La Vida, la Mente, el Vivir

LA VIDA-LA MENTE-EL VIVIR

-Dios y el big bang

-big bang y el universo

-el universo y las galaxias

-las galaxias y nuestra galaxia

-nuestra galaxia y los sistemas planetarios

-los sistemas planetarios y nuestro sistema planetario

-nuestro sistema planetario y nuestro planeta

-nuestro planeta y la naturaleza

-la naturaleza y el ser humano

-el ser humano y el mundo interior

-el mundo interior y la mente

-la mente y la sociedad

-la sociedad y la ideología

-la ideología y la religión

-la religión y los partidos políticos

-partidos políticos, religión y confusión, fragmentación, disgregación, separación, desunión, enemistad, conflicto, guerra. Este es nuestro mundo exterior, y el ámbito de nuestro vivir.

Todo esto hace a la vida y al vivir. Dios -sea lo que sea- es la fuente que da nacimiento a todo lo que explota en el big-bang, porque lo que explota en el big-bang debe salir de algún lado ¿o sale de la nada? Sí es así, entonces esa nada es Dios, esa nada es la fuente. Del big-bang surge el universo con sus múltiples galaxias, en la cual se encuentra incluida la nuestra y nuestro sistema planetario, donde se encuentra nuestro planeta. Nuestro planeta representa el mundo exterior en la forma de naturaleza original, donde se comienzan a manifestar los fenómenos condicionados y, dentro de esa naturaleza se manifiesta el hombre, hombre que lleva consigo su mundo interior, mundo interior y exterior que comienza a ser investigado, analizado, interpretado y comprendido por la mente. Esta es la herramienta bisagra entre los misterios de la existencia y el mundo exterior del vivir, la bisagra entre la vida y el vivir. La mente y Dios -la fuente- y, todo lo que ello significa, siguen siendo los dos misterios últimos de la existencia, tanto para religiosos, científicos o cualquier ser humano. La mente, y el misterio que ella significa ¿será el Dios interno del hombre?. La mente, cómo sabemos, es capaz de crear realidades externas, Dios ¿habrá sido el creador de lo demás: el hombre, la naturaleza, las galaxias, el universo, el big-bang?.

A partir del punto de inflexión, que es la mente en la escena de la vida, todo lo que se establece cómo parte del vivir es de su creación: la sociedad, las creencias, las ideo-logías, las religiones, los partidos políticos, las teorías, las teologías; como también lo es todo el conflicto y confusión que se desarrolla a partir de dicha intelectualidad. Todo esto es lo que hace al vivir cotidiano, y ello, más todo lo que nace desde La Fuente, y sus misterios, hace a la totalidad de la vida.

En el vivir encontramos la religión, los partidos políti-cos, toda clase de ideologías, creencias, análisis e interpretaciones; en la vida encontramos la dimensión espiritual y la comprensión. La religión y la política son las herramientas que intentan darle un orden al vivir, la dimensión espiritual y la comprensión es quien le da orden a la totalidad de la vida. La mente, al ser la creadora de la religión, la política, el análisis y la interpretación, con el propósito de darle orden al vivir, no percibe que crea la chispa que hace arder el mundo, y que su deseo de orden, a través de estas invenciones intelectuales, son nada más que eso: deseos y buenas intenciones. Pero ello refleja en realidad la inconsciencia e ignorancia que se propaga por el mundo cuando se desarrolla la intelectualidad desde una mente que tiene ausencia de conocimiento propio, o sea, el desarrollo de teorías y doctrinas cuando hay carencia de autoconocimiento.

El vivir y la vida, han sido tan fragmentados por la mente humana, que a las propias creaciones del pensamiento -como las ideologías políticas y religiosas- se les a asig-nado el derecho y, por lo tanto, la legitimidad de apropiarse de un ámbito particular del vivir y la vida, siendo presentadas como algo diferente entre sí, reclamando dichos ámbitos cómo propios; a la política le pertenece la sociedad, a la religión le pertenece lo existencial.

Este oxímoron intelectual es realmente paradójico, la mente divide y lo que propone como unidad de orden -las doctrinas, las creencias, las ideologías- es la esencia del propio desorden. Establece las ideologías que se ocuparan de cada uno de esos ámbitos, para ello crea la religión y luego le designa a la ideología religiosa el destino del ámbito del alma, de lo espiritual, de lo existencial; crea la política y le destina el ámbito de lo económico, de lo social, o sea, todo termina siendo simplemente la creación del pensamiento, el intelecto y sus consecuentes fragmentaciones.

