La Soledad

Nos desagrada la soledad y hacemos cualquier cosa para escapar de ella. Cuando hacemos esto ¿no estamos escapando de nosotros mismos y realizando cualquier cosa para no ver nuestra miseria interior, la cual es revelada por la soledad? No sabemos nada sobre la esencia de la soledad pero suponemos de antemano que ella no es buena compañera, que ella es mala, de modo que todo lo que realicemos para escapar de la soledad en realidad es la desesperación que nos produce lo que somos y es únicamente esto lo que deseamos evadir… no de la soledad.

Hemos condenado a la soledad considerándola sinónimo del conflicto interno, de la desdicha, de la obsesión, o sea, del infierno, lo que significa en nuestras vidas el desperdicio absoluto del Maestro Interno, puesto que la soledad nos obliga a estar con nuestro mundo interior, con lo que somos, y ello encarna la oportunidad de aprender y como consecuencia el enfrentar y trascender nuestras miserias humanas.

Asociamos la soledad al despertar de la obsesión mental, y la obsesión al despertar de la locura, de modo que el miedo a la locura es la motivación que nos impulsa a la evasión de la soledad. Dicha obsesión se encuentra centrada en el contenido exclusivo de nuestro mundo psicológico, o sea, que es el contenido interior -lo que somos- lo que nos enloquece y por lo tanto de lo que queremos escapar, no de la soledad.

La soledad, por lo tanto, la vivimos como la muerte del ego, de modo que ella se transforma en el miedo clandestino que terminamos traduciendo como desagrado a la soledad. Este temor se produce porque la soledad nos demuestra que no somos lo que creíamos que éramos -buenos, justos, cuerdos, coherentes, humildes, racionales, filántropos, inteligentes, felices- sino un manojo de narcisismo hueco y vacío que es llenado, alimentado y nutrido a través del parloteo y la consecuente obsesión mental que nunca para de decirnos como debemos ser. De este modo la soledad desnuda revela nuestras miserias mas intimas, secretas y ocultas, sin dejarnos opción para el auto-convencimiento de que es verdad lo que creíamos que éramos. Esta revelación termina con el ego en el infierno -y esta condena al infierno del ego herido- se la atribuimos a la soledad.

La soledad termina siendo el terremoto de la indiferencia y el conformismo, el huracán del ego, el tormento del pensar, lo que significa que el miedo a la muerte es miedo a la absoluta soledad que la muerte presupone. La pregunta que se impone a continuación es si ¿existimos independientemente de la soledad o solo existe la soledad y, el nosotros individual, es nada más que una creación del pensamiento con la finalidad de escapar de la vida hueca y vacía que tenemos? Sí la soledad es la única realidad es obvio que el ser individual que consideramos que somos no existe. Pensar esto es traumático porque el ego no acepta su no existencia; para él la única y exclusiva existencia del ser es, gracias al alimento psicológico que el mismo provee al narcisismo del pensar, lo cual es la causa, la razón y el sentido que el ser humano tiene para vivir; de manera que el temor a la soledad es el desguace que la soledad realiza del ego, revelando finalmente que el ego no puede hacer feliz ni darle paz al ser.

El ego no conoce la soledad, solo conoce el aislamiento, lo cual practica cuando se encuentra agobiado, confundido, cuando no ha sido reconocido, cuando a sido martirizado, cuando se siente presionado por el entorno, entonces practica el aislamiento, porque necesita recuperar su banalidad. La soledad no puede existir junto al ego porque la soledad no es posible que exista cuando hay influencias separatistas, antagónicas, contradictorias, puesto que el momento de completa soledad llega cuando todo se ha ido y con ello aparece el estado de la dicha del aquí-ahora, del eterno presente, lo cual no sucede en el aislamiento porque es un escape del ego en el intento de esconderse, de evadirse de lo que lo martiriza.

La soledad no es divisoria porque no contiene contradicción ni puede existir en el conflicto; en el conflicto, en la contradicción, solo puede existir un tipo de aislamiento forzado, impuesto, pero ello no es soledad en lo absoluto, porque si observamos veremos que solo en la soledad, o sea, cuando se ha ido todo, cuando nada ha quedado, es cuando la mente goza de absoluta libertad, de la dicha del presente.

El sufrimiento existe exclusivamente cuando hay contradicción, conflicto, confusión, obsesión, en la mente, o sea, existe en aquella mente que se encuentra apegada a intereses materiales, emocionales, psicológicos, a influencias de todo tipo, de modo que la pregunta que se impone es ¿La comprensión de la soledad es la respuesta y la trascendencia del sufrimiento, de la desdicha, del conflicto? El sufrimiento lleva a la mente a buscar en el pasado algún recuerdo que la saque de la desdicha del presente, como no lo consigue vuela hacia el futuro soñando con la esperanza de encontrar por anticipado una salida que le permita escapar de la desdicha que la atormenta aquí-ahora. El viaje hacia el pasado con retorno instantáneo hacia el futuro revela el presente hueco y vacío que la atormenta y, en el desespero, busca compañía física o psicológica para escapar de la soledad.

