Oximoron del Devenir

Desafio

En el desespero de responder las innumerables cantidades de preguntas existenciales que tenemos, hemos inventado todo tipo de respuestas y hemos creado todo tipo de suposiciones. Las hemos apodado teoría, teología, filosofía, creencia, ideología, doctrina, con el fin de tener respuestas seguras para calmar el temor y la inseguridad que provoca lo que no conocemos, lo que no sabemos como es.

Si examinamos las creaciones de la mente humana para responder estas preguntas se hace inevitable tener que resumirlo cómo un gigantesco oxímoron dantesco. Lo mismo que se ha intentado develar para orientar se ha convertido en enjambre desorientador, lo que se realizó con el fin de esclarecer creó oscuridad, lo que debía ser la respuesta se convirtió en la pregunta, lo que debía deshacer las incógnitas se convirtió en misterio, lo que debía pacificar se convirtió en conflicto, lo que debía crear fe promocionó el ateismo, en definitiva, lo contrario fue el resultado de lo contradictorio.

El ser estaba desamparado, por lo tanto, era necesario resolver este dilema, y fue resuelto por las expresiones intelectuales con el devenir a ser, lo cual era buscar una conexión entre lo humano y el sentido de la vida, entre el ser y su psiquis, entre el ser humano y la sociedad, entre lo humano y lo divino. Ser y devenir obviamente que es una paradoja, una contradicción; sí existe el ser no hay devenir porque el ser existe, el devenir no existe. El devenir a ser es la negación del ser por negarse a ser; el ser es, el devenir es la esperanza de lo que vendría a ser, lo que supuestamente se está construyendo en el mundo psicológico para que sea eso… algún día. El ser es lo que es, el devenir ser es deseo, deseo de ser lo que no se es, deseo de ser diferente a lo que se es; lo que se es, es ser, sea lo que sea porque el ser es totalidad; el deseo de ser es la propia negación del ser. El devenir siempre está viniendo a ser, el devenir es proyección psicológica hacia el futuro, hacia lo que deseo cambiar en el futuro porque lo que es en el presente no me agrada, de modo que invento el devenir como forma de escape de lo real, como forma de evasión de lo que es, y lo que es, es el ser. El devenir crea una imagen que atribuye existencia, valores y virtudes que no existen, todo ello deberá concretarse en el devenir que depende del tiempo, tiempo psicológico que se encuentra en el futuro, de modo que el devenir es quien crea el desamparo en el ser, no el ser.

El devenir que venia a resolver el desamparo del ser se convirtió en más desolación, confusión y conflicto, o sea, en una paradoja dantesca.

Con la misma mirada darwiniana el sistema intelectual religioso fue el primero en alimentar, propagandizar y terminar por construir el sinónimo definitivo del devenir: la esperanza.

Debemos tener esperanza en que el propio Dios que nos creo nos salvara… es un oxímoron dantesco ¿Verdad? O simplemente esto es nada más que la alucinación de un teólogo con intenciones de tomarnos el pelo. Primero nos crea y luego nos salva ¿cuál es el sentido de todo esto? ¿Dios desea jugar con nosotros o desea jugar al bueno de la existencia? Es algo así como que mandemos a nuestros hijos a Irak y les digamos que cuando se vean en peligro crean, recurran y tengan esperanza en nosotros, lo cual nos motivará a salvarlos, sacándolos de semejante carnicería, -en donde es más posible que terminen en un gancho del matadero o torturados en alguna cárcel de los paladines de la democracia y la civilización por espías o miembros de Al Queda que aquello les sirva para algo- ¿para qué? ¿Cuál es el sentido de semejante juego masoquista con nuestros hijos? ¿Necesitamos hacer semejante estupidez para demostrarles nuestro poder? ¿Lo hacemos porque estamos aburridos de la vida y necesitamos entretenernos maquiavélicamente con lo que amamos? Pero ante esta situación no podemos perder al sinónimo del devenir para que nos salve: la esperanza. ¿Qué ironía verdad? Realmente esto es un Oxýs: agudo y ácido. El devenir en esta oximoroneada nos dice que seremos salvados después de la muerte [¿?]

La confusión siempre ayudó para que nos prendamos a la primera rama que contenga alguna promesa, alguna esperanza, y el devenir social se presto mejor que nadie para plantearnos que él era capaz de satisfacer nuestras utopías. Los deseos utópicos son la preferencia por excelencia del ser humano, veta intelectual que descubrieran y han explotado mejor que nadie las ciencias sociales y la psicología.

La sociedad está en crisis pero el devenir social nos ofrece la sociedad civilizada, próspera, de progreso permanente, de idea única, de aldea global, con un Dios que lo sabe todo, omnisciente y que resuelve todo por sí mismo -omnipotente- llamado Mercado, el cual nos llevará de la mano a la sociedad que emula al Reino de los Cielos aquí en la tierra. En esta sociedad el empresario, el financista, y toda la tropa ideológica que los sustenta, serán la reencarnación de la Madre Teresa de Calcuta porque permitirán el derrame milagroso de sus ganancias, derrame que permitirá que salgamos de esa clase social marginal a la cual pertenecemos el noventa por ciento de la población mundial [¿?]. Esto no es un chiste oxímoronico, ni una paradoja dantesca, es directamente Stalin-Hitler-Maquiavelo rescribiendo la Divina Comedia posmoderna. Obviamente que dicha sociedad será realidad en el futuro, o sea, la veremos como una realidad después de nuestra muerte [¿?]. ¡Que oxímoron irónico! ¿No?

El devenir es el evangelio absoluto del postmodernismo, no hay nada que pueda ser ahora, todo, absolutamente todo, será y se concretara en el devenir; lo que deberá ser, lo que deseamos que sea, lo que tiene que ser, lo que esperamos que sea, lo que nos gustaría que sea; incluida nuestra salvación celestial y humana. Todo ello será en el obviamente futuro.
Los creadores de ideologías, promesas, esperanzas, creencias, doctrinas, o como le quieran llamar al enjambre de devenir que resumen los diversos oximorones intelectuales, no tienen obviamente otra alternativa que no sea la de proyectar ilusiones en sueños de ficción utópica… ¿oxímoron?; total es el soñar en el futuro y pensar que ello es mucho mejor que mirar y enfrentar la realidad actual. Obviamente estos creadores de múltiples devenires no tienen la capacidad para señalarnos la forma de encarar la realidad fundamental: la nuestra, aquella que nos carcome nuestro mundo interior y que termina por construir el mundo exterior que tenemos. Como salida generalmente nuestra confusión intenta escaparse por medio de nuevos oximorones que creamos nosotros mismos.