Esto significa en nuestro vivir que definitivamente es el pensamiento quien decide arbitrariamente lo que es, lo que no es, y el ámbito que le corresponde a cada ideología, por ser, de acuerdo al intelecto, diferentes. La mente inventa, la mente crea, la mente fragmenta, y a continuación de este enjambre, el hombre se perfila hacia la división, la disgregación, la desarticulación del mismo y de la sociedad, por ser su propia elección intelectual un invento del pensamiento proyectándose sobre lo que mente ignora, no sabe. Y no sabe porque no se conoce así misma, de modo que todo queda en el ámbito de la supoción… pero asegurando que es así.

La mente expulsa al hombre del paraíso al fragmentar la totalidad de la vida cuando el intelecto decide que conoce lo que no conoce, intentando demostrarlo en sus descripciones, análisis e interpretaciones, y prosiguiendo con dicha exhibición por medio del cómo es y, en el cómo deben ser las cosas. El hombre al adopta estas descripciones y tomar partido por alguna de ellas -lo cual lo aleja de dicho paraíso que es lo total- es cuando definitivamente el hombre se sumerge en el infierno psicológico que representa la frag-mentación. El hombre a sido expulsado del paraíso; ahora la propia mente considera que ella misma es quien debe restaurar el paraíso de la armonía mental que ella misma destruyo, lo que en la realidad significa… más infierno. La mente crea, inventa, desarrolla y expande el conflicto ¿tiene capacidad y cualidad para arreglarlo?.

La aparición de la mente en la vida, es la herramienta que le permite al ser humano el conocimiento, conocimiento que va estableciendo lentamente lo que va a ser luego el vivir, mediante la construcción -por medio del pensamiento y del intelecto- de todo tipo de sistemas sociales, políticos, económicos, culturales, además de las instituciones, agrupaciones, creencias, ideologías, teorías, tradiciones y disciplinas. A partir de aquí la mente separa la existencia trascendental, de las construcciones que ella misma ha realizado, utilizando el 99% del tiempo en sus propios enjambres intelectuales, emocionales, sexuales, sentimentales, psicológicos y existenciales, con el propósito de darle un sentido a la vida que no comprende.

En el vivir, la mente a través de la política es quien arma, crea y expande el conflicto junto con la creencia reli-giosa, pero a su vez, el intelecto distribuye las responsabilidades y, son la política y la religión, quienes dictan las cá-tedras de cómo se debe organizar el vivir y la vida, o sea, la mente intelectual -siempre con buenas intenciones [¿?]- crea el caos y luego sin responsabilizarse por ello plantea soluciones, cómo sí el caos fuera totalmente ajeno a su creación. Es obvio que contra más intenta ordenar el desorden externo e interno -que ella misma a creado- más acrecienta el caos y la confusión, de modo que simplemente termina por engrandecer la obsesión y el parloteo incesante de la mente, lo cual no le permite tener paz, paz imprescindible para poder ver la salida de la fragmentación y el consecuente con-flicto que a creado en todos los aspectos del vivir.

La ceguera mental, que aumenta con el correr del tiem-po, es el mayor obstáculo para que el ser humano pueda ver todo lo que el pensamiento intelectual a creado en su interior y en el mundo externo. Esta ceguera significa, en la practica de la vida diaria, la ausencia absoluta de la mínima reflexión racional que le permita dilucidar que su mundo interior; su mente, su intelecto, su pensamiento, es quien a creado y es el responsable de cuanto caos, confusión, frag-mentación y conflicto existe en su mundo y en el mundo. Esta ausencia de reflexión inteligente produce toda clase de reflexiones coherentemente razonables [¿?] -desde la perspectiva de la mente cegada por la confusión- de manera que el pensamiento continúa ligado y sumergido en dicha confusión sin encontrar espacios de reflexión que frenen este permanente habito intelectual-psicológico de construir caos y todo tipo de miserias y crueldades, sin espacios de interrupción.

