Obediencia Vs Comprensión

El pensamiento ocupa la mente durante las 24 horas del día; eso es un hecho. La ocupa en divagues, ilusiones, deseos, suposiciones, obsesiones, culpas, juicios, ambiciones, especulaciones, condenas y extravagancias psicológicas varias y de todo genero; eso también es un hecho. El pensamiento se ocupa de crear opiniones, argumentos, puntos de vistas y una imagen psicológica-inmaterial perfecta que lo represente; eso también es un hecho. El pensamiento no le deja espacio al silencio; eso también es un hecho. El pensamiento parlotea sin cesar convenciendo al parloteador de que ello es la manera normal de vivir; eso también es un hecho. El pensamiento convence al pensador de la certeza y veracidad de lo que piensa; eso también es un hecho. De manera que el único hecho verdadero que queda demostrado con todo esto es que: tenemos mucho tiempo para perder el tiempo pensando en diversas y múltiples estupideces, sin sentidos, codicias, incongruencias, ridiculeces, fantasías e ingenuidades infantiles, lo que nos lleva a plantearnos ¿Por qué no usar ese tiempo y el pensamiento para cuestionar, indagar e investigar sobre la existencia, la vida el vivir o nuestra mente?

Confundimos los problemas que tiene la vida con que la vida es un problema. Cuando invertimos los roles y transformamos los problemas de la vida en la vida es un problema, obviamente que estamos en una profunda complicación con escasa posibilidades de solución.

Este enfoque arrastra al pensamiento a buscar constante distracción en las más diversas formas y ello inevitablemente alimenta la irreflexión, el divague, la dispersión, la insensatez y el infantilismo de la mente. En este mundo psíquico disperso el pensamiento surge como tabla de salvación para justificar todo con el fin de amortizar la vida nihilista, confusa y desdichada que ha creado. Para ello se esfuerza en inventar argumentos que sean lo mas irrefutablemente posibles, puesto que tiene que protegerse de los posibles hechos, evidencias y razones contrarias que sean capaces de trastocar, desmoronar o destruir su mundo ilusorio. El esfuerzo por evitar los temblores psicológicos que se pueden producir en la convivencia, le consumen tanta energía que se siente obligado a buscar distracción lo menos reflexiva posible con el fin de descansar de su mundo Disney World.

El pensamiento crea un mundo payaso y luego lo cuestiona, pero como cree ciegamente en los argumentos que ha inventado para defender ese mundo, no se le ocurre sospechar que su confusión, conflicto y consecuente insatisfacción, es a causa de que se encuentra total y absolutamente equivocado en la forma de abordar y encarar el mundo, la vida y el vivir. Observemos esto brevemente: Sí usted cree fuerte y ciegamente en algo ¿Lo cuestionaría? ¿Dudaría de ello? ¿Investigaría su veracidad? ¿Indagaría seriamente sin que el examen sea de acuerdo a su convicción? No lo haría ¿verdad?. Porque sí lo hace sabe que ello no solo desmonoraría y quebraría su mundo psicológico payaso, sino que también lo sepultaría, de manera que, al saber de esto y además al haber invertido todo su capital pensante, emocional y sentimentaloide en su creencia, en vez de enfrentar la mentira que es su creencia, mas se aferra a su convicción y construcción psicológica, a pesar de que ella no le da paz, felicidad, satisfacción, lucidez, ni comprensión. Usted se sigue quedando con ella a causa de que le brinda lo conocido: conflicto y confusión.

El pensamiento se aferra al conflicto y confusión porque es lo único que conoce y dentro de ese conflicto y confusión se mueve como pez en el agua. Pero todo ello no importa mucho porque usted sabe que siempre el pensamiento estará ahí para darle consuelo, esperanza y auto-compasión, entonces ¿para que cuestionar la causa de nuestra desdicha?

El pensamiento y el consecuente temor a cuestionar lo que se cree, lo someten a obedecer a la desdicha como forma de vida, y ello en la practica de la vida diaria lo lleva a convertirse en seguidor, o sea, en ser humano de segunda categoría. Adoras, idolatras, reverencias rindes culto a la personalidad del líder y te fanatizas, lo que te lleva a la defensa de dogma, doctrina, ideologías que otros han inventado, y te aferras a ella porque te as declarado voluntariamente discapacitado mental.

