de la acción misma, por lo tanto, no hay residuo en su aprender, sino que esta siempre aprendiendo.

La meditación entonces, no es una formula repetitiva de matras sagrados, de respiración acompasada, de sentarse en cierta postura practicando un estado de concentración; porque todas esas cosas son absoluta y totalmente mecánicas y obviamente que se contradicen con la meditación pues ella es algo vivo. La meditación no es el control del pensamiento porque cuando se intenta controlar el pensamiento solo se genera conflicto en la mente, vale decir que meditación es la consciencia absoluta de todo cuanto sucede tanto interior como exteriormente.

Hay en la espiritualidad un dicho, según el cual “la realización original es una práctica maravillosa”. El sentido de esta frase es que no hay que hacer esfuerzo, ni discriminación, ni distinción, entre el acto de tomar consciencia del despertar de la espiritualidad, o sea, la iluminación y la meditación y la acción. La suposición generalizada que existe es que la práctica de la espiritualidad es un medio cuyo fin es el despertar, no es así. En realidad la practica de la espiritualidad no es una verdadera practica en tanto tenga un fin en vista y, cuando no tiene en vista ningún fin, es el despertar: vale decir, la vida autosuficiente, sin objetivo, del eterno ahora, eso es el despertar. “Practicar con un fin en vista es tener puesto un ojo en la practica y otro en el fin, lo cual equivale a falta de comprensión y sinceridad”. Para decirlo de otra manera; no se practica la espiritualidad para convertirse en Cristo, Iluminado o Budha; se la practica porque uno ya es Cristo, Iluminado, Budha desde el comienzo, y esta “Realización Original” es el punto de partida de la vida espiritual. La realización original es el “cuerpo” y la practica maravillosa es el “uso”, los cuales corresponden respectivamente a la sabiduría y el amor, que es la compasiva actividad del iluminado despierto en el mundo del nacer y el morir.

El arte de la meditación es particularmente difícil, por no decir imposible, “para aquellos que han desarrollado el intelecto sensitivo hasta el extremo de no poder dejar de hacer predicciones acerca del futuro, y por tanto tienen que estar en continua actividad mental para anticiparse a ellas”. Pero es innegable, que ser incapaz de quedarse sentado y atento con la mente en reposo, es equivalente a ser incapaz de experimentar plenamente el mundo en que vivimos, el vivir y la vida, porque uno no conoce el mundo, sólo pensamos en él y he intentamos hacer algo en él, pero para ello uno necesita primero del orden interno, lo que significa experimentarlo directamente y prolongar dicho aprendizaje sin sacar conclusiones apresuradas.

La importancia de la meditación se hace evidente y manifiesta cuando nos enfrentamos a la realidad y recordamos que para comprender el vivir debemos verlo “tal cual es”, lo debemos ver “como es”, debemos ver la realidad “en su ser así”. “Para ver el mundo tal como es concretamente, no dividido por categorias, abstracciones, dogmas, doctrinas o creencias, hay que mirarlo con una mente que no piensa acerca de él, vale decir, que no forja símbolos, conclusiones ni teorías”. Por lo tanto, “Meditación no significa sentarse para obtener una mente en blanco que excluya todas las impresiones de los sentidos internos y externos, no es la Concentración en el sentido corriente de restringir la atención a un punto luminoso o a la punta de la nariz; Meditación es sencillamente, una quieta consciencia sin comentario de todo o cualquier cosa que pase aquí y ahora. Esta consciencia va acompañada de una sensación muy vivida de “no-diferencia” entre uno mismo y el mundo exterior, entre la mente y sus contenidos: los diferentes sonidos, formas, colores y de cualquier impresión del mundo circundante. Naturalmente esta sensación no surge porque tratemos de obtenerla; viene SOLA cuando estamos sentados, parados o acostados, pero atentos sin ningún propósito en nuestra mente, ni siquiera el propósito de liberarnos de los propositos”.

En la meditación no hay que pensar ni en la búsqueda de la iluminación ni en evitar el karma, ni en esforzarse por nada futuro. Si viene la vida, es la vida; si viene la muerte, es la muerte, no hay ninguna razón para estar bajo el control de ellas, simplemente no deposites en ellas ninguna esperanza, puesto que esta vida y esta muerte son la vida en su esencia, vale decir que, si tratas de rechazarlas negándolas o luchando contra ellas, pierdes la vida y la esencia.