La presencia de la mente en la escena humana posibilita el conocimiento y la sabiduría. Conocimiento que al separarse de su inocencia original se desvirtúa, de modo que ello lo lleva a evaluar su condición de vanguardia en la construcción y orientación de la vida y el vivir del ser huma-no, puesto que asocia su utilidad practica y la traslada al campo existencial, espiritual, psicológico -que le pertenece a la sabiduría- terminando por transformar absolutamente todo el vivir y la vida en un gran enjambre intelectual cómo sí todo fuese lo mismo; atribuyéndose la capacidad y la cualidad para hacerlo. La dimensión existencial es obvio que pertenece al ámbito de la sabiduría, de la percepción, de manera que cuando el conocimiento -que solo es útil en el campo factual, practico- intenta suplantarla, crea y alimenta la ignorancia y el consecuente caos tanto interior cómo exterior. Ignorancia y caos que son inevitables, puesto que la intromisión en el campo de lo existencial por parte de la especulación intelectual, es totalmente arrogante, inútil e intrascendente.

La mente contiene en sí a la sabiduría cómo al conoci-miento. La sabiduría se relaciona con la inteligencia y la percepción; el conocimiento con la memoria, la información y su recuerdo. De modo que la sabiduría es la practica viva del aquí-ahora y, la memoria el recuerdo del pasado o la proyección hacia el futuro, lo que significa que la comu-nión perfecta de la sabiduría y el conocimiento es la de la mente gobernada por la inteligencia, lo que significa el presente usando al pasado o al futuro cuando un desafío de la vida lo requiere, y no cuando la mente necesita evadirse de las miserias humanas creadas por ella misma.

Cuando no existe comunión entre el conocimiento y la sabiduría, la mente produce, desarrolla y crea todo tipo de especulaciones intelectuales, de modo que la mente que tiene ausencia de sabiduría es quien instaura, funda e inventa ideas e ideales, doctrinas y creencias, normas y reglamentos, culturas y tradiciones, murmuraciones y argumentos, teologías y psicologías. De modo que la mente con carencia de sabiduría es quien gesta las ideas que encajan y son aceptadas por la mayoría de la humanidad por razones asimétricas, o sea, que son aprobadas por todos aquellos seres humanos que en sus mentes brilla la información almacenada en la memoria pero que, por el contrario, tienen escasez de sabiduría.

La ausencia de sabiduría en la mente humana es quien posibilita que la vida y el vivir sean invadidos por todo tipo de especulaciones intelectuales, y que sean dichas especulaciones quienes gobiernes y determinen la vida de la humanidad en la sobrevivencia del caos permanente que inevitablemente produce la ideación de lo mejor.

Las creaciones del conocimiento a través de la ideación de lo mejor -sin la presencia de la sabiduría para avalar dicha ideación- se pueden transformar también, inevitablemente, en la ideación de lo peor, -la historia tiene muchas pruebas de ello- de suerte que las creaciones del pensamiento terminan por enclaustrar la mente en la divagación de la opinólogia sobre lo que debería ser, aislándola completamente de lo que es, o sea, del presente, de lo que existe. En esta divagación psicológica se encuentra la mente cuando decide introducir al intelecto, al pensamiento en la dimensión existencial, trascendental, y es desde esa confusión que nace la teología, la creencia y el dogma sobre Dios y el conjunto de la vida y del como se debe vivir de acuerdo, supuestamente, a los deseos de Dios [¿?].

Todo esto significa que la mente exenta de inteligencia, percepción y, por lo tanto, de sabiduría, es quien nos señala, indica, persuade y nos trata de obligar a vivir de acuerdo a su confusión, conflicto, intereses y divagaciones intelectuales, en lo que él supone que es el deseo de Dios. Esto obviamente no solo se produce en la dimensión existencial, sino que por sobre todo, en la dimensión del vivir de la sociedad. En esta dimensión es donde el trafico de intelectualidad más se regodea y donde más lucro adquiere, por ser el ámbito en el cual más variado es el desarrollo de especulaciones y divagaciones diversas… de toda índole y clase.