De ahí en más no le interesará comprender, solamente le seducirá el obedecer, sin posibilidades de percibir las consecuencias, que son a saber: jamás poder pensar por sí mismo, ser libre, exponer una idea que contradiga a tu líder o cualquier autoridad, emanciparte, negar y no aceptar lo que es falso, sometimiento a la estupidez de un superior sin poder discutirla, indagar y cuestionar lo que te enseñan como verdadero, dudar y discutir lo que el líder afirmo, deliberar y enfrentar abiertamente a cualquier autoridad frente a la practica del abuso de poder y etc., etc., etc.

El pensamiento crea o adopta su limitación y luego sugiere al sometido la necesidad imperiosa de ser libre. Pero el consecuente temor, que el mismo pensamiento a creado y alimentado en el esclavo, impiden la decisión de enfrentar el miedo que trae aparejado la posibilidad de la independencia psicológica del líder, de la doctrina, de la creencia. Liberarse del líder, de la doctrina, de la creencia, enfrentando, cuestionando, investigando e indagándola, requiere de mucha pasión y amor por a verdad; sea lo que la verdad sea. El problema que enfrenta el obediente seguidor es que hace mucho tiempo que él ya abandono la pasión y el amor por la verdad, y ello sucedió cuando decidió entregar toda la responsabilidad de su vida a la autoridad, al líder, al caudillo, al gurú, quien es además quien lo aprueba o desaprueba, y se le concede ese derecho porque además… lo salvara.

El negocio psicológico que presupone estar salvado de antemano por otro, es consecuencia de haberle dado autoridad al pensamiento con categoría de sabio; él nos indica -como buena lumbrera- a quien tenemos que seguir. Lo conveniente, provechoso, tentador, ventajosos, favorable y lucrativo psicológicamente de este negocio, es la agradable comodidad donde podemos descansar, ya que la responsabilidad de nuestra vida y nuestra salvación póstuma, esta depositada en el elegido por el pensamiento como nuestro salvador. Negocio redondo ¿verdad?

El pensamiento no solo se somete y ve como autoridad al líder externo, sino que convierte a sus propias opiniones y puntos de vistas particulares en jerarquías omniscientes, que los termina convirtiendo en autoridad y lideres psicológicos, a los cuales -también- hay que someterse y obedecer ciegamente, de manera que se convierte en indiscutible lo que piensa y cree, puesto que, al líder externo o interno no se le discute ni se le cuestiona… se le obedece.

El seguidor sabe que al estar sometido a una autoridad daña su imagen al reconocerlo, de modo que para que sea personal y socialmente correcto, aceptado y digno, primero engrándese la dimensión de su líder hasta lo mas cerca de lo ilimitado, de lo sobre-natural que se pueda, para provocar la envidia de los demás, y que los mismos no piensen que se a sometido y esclavizado a cualquiera, sino al hombre mas brillante, sobresaliente y extraordinario que piso el planeta. Esto le permite definir su vasallaje no como dependencia, sometimiento, resignación, sumisión, sino que, como respeto y reconocimiento a lo sublime encarnado en ese hombre.

El sometimiento obnubila la inteligencia, la seca, la obscurece, la ciega, puesto que una mente obsecuente es una mente inconsciente, automática, mecánica, premeditada, imitativa, aturdida, tarambana e irreflexiva. La ausencia de inteligencia en el seguidor facilita que se aplique sobre él terrorismo psicológico, con el consecuente chantaje a su conciencia. La deserción de la inteligencia en el obediente, solo le permite protestar sobre la coacción y violencia permanente sobre su mente, pero es incapaz de tener acciones coherentes en contra de lo mismo por lo cual protesta. Solo se queda en el discurso clandestino de protesta… pero nunca reacciona ni reaccionara.

La comprensión de las implicancias de la obediencia ciega, oscurantista, alucinada, obsesionada y alienada, y la acción correspondiente, es la única posibilidad que tiene el obediente seguidor de liberarse de su voluntaria limitación y renuncia a la inteligencia, a la comprensión, a la verdad, a Dios