Todo el tiempo, pasado, presente y futuro, están en tu cuerpo aquí-ahora. El pasado existe en tu memoria y el futuro en su anticipación, “y ambos son ahora, lo cual es el presente”, pues cuando se considera el mundo directamente y con claridad en el pensar, no se encuentra por ninguna parte ni el pasado ni el futuro. De modo que meditación e iluminación en realidad designan la manera repentina de percepción-intuición de ver en el interior de cualquier cosa, ya sea recordar un nombre olvidado o entender los principios y misterios mas profundos de la vida aquí-ahora, vale decir, iluminación y meditación son el presente en acción.

Cuando la meditación cumple su cometido, el despertar que es iluminación, casi necesariamente acarrea una sensación de alivio porque pone fin al inevitable calambre mental de tratar de apresar la mente con la mente, lo cual a su vez engendra la arrogancia y la ambición con todos sus conflictos, defensas y confusiones. Con el tiempo la sensación de alivio va desapareciendo, pero no el despertar; a menos que se lo haya confundido con la sensación de alivio y se haya “intentado explotarlo cayendo en éxtasis”. De manera que el despertar de la meditación solo por accidente, es agradable o extático, y solo al principio constituye una experiencia de intensa liberación emocional. “Pero en sí no es mas que la “cesación” de un uso artificial y absurdo de la mente”. Por encima y más allá de ello es -nada-especial- “pues el contenido último de la iluminación nunca es un particular objeto de conocimiento o experiencia”.

Lo que la meditación no deja lugar a duda es lo que real, sustancial y fundamentalmente somos, y ello no será nunca objeto de conocimiento claro, final, precisó y exacto, puesto que lo que podemos conocer -la vida y la muerte, la luz y las tinieblas, lo sólido y lo vacío- serán los aspectos relativos de algo tan inconcebible como el color del espacio. Iluminación, despertar, meditación, no significan conocer que es la realidad; despertar significa saber lo que la realidad no es. Es dejar de identificarnos con cualquier objeto de conocimiento. Así como cualquier afirmación acerca de la substancia o energía básica de la realidad resulta absurda, así también cualquier afirmación referente a lo que “yo soy” en esencia o en las raíces de mi ser, es el colmo de lo absurdo y la tontería. El auto-engaño es la falsa premisa en que arraiga el sentido común, es la ignorancia del ser humano y su tácito supuesto de que él “es algo”, como también es falsa la premisa “no soy nada”, puesto que algo y nada, ser y no ser, son conceptos relativos y corresponden a lo conocido.

Las divisiones realizadas por la constante comparación nos lleva a ver la vida en blanco o negro, como buena o mala, como justa o injusta, pero como dicha visión se sujeta y obedece a nuestros variados y múltiples intereses, no tiene objetividad ni veracidad alguna, lo cual torna a la consciencia en parcial, ciega y limitada, sin darle opción de ver el mundo y la vida de forma holística, total, sin identificación y, por tanto, sin apego alguno. Cuando solo vemos, observamos, sin juzgar, se presenta ante nosotros esa consciencia holística que solo refleja los hechos; y ello es meditación-sabiduría. Ver el contenido total de la consciencia es meditación, independientemente de nuestro juicio sobre ella: pura-impura, buena-mala, virtuosa-desvirtuada, sabia-ignorante, tranquila-perturbada. Ello solo es el consuelo que brinda la ignorancia a una mente que no es capaz de ver que “no sabe”, y que desde esa ignorancia evalúa, analiza y juzga, en otras palabras, ver es meditación, sea lo que sea que veamos. La ausencia de juicio, “no juzguéis”, es sabiduría. Cuando no se comprende algo y por ello no se juzga, comprendemos que no comprendemos y ello es comprensión de la sabiduría.

Ver sin análisis de lo visto es meditación, de modo que el solo acto de mirar sin juicio posterior es sabiduría. Todo juicio encasilla a la mente en el punto de vista que brota de dicho análisis, con el cual posteriormente nos identificamos e inconscientemente quedamos presos a él. Dicha visión no es visión alguna, puesto que se a dejado de observar para adquirir el análisis como remplazo de lo visto, lo cual termina dividiendo tanto interior como exteriormente al ser humano.