La compañía, el conocimiento, los recuerdos, las experiencias, puede que no traigan ningún consuelo, ninguna solución, de suerte que la única manera de caminar hacia la muerte es en soledad, lo que significa morir a cada instante a todo el pasado: a los recuerdos, experiencias, conclusiones y conocimiento psicológico. La soledad de la mente es la paz y la dicha del vivir, de modo que el escapar de la soledad mediante el trabajo, la pareja, la creencia, la ideología, el culto, la televisión, Internet, etc., no es solución alguna para resolver el sentido de la vida o para encontrar la esencia de lo que somos.

Escapar de la soledad es una argucia del pensamiento con la finalidad de conseguir seguridad. Pero es obvio que la seguridad no se consigue con argucias que intentan evadir lo inevitable. La tarea no es evadir lo inevitable sino el abandonar lo que hemos acumulado con la finalidad de conseguir seguridad: nuestros dioses, cultos, creencias, teorías, ideologías, avaricias, egoísmos, opiniones, dogmas, ambiciones,cuentas bancarias que solventan compañías, etc. Cuando nos encontramos en este estado de soledad, la mente esta quieta, vacía, inmóvil, no se cuestiona nada; en ese estado es cuando la mente puede discernir lo que es verdadero e innegablemente cuando se sabe lo que es verdadero ahí esta la seguridad.

La mente no puede tener seguridad acumulando -bienes materiales, franquicias emocionales que le permiten aparentar bondad, regalías intelectuales que la hacen aparecer como culta o retencionespsicológicas que le permiten aparentar que sabe- porque todo ello es auto-engaño y esta estratagema simplemente la convierte en astuta, hábil, seductora, estratega, picara, lo cual simplemente termina en un fraude así misma, creando en la mente el patrón mecánico de la auto-estafa permanente como forma de vivir y relacionarse, lo que termina inevitablemente en más inseguridad y la consecuente insatisfacción, insatisfacción que termina alimentando la violencia interna y externa.

La mente no es independiente de lo que piensa, o sea, de lo que anhela, sueña, desea, ambiciona, codicia y se ilusiona, porque la mente es lo que se piensa en el momento que se piensa, no otra cosa, y eso es lo que somos en el momento que ejercitamos el pensamiento como función de la mente, de manera que quedamos expuestos a las especulaciones, naufragios, parloteos y obsesiones mentales, lo que nos convierte en angustiantes alucinadores, permanentes perturbados y ciegos obstinados, lo cual termina alimentando la inseguridad y el temor. Esta inseguridad y temor nacen de una mente con ausencia de soledad porque se encuentra rodeada de esquemas, bosquejos, programas y patrones de pensamientos que terminan confluyendo en el parloteo incesante de la mente, de modo que el vaciar la mente del contenido neurótico que la posee es el primer paso hacia la libertad y la dicha del vivir.

Llamo soledad o ser solitario, a la mente que es incorruptible, aquella mente que es libre de dogmas, tradiciones, doctrinas, obsesiones, deseos y ambiciones, a la mente que se encuentra libre del temor, de la desdicha, del complejo, de la alineación, a aquella mente que no encuentra verdades en las cosas falsas, de suerte que no depende de ningún patrón de pensamiento ni velo intelectual que le permita interpretar lo que sucede, lo que es.

La mente dependiente es la mente que hace de la compañía una necesidad porque ve a la soledad como un problema, de forma que la única escapatoria que le resta es poseer: amistad, pareja, bienes, cuentas bancarias, creencias, ideologías, dogmas, cuecas psicológicas, teorías, etc. El poseer le da cierta sensación de seguridad, lo que resulta en el alimento de la avaricia, el egoísmo y la ambición -esta mente dependiente ve a la soledad como la enemiga a combatir- pero al alimentar su codicia es obvio que la soledad para ella se transforma en infierno obsesivo, en el caos parloteador, en murmuraciones perturbadoras, no en silencio y paz, o sea, para ella la soledad es equivalente a un viaje a las tinieblas que produce el tormento de una mente usurera, porque una mente miserable no puede callarse nunca -lo cual es su auto tortura psicológica- ya que la avaricia necesita constantes aspiraciones y metas a conquistar, lo cual depende de planificaciones y sus consecuentes detalles psicológicos que son el consecuente parloteo incesante de la mente, o sea, el infierno.