Antes de que aparezca la mente en la vida del ser humano, la evolución del universo y de la naturaleza se desarrollaban sobre sus carriles originales, regulares, pero a partir del hecho del ser humano y la mente, solo el universo siguio su curso natural y ordinario de desarrollo y expansión, no así la naturaleza porque el pensamiento humano decidió que podía controlarla, regularla y dominarla. El resultado final de dicha extravagancia intelectual es la destrucción paulatina pero segura del ecosistema y todos los desastres que ello implica. La intelectualidad desarrollo esta idea y el pensamiento la puso en ejecución prescindiendo para ello de la inteligencia, de modo que el intelecto pudo hacer propaganda de la memoria por los resultados efectivistas que esta idea tuvo en un principio, pero cómo en ella existía la ausencia de sabiduría evidentemente que no pudo prever los resultados que emanarían y a continuación le acosarían.

Es obvio que podemos hacer propaganda del intelecto y de la memoria, pero no podemos hacer propaganda de la inteligencia y de la sabiduría, de suerte que lo único que resta es cambiar el papel de cada una; a la buena memoria se le llama inteligencia y al exceso de información sabiduría… y es lo que hemos hecho con el fin de ocultar nuestra ignorancia. Así hemos dado autoridad al pensamiento intelectual para que rija nuestras vidas y nuestro vivir, y que pueda construir libremente la sociedad al antojo de la ignorancia, lo que significa el resultado caótico que representa… el mundo en el cual vivimos actualmente.

La primera manifestación de la vida la conocemos a partir de la ostensible expansión del universo según la intelectual teoría del big-bang [¿?], del vivir tomamos noción a partir de la especulación intelectual a la cual llamamos his-toria, la que nos relata sobre el hombre primitivo, sobre los dinosaurios, etc [¿?]. Desde la actualidad el intelecto interpreta ese tiempo remoto tomando algunos elementos y creando a continuación la divagación intelectual correspondiente, donde encajan perfectamente esa minúscula cantidad de elementos con los que cuenta para producir semejantes cantidad de divagaciones y especulaciones intelectuales, que tanto sus creadores cómo el resto de la humanidad da por sentado que es así, sin que nadie cuestione… simplemente se aceptan ciegamente; ¡intelectualmente cómodo! ¿verdad?.

Esa es nuestra vida [¿?] y nuestro vivir: todo lo determina la especulación intelectual, lo que significa que dicha divagación mental es quien define lo que es verdadero y lo que es falso. De modo que la mente a tomado posesión de la totalidad de la vida y el vivir, suplantando y expulsando de la vida a la inteligencia, la percepción y, por lo tanto, a la sabiduría.

La vida y el vivir solo puede ser comprendida por la percepción y la inteligencia, o sea, por la sabiduría; y es a partir de su comprensión que se puede organizar el vivir social. Creer que el intelecto es Dios y, por lo tanto, transformarlo en el omnisciente y todo poderoso diseñador de la sociedad, es cómo morir de hambre cuando se es dueño de un supermercado. El intelecto tiene la arrogancia de jactarse de jamás haber dicho no sé, y con esa autoconsideración de sabiduría perse es con la cual se aventura a conjeturar de todo aquello que realmente no conoce ni sabe, lo que significa que inevitablemente se tiene que morir de hambre por no alimentarse de la percepción y la inteligencia para construir el vivir y para comprender la vida. Cuando nuestro intelecto se convence así mismo de ser capaz de resolver todos los enigmas de la existencia, más todos los problemas de la sociedad, inevitablemente tiene que caer en inventos y soluciones imposibles y respuestas finales inexistentes, además de la consecuente construcción social caótica, irracional y cruel.

La existencia es inmutable en su expansión, evolución y desarrollo hasta que aparece la mente humana con su ca-pacidad de conocer. Este es el punto que da nacimiento a la confusión y el conflicto interno del ser humano y al caos externo de la sociedad, debido a que la capacidad de conocer tiene dos vertientes: el caudal asociativo, comparativo, acumulativo, o sea, el contenido intelectual de la conciencia… la memoria; y el caudal intuitivo, perceptivo, o sea, la madre de la sabiduría… la inteligencia.

La carencia de conocimiento propio hace a la inclina-ción del ser humano por la herramienta que conoce y que asocia cómo idéntica a la inteligencia: el pensamiento, el intelecto, la memoria, de manera que le da un lugar en el santuario de la mente convirtiendo al intelecto en el dilucidador de cualquier misterio, conocido o por conocer.

