La Religión I

Cerrado

¿Es espiritual la religión? ¿Es religiosa la religión? ¿Es religión la religión? Nos hemos abarrotado de adoraciones, creencias, dogmas, rituales, símbolos, teologías; siendo el temor el resultado y la retroalimentación de todo eso. El sufrimiento humano no llega a su fin a pesar de todo el enjambre psicológico con el cual nos invade la creencia religiosa, y la confusión que nace de todo ello, en la cual estamos envueltos, dicta cátedra de cómo debe ser el mundo.

Es obvio que la fortaleza de la religión se encuentra en sus promesas y esperanzas futurísticas, no en la visión de lo que es, de modo que nuestro temor a creado todo tipo de método y técnica para salvarnos y evitar el sufrimiento, y sin embargo nada de ello ha logrado su propósito, a pesar de las esperanzas y las promesas que nos aseguran que funcionará y que existirá dicha en nuestro vivir. Obviamente ello crea confusión en nuestra mente y esa misma mente confusa es la que aconseja el que hacer para tener un mundo mejor, siendo evidente que ello tampoco a dado los resultados esperados.

La religión es un sistema de ideas que ha eximido la experiencia mística como camino de realización, a cambio de ello usa una técnica y un método generalizado que amolda el pensar en dirección a un propósito intelectual, el cual se propone elevar al hombre a un sentido superador de sí mismo [¿?].

La religión organizada en su temor de perder adeptos utiliza el chantaje de conciencia como evangelización, y en ello pierde el propósito altruista de elevar la conciencia del hombre al nivel de pasión por la verdad. El hombre termina aceptando la creencia dogmática por temor, y reemplaza la pasión por la verdad por el dogma ciego, de manera que acepta pero no comprende, puesto que no cuestiona, no investiga, ni indaga, lo que le ha sido entregado como verdad absoluta. La aceptación ciega de dicha verdad da al hombre la sensación de seguridad a pesar del temor. El temor nace de no creer que ello sea verdad, la sensación de seguridad se da porque se cree en lo que se desea que sea verdad.

El deseo de que mi creencia se convierta en verdad es la esperanza real, de modo que no es la esperanza en que Dios exista y me salve, sino en que ello sea verdad, lo que significa que no creo en mi creencia, simplemente espero y creo en mis deseos y temores. Si existe Dios realmente no lo sé, de modo que realmente creo en mis temores que me impulsan a desear que ello sea así. Esa es la real y verdadera esencia de la creencia, o sea, se creen en la creencia, no en el contenido de la misma.

Al basarse en el temor, la religión hace de la creencia el supositorio que permite la evacuación del mismo mediante el alivio que da la sensación de seguridad que contiene toda ideología al esquematizar y estructurar la mente en pautas y patrones fijos Psicológicamente la mente siente que es segura por encontrarse a resguardo del posible asalto de lo desconocido, y ello a su vez es la máxima atracción y excitación que contiene toda creencia.

De manera que podemos ver que la creencia no es religión en lo absoluto puesto que funciona dentro de las limitaciones propias del pensamiento, el cual no puede moverse en otro campo que no sea lo conocido y, obviamente, Dios es lo desconocido. La pregunta es entonces ¿cómo lo conocido, que es el pensamiento, puede conocer y, por lo tanto, creer en aquello que es lo desconocido, sino por medio de la especulación del deseo de que eso sea así? El pensamiento solo puede especular sobre lo desconocido, de modo que sólo puede creer en la especulación, no en lo que especula.

El pensamiento esta teñido por el conocimiento, lo cual es pasado. Este pensamiento es quien desarrolla la ideología e inventa la creencia, lo que significa que ni el pensamiento, ni la ideología, ni la creencia, pueden nacer de la libertad ni ser libres. Ser religioso no significa en absoluto pertenecer a una organización religiosa; ser religioso es tener una mente libre que se encuentra exenta de pautas y patrones ideológicos premeditados por el pensamiento y esquematizados en el dogma de la creencia, los cuales también han sido creados por este pensamiento limitado. Este pensamiento limitado intenta proyectarse hacia lo ilimitado, que es lo desconocido, en el afán de trascenderse a sí mismo considerando que puede adivinar el contenido y el sentido de lo desconocido, convirtiendo luego la adivinanza en certeza de que es así, lo que a continuación se transforma en creencia religiosa.

Es evidente que sólo una mente libre puede descubrir la verdad, no así la mente que está atada al temor. La creencia no puede llevar a la mente hacia la verdad por ser algo fijo, estático, esquemático, es algo que se puede estudiar, cultivar, es algo que se puede aprender de memoria, de modo que la mente que está presa a su doctrina jamás conocerá la belleza de la iluminación, de la verdad, porque esta es dinámica, viva, no se puede cultivar, de suerte que solo puede ser percibida por una mente libre que no cree por temor.