Meditación es consciencia, meditación es ver el contenido de dicha consciencia [consciencia es el contenido de la memoria, la información guardada en ella]. Meditación es el espejo que refleja a la consciencia tal cual ella es, su contenido y su estado. La importancia que le damos al contenido es lo que determina nuestros estados de animo; sentimentales, emocionales, intelectuales, etc., y dichos estados son los que nos hacen pensar en buscar una salida con la finalidad de modificarlos, perfeccionarlos o simplemente argumentarlos. El deseo de cambiar el estado de consciencia lleva a suponer que, aquello que pensamos debe ser reemplazado por un tipo de pensamiento más puro, más transparente, más positivo, lo cual como consecuencia cambiara el estado de consciencia que nos desagrada, que nos perturba. Es innegable que esta creencia se sustenta en una simple deducción que auto-considera que el problema no es la ausencia de comprensión sino el tipo de pensamiento que contiene la consciencia.

La ausencia de percepción priva al ser humano de la comprensión que revela que el contenido de la consciencia no es ningún problema, sino que dicho problema radica en las categorías y los valores que él le adjudica y acepta como puros o impuros, como buenos o malos, etc.

El común de los seres humanos auto-considera que sus caracterizaciones, categorías y valores, que le asignan al contenido de su consciencia, no solo son los correctos sino que también los verdaderos. Estas auto-consideraciones no hacen feliz ni le dan paz, pero a pesar de ello, nadie se los cuestiona como la fuente de su confusión y conflicto, de modo que es solo la meditación, al hacer despertar la percepción-intuición, quien puede descubrir la falsedad de nuestras auto-consideraciones. Caracterizar y definir la consciencia correcta, es como decidir si el agua es húmeda. De manera que quien categoriza ignora que no existe consciencia correcta o incorrecta, existe solo la consciencia, que cuando tiene un punto de vista falso sobre la necesidad de valoración, se analiza así misma juzgándose como adecuada o inadecuada. Este punto de vista falso necesita y hace imprescindible el categorizar para sentirse seguro, pero ello obviamente no es verdadero ni correcto, puesto que la consciencia se juzga a si misma desde el propio contenido que ella posee.

Creer que existe una consciencia correcta y que tal consciencia debe ser de una determinada manera -y no de otra- es nada mas que el deseo de la arrogancia y la vanidad buscando y pretendiendo ser reconocidas como socialmente correcta, pues para ellas no se trata de comprender sino de aparentar. La consciencia correcta no existe en la medida que esta sometida al juicio, la apreciación, evaluación, calificación, valoración y el dictamen de un mundo discriminatorio y a las mentes dualistas.

La meditación muestra la consciencia tal cual es y dicha consciencia no contiene nada de bueno o malo, correcto o incorrecto, pureza o impureza, sano o insano, simplemente es la consciencia y su contenido. La meditación refleja dicho contenido, no a la consciencia (el envase) como tal, ya que la consciencia es su contenido y el contenido es la consciencia, de manera que el meditador debe practicar la observación, sin juicio alguno, sobre dicho contenido con la finalidad de comprender lo absurdo, intrascendente y el sin sentido de las ideas, creencias, dogmas, doctrinas, lideres y teorías a las cuales esta apegado.
Ver y conocer nuestro mundo interior es “observar para conocer el contenido de nuestra consciencia”, puesto que conocer el contenido de nuestra consciencia es “conocernos a nosotros mismos” y esto es el único fin y sentido de la meditación y la espiritualidad. Espiritualidad y meditación sin el propósito de conocerse así mismo es equivalente a ensalada sin vinagre, aceite ni sal, vale decir, con sabor a nada. “vosotros soy la sal de la tierra” si la sal se desvirtúa “con que os daréis sabor a la vida y a vuestras vidas”. Espiritualidad sin conocerse así mismo es como ciego describiendo colores. Meditación es conocerse así mismo, conocerse así mismo es iluminación, “conociéndose es como uno se encuentra, encontrándose es como uno resucita a la vida”. Después de este conocimiento propio uno esta en condiciones de ayudar a los demás y al mundo, antes de ello es simplemente un propagandístico y hueco discurso intelectualoide sobre la vida, la verdad, la espiritualidad y el camino a recorrer. Sin realización propia ¿Cómo puedes ayudar a los demás?