Todo lo que el hombre conoce es el mecanismo obsesivo de pensar de la mente parloteadora, de modo que el ser humano se enfrenta a dos alternativas idénticas por ser las dos de su propia creación: usa a la mente parlanchina para quedar atrapado en sus particulares intereses materiales, sentimentales, psicológicos, religiosos, o transforma ese parloteo en grandes interpretaciones intelectuales sobre la existencia o sobre la sociedad, con el desarrollo en divagaciones que luego se transforman en nobles y virtuosos ideales que supuestamente darán solución a la vida y al vivir del ser humano. Todo esto significa que siempre siguen siendo sus intereses particulares, ya que la teoría -existencial o social- que el ser humano invente, cree o adopte para sí, hace a su conveniencia psicológica personal con el fin de escapar del miedo que supone el no tener claridad ante los misterios de la vida y los complejos problemas del vivir. De modo que es en este punto en donde el intelecto se presenta cómo el sabio que dilucida cualquier enigma y problema, y el ser humano acepta dicha propuesta cómo tal, dando por sentado que es así y que no existe ninguna otra herramienta en la mente que sea capaz de dicha labor. La inteligencia fue sepultada y la confusión interna y externa fue creada.

El pensamiento con sus sistemas comparativos y asociativos de pensar crea el miedo en la mente, de modo que ese mismo miedo es quien impulsa al intelecto a buscar soluciones para alejar dicha sensación paralizante, soluciones que ni el pensamiento ni el intelecto tienen, pero que en la comparación y en la asociación de ideas, encuentran en el escape y en la evasión intelectual y psicológica la formula de engañar al ser humano, dándole a continuación el merito al intelecto de ser el genio solucionador de problemas. Obviamente que ni el pensamiento ni el intelecto ni la memoria tienen la capacidad de percibir este autoengaño.

Es así cómo nos encontramos frente a un ser humano y, por lo tanto, frente a un mundo que de manera mecánica y totalmente autista considera que las creaciones del intelecto, sus creencias, sus doctrinas, sus ideales, sus teorías, sus nacionalismos, sus económisismos, etc., son la realidad y la única alternativa que nos puede sacar del caos actual, habiendo sido estas mismas divagaciones intelectuales las que se encargaron de dividirnos, fracturarnos, separarnos y establecer el caos y el conflicto permanente en nuestras vidas y en el mundo… ¡Inteligentemente estúpido! ¿Verdad?. La realidad, los hechos, nos demuestran que los inventos y las crea-ciones del intelecto solo han creado confusión, fragmentación, derramamiento de sangre y guerras. ¡Nada de sabiduría! ¿Verdad?. Pero a pesar de todo esto seguimos aferrados al autismo intelectual que hemos endiosado.

Al tener la mente la capacidad de conocer, hace que el ser humano confunda esta capacidad con la habilidad que tiene el intelecto para crear e inventar teorías que explican lo que supuestamente conocemos, transformando de esta manera los roles que le caben al conocimiento por un lado y a la percepción por el otro. Lo que conocemos es lo vivenciado por la percepción, pero nosotros desarrollamos e inventamos el conocimiento a través y por medio de teorías existenciales, psicológicas, espirituales, o de opinólogias sociales, económicas, mediáticas, políticas. Todo esto es la construcción premeditada de lo que debemos conocer, lo que en realidad y en los hechos significa simplemente… llenarnos de murmuración global y, cómo consecuencia tener mucho conocimiento sobre nuestras propias elucubra-ciones, suposiciones y divagues intelectuales, lo que significa simplemente elucubraciones y divagues psicológicos, o sea, ningún conocimiento real, verdadero, objetivo, que nos pueda servir para un mejor vivir.

La mente tiene la capacidad de conocer ¿ello autoriza, por medio de una teoría al conocimiento a establecer de forma fija, estática, cual es la verdad? ¿Es lo que conocemos intelectualmente la verdad?. Sí no conocemos lo verdadero, la verdad ¿qué es lo que conocemos? ¿Por qué lo que la mente conoce lo transforma en conocimiento verbal?. Solo podemos conocer en el mundo practico, factual, en el mundo científico, en el mundo donde todo es fijo, muerto, estático, no así en el mundo espiritual, existencial, trascendental, porque en ese mundo todo esta vivo, en movimiento, en constante cambio, de modo que es solo la percepción quien puede captar, conocer y aprender en ese mundo. Lo que significa que la ignorancia consiste en transformar y enseñar intelectualmente lo que uno conoce, vive, experimenta en la vida y el vivir y, sabiduría es el señalar la forma de aprender por sí mismo a experimentar, o sea, plasmar en teorías, creencias, ideales o doctrinas lo que se ha conocido, es la ignorancia, enseñar al ser humano como llegar por el mismo a conocer, es la sabiduría.