Al ser la creencia algo fijo, estático, es obvio que los maestros de estas especulaciones del pensamiento saben. Los maestros, sacerdotes, rabinos, Imanes, Brahmanes, etc., saben sobre el contenido de lo que se determina en la creencia que es así. Por lo tanto, los Maestros aseguran que saben y es obvio que se trata de su creencia, no de la verdad. Solo cuando se trata de una cosa muerta podemos definir lo que es, podemos definir que es así, y quien enseña sobre cosas muertas no es maestro en absoluto.

La religión es teoría, suposición, creencia, especulación, interpretación; esa es la diferencia con la verdad, es la diferencia entre lo religioso y la religión. Lo religioso se relaciona directamente con la belleza de la iluminación, de la verdad, la religión esta relacionada con la especulación conservadora de la creencia intelectual desarrollada en la doctrina. Esquematizar lo que es, es el intento frustrado de organizar la verdad, siendo el resultado de este intento la estructuración de la mente de los seguidores en los dogmas inamovibles que intentan reemplazar la verdad.

Como la verdad es anárquica frente a cualquier organización burocrática surge la necesidad del Poder, del Estado Religioso, a partir de lo cual lo importante pasa a ser la construcción y el respeto por las jerarquías, no por la verdad, ni por lo que es. La organización del Poder Religioso es quien, supuestamente, le da categoría, nivel y status a la verdad organizada en la teoría, la doctrina, el dogma, la teología, de modo que pasa a ser de primera importancia la defensa de la organización y el respeto por la jerarquía, ya que ello es la encarnación viva de la verdad revelada [¿?] Toda verdad revelada es evidente que no es la verdad en lo absoluto, porque la verdad o la iluminación nunca podrán ser descritas, simplemente es. Es una cosa viva, dinámica, que se encuentra en permanente movimiento, activa, que cambia constantemente no es algo estático, fijo, muerto, y sólo cuando se trata de algo muerto es cuando creemos que podemos estructurar la verdad [¿?] podemos fijar lo que es [¿?] de modo que cuando la Organización Religiosa enseña sobre lo muerto ello no es ni religión, ni religioso; es mera propaganda.

La religión deja de ser religiosa cuando estructura la fe en artículos constitucionales que aseguran que eso es así. La esquematización de la fe en versículos que la certifican, lo único que logra es negarla por ser la fe algo que se encuentra más allá de los límites de la memoria, de manera que es imposible cultivarla, porque la fe es amor. No hay fe en la creencia por ser la creencia temor, auto- convencimiento, y es obvio que el amor que es fe no puede ser estructurado en modas intelectuales que terminan por conformar los libros sagrados [¿?] los cuales son el resultado del pensamiento en su finalidad de trascender la memoria humana. El amor no se encuentra en esos libros llamados sagrados porque el amor no es auto- convencimiento y obviamente es la negación del temor. El amor no puede ser cultivado, estudiado, en consecuencia la fe no tiene relación con la creencia ni con libro alguno, así se le llame de sagrado.

Cada vez que ha intentado petrificar la palabra de Dios [¿?] el hombre ha colaborado con la especulación intelectual y, por lo tanto, con su negación, lo cual al cabo de los siglos posibilitó que el ser humano se plantee ser el asesino de Dios postulando a su ciencia como el sustituto lógico a sucederlo. La ciencia del hombre después del crimen de Dios no ha logrado a través de sus profetas las respuestas finales necesarias para dar el golpe de estado final y trasformarse en nueva gobernante del Universo, de modo que el resultado final ha sido la orfandad espiritual de virtudes y valores. En este panorama el hombre se encuentra solo, abandonado y a la deriva; la religión y la ciencia se disputan su adhesión, mientras el ser humano se liga a las nuevas modas religiosas -Nueva Era y sectas- de suerte que intenta buscar lo que supone religioso independientemente de las religiones organizadas… sin pretender regresar a ellas.

La modernidad mato a Dios, [¿?] la posmodernidad mató a la historia, a las artes, a la política, a la filosofía, y declaro el fin de la ciencia [¿?] de modo que en el paradigma social actual no hay ni historia ni caminos establecidos que se supongan certezas absolutas, verdades religiosas, sociales, filosóficas, o políticas supuestamente científicas que nos puedan salvar; no hay certezas de ninguna índole, lo que significa que estamos solos… ¡Por suerte!

Las certezas se desploman por sí mismas de su pedestal demostrando que nunca lo fueron. En ese contexto, el ser humano siente la orfandad de ese tutor intelectual doctrinario y la inmovilidad que le produce la ausencia de la muleta psicológica-ideológica, de modo que la soledad especulativa del intelecto lo arrastra al consumismo, al individualismo, al conformismo y a la indiferencia como producto de la desorientación nihilista, y al sin sentido de la vida: dogma de fe fundamental, este ultimo, de la nueva religión llamada ciencia.