Transformamos lo que conocemos en una idea, luego comparamos el hecho con la idea y ello es el análisis, lo cual se convierte en el conocimiento intelectual, esto es lo que pasa a constituir el trasfondo psicológico de la mente y el consecuente conflicto. Conflicto que inevitablemente se establece porque la idea aleja a la mente de la realidad, del hecho, de manera que lo importante pasa a ser la idea no el hecho, lo que significa que el vivir, además de ser nuestra diaria rutina, se ha convertido en la total y absoluta construcción de la mente.

Es obvio que esto hace que nos encontremos en el díario vivir con todo el bagaje intelectual que invade todos los campos de la sociedad: la tradición, la cultura, la educación, la publicidad, la política, la religión, la propaganda, la psico-logía, la literatura, la filosofía, además de toda la saturación mental de los medios de comunicación. De modo que quien diseña nuestra mente y las consecuentes normas que afloran de ella, es nuestra confusión e ignorancia, lo cual establece las pautas de convivencia desde el permanente fraccionamiento, porque se construyen a partir de la concepción intelectual particular a la cual hemos adherido.

La construcción del relacionamiento desde nuestro par-ticular punto de vista, solo se mantiene a través de otra concepción intelectual que es mera formalidad: la tolerancia. Tolerancia que se desmorona cuando nuestros intereses son afectados y ello hace que quien no este de acuerdo con nues-tro conocimiento intelectual y psicológico se transforme en nuestro enemigo. Sí no es así habría que explicar ¿el por qué de la guerra?.

Desde la aparición de la mente en la escena de la vida y el vivir, el ser humano ha tenido la opción de conocer, op-ción que es desperdiciada al transformar lo conocido en divague intelectual, transformando así la totalidad de la vida en mera suposición, tanto la trascendental como la social. Es obvio que nuestro caos actual es producto de la lucha y el enfrentamiento de las ideas, o sea, de los divagues y las suposiciones intelectuales, que son aceptadas por los diferentes grupos humanos, cómo verdades absolutas.

Se considera a nuestras especulaciones sobre el mundo existencial, espiritual, o sea, sobre Dios, cómo la verdad absoluta de la cultura particular a la cual se pertenece, la cual a ideado su Dios de acuerdo a la elucubración, ambigüedad y limitación del pensamiento intelectual, porque obviamente sobre Dios nada se puede saber excepto, vaguedades intelectuales, al ser Dios una vivencia personal intransferible e imposible de traducir en palabras, o sea, de elucubración intelectual alguna.

Esta arrogancia del intelecto es la que actualmente produce la desgracia, el derramamiento de sangre, la muerte y guerra irracional, a la cual nos encontramos sometidos por obligación de los avatares occidentales y el mesianismo de los fundamentalistas orientales.
La verdad es que no sabemos nada del otro mundo, ni tampoco hemos logrado dilucidar este y construirlo sabiamente para hacer de él un lugar digno donde vivir. El inte-lecto divaga sobre el otro mundo y elucubra sobre este. ¿Sí sabemos tanto del otro mundo, de los criterios y deseos de Dios, cómo es posible que no sepamos vivir en este mundo? ¿De que nos a servido conocer -supuestamente- todo acerca del mundo que existe después de la muerte, si no sabemos vivir esta vida?. ¿Cuál es el sentido de estar abarrotados de intelectualidad, de todo tipo y clase, sí el resultado de tanta sabiduría [¿?] es el mundo que tenemos, el cual solo nos sirve para lamentarnos de sus desgracias, desdichas, abusos, crueldades, hambre, miseria, derramamiento de sangre, ex-plotación, irracionalidad y guerra?. A pesar de todo el conflicto y el enjambre de confusión que a producido la intelectualidad -tanto sobre el otro mundo cómo de este, además del caos en nosotros mismos- seguimos apegados a ella cómo tabla de salvación, sin percibir todavía que es este sistema de divagación mental, la causa del caos global eterno.