La ciencia, al asegurarnos que la vida no tiene ningún sentido, que estamos aquí por casualidad, niega todo sentido a la vida. Frente a esto el existencialismo nos dice que el sentido de la vida lo tenemos que inventar. Cuando el existencialismo dijo eso, la religión ya le había inventado un sentido a la vida, lo cual la transforma en existencialista antes que los existencialistas. Este racionalismo fundamentalista de la ciencia, la religión y de los intelectuales, no nos permite ni nos da la posibilidad de averiguar por nosotros mismos el sentido de la vida, simplemente nos proponen dos dilemas antojadísimamente dogmáticos: o la vida no tiene ningún sentido (ciencia) o lo tenemos que inventar (religión-política-existencialismo) lo que significa que según estos fiscales de la existencia, de la vida y el vivir, el intento de averiguar por nosotros mismos el sentido de la vida es completamente demencial porque ellos ya resolvieron dicho dilema.

Como la moda es inventar sentidos a la vida, los que más de acuerdo están con esta teoría son los fundamentalistas del terrorismo religioso, pero como para la ciencia esto es equivocado por ausencia de sentido de la vida, entonces también el terrorismo fundamentalista se prendió a esta definición: no hay problema con asesinar porque nada tiene sentido, de modo que nada puede estar mal. O sea, que desde hace siglos, tanto unos como otros, han sembrado la semilla de la ignorancia terrorista, del nihilismo del pensamiento, el consumismo, la indiferencia, el conformismo y el individualismo actual: se cosecha lo que se sembró ¿verdad?

La religión dice estar en contra de muchas cosas que ella misma practica, realiza, ejecuta y termina por avalar en el vivir de la práctica de la vida diaria, de forma que su oposición es sólo un postulado intelectual que no la diferencia en nada de las posiciones políticas, científicas e intelectuales que ataca y de las cuales intenta diferenciarse, en la realidad termina colaborando con ellas y, por lo tanto, con la desdicha, la ignorancia y el sin sentido que desparraman por el mundo.

Esta práctica que ejercita la religión es la que aleja al hombre de sus iglesias, de modo que es necesario la religiosidad sin religiones, en donde el hombre prescinda total y absolutamente de toda autoridad y código de fe establecido, ya que ello es lo que promueve a lo falso como verdadero siendo el resultado final la desilusión absoluta de la vida, en donde al hombre no se le da espacio para investigar por sí mismo sobre el vivir, la verdad y la vida. El establecimiento de la fe y del sentido que tiene o que no tiene la vida termina por ser un edicto dictatorial frente al cual el hombre sólo puede optar por una o por otra idea, de modo que la opción de la experiencia personal queda de antemano reducida a la nulidad total por los profesionales, las autoridades, las jerarquías y los líderes, que se auto consideran fiscales de la verdad.

Lo que se ha sembrado durante siglos, hoy en el postmodernismo lo cosechamos como cultura light, arte escapista, religión dogmática y represiva, espiritualidad difusa, la cual la podemos ver promovida en la propaganda que ejerce el cine con películas como El Señor de los Anillos, Matrix, La guerra de las Galaxias, Harri Potter, Allien, Blade Runner, Terminator, Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, Expedientes X, etc., que pueden resumir el fundamentalismo espiritual de shopping hollywoodense en el que se sostiene La Nueva Era, la sectas modernas, la religión y la política mediática, etc.

El nihilismo, la banalidad, el conformismo, la indiferencia, el individualismo, características y sellos del postmodernismo, son el producto del racionalismo intelectual en donde no existen las causas, sólo hay culpables, en donde lo importante es la credibilidad y efectividad, no la verdad y falsedad, lo cual ha sido alimentado y es sustentado por el pensamiento de las ciencias naturales, sociales, teologías, filosofías eurocéntricas y de las autodenominadas ciencias del hombre [¿?] las cuales nos ayudan a conocer mucho sobre como somos pero nada sobre quienes somos, de manera que no nos esclarecen sobre el misterio que en última instancia es el hombre. Es obvio, por lo tanto, que después de siglos de propaganda sobre la promesa de respuestas finales que nunca han llegado y jamás hemos escuchado, el hombre considere que lo único importante es el confort de su cuerpo, ya que todo lo demás no existe ni tiene significado alguno, de modo que lo único que queda es consumir porque al vació nihilista interior sólo le queda convertir todo deseo en necesidad, siendo estas seudo necesidades las que usa la publicidad del poder en la creación de demanda para las estrategias del desarrollo, lo cual es aprovechado por el stablishment para vaciar completamente de contenido el vivir y la vida.