Para la mente solitaria lo importante es el camino, el viaje, la travesía, no el destino final, no la meta, no la culminación. Para la mente solitaria lo importante es el aprender, no lo que se aprendió, lo cual aniquila cualquier posesión, deseo, dependencia. La mente solitaria no esta pendiente de lo que posee y de como resguardarlo, sino que esta libre de apegos y futuras adquisiciones y ello es lo que la hace una mente inteligente, cuerda, libre. El propósito de la mente solitaria es simplemente caminar, transitar, pasar y ver. Ello le va dando el aprendizaje de lo que vive y eso es el premio: el aprender desde el presente sin la intervención del pasado o el futuro.

El estar solo nos obliga ha estar con nosotros mismos, lo que significa que lo que nos suceda interiormente cuando estamos en soledad es la revelación del contenido particular de nuestro estado psicológico, es la totalidad de nuestro estado mental, o sea, la soledad es la radiografía de la mente en el estado que se encuentra sin opción a disfrazarla de cuerda, racional o inteligente. La radiografía nos demuestra que es irrelevante que seamos reconocidos, famosos, millonarios o exitosos, si no tenemos paz y la consecuente armonía mental. La soledad nos hace experimentar este estado de desdicha cada vez que nos quedamos con nosotros mismos y ello es el dolor y el temor que sentimos a estar solos. La pregunta es ¿Cuándo pasa a ser un problema la soledad en nuestra vida? El pensamiento es limitado y se mueve dentro de ese campo, tanto con referencia al conocimiento como en el tiempo: pasado y presente.

La soledad es ilimitada y atemporal, de modo que para la mente ella se transforma en un problema porque la mente solo se mueve dentro del campo conocido del conocimiento y del tiempo psicológico llamado pasado y futuro. En los tiempos de pasado y futuro la mente encuentra respuestas y puede proyectar sus ilusiones como si fueran realidad, de modo que en ese campo ella se encuentra segura porque además de vivir en estos dos tiempos que no existen, ella los manipula a su antojo, lo cual no puede hacer con el presente y por lo tanto, no puede maniobrar a la soledad porque el silencio es incorruptible.

La soledad es silencio y el silencio es soledad, de manera que es innegable que el pensamiento usa tanto el parloteo y la conversación como refugio para evadirse del silencio y la soledad. El pensamiento puede moverse exclusivamente dentro de los límites del contenido de la memoria y esa es su restricción, la barrera que lo limita, de suerte que al ser la soledad y el silencio ajenos al conocimiento intelectual, el pensamiento se encuentra perdido, extraviado, porque no los puede traducir a palabras, a imágenes, a verbalizaciones, conclusiones u opiniones. El pensamiento analiza, argumenta, discute, pero no tiene la capacidad de introducirse en el silencio porque no tiene la capacidad de meditar. El pensamiento es la negación de la meditación. Solamente el silencio es capaz de penetrar lo sagrado, lo ilimitado, lo indefinido.

La pérdida de protagonismo que tiene el pensamiento frente al silencio hace que la mente introduzca el temor como forma de defensa del pensar obsesivo -al cual estamos habituados- para salvaguardarlo, puesto que, el temor obliga a la mente al pensar perturbador, de forma que el pensamiento mediante esta evasión elude al silencio y consecuentemente escapa de la soledad.

La mente silenciosa no es lo mismo que la mente callada; la mente callada es la mente rumiando en sí misma sin dar evidencias verbales de su locura gracias a su mutismo. Esta mente en soledad se trastorna, se vuelve esquizofrenica, porque la soledad la priva de su deporte favorito: hacer gala de su ego. En soledad ¿a quien le puede vender su ego, a quien le puede exhibir las cualidades que adolece? La mente callada es la mente que no ha desarrollado la habilidad verbal para defenderse públicamente, la mente callada es la mente que tiene constante temor a equivocarse, de modo que solo le resta el vender cordura a través de su afonía psicológica.

El pensamiento solo puede argumentar, discutir, teorizar, examinar, razonar, indagar, analizar… el contenido de su memoria; pero no puede ir más allá de eso… y a ello esta circunscripto, lo que significa que al encontrarse el silencio y la soledad fuera de la orbita de lo que el pensamiento puede acaparar en la memoria, tienen la capacidad de anular la función que se atribuye el pensamiento de estratega de la vida. Esta invalides que imponen la soledad y el silencio al pensamiento es la chispa de la locura que hace arder el latifundio anímico, moral, emocional, psíquico, de toda mente enajenada en su vida egoísta.

Vemos como el pensamiento solo se puede mover dentro de los limites del contenido de la memoria, mientras que el silencio y la soledad se mueven en el vacío. Esta limitación del pensamiento lo obliga a moverse dentro de los tiempos psicológicos de pasado y futuro, mientras que la soledad y el silencio es el presente, lo cual es el impedimento para que sea el pensamiento la herramienta que comprenda, puesto que la comprensión siempre es el sobre lo que es en el presente vigente, de modo que la pregunta es: ¿el silencio y la soledad interior son La Gracia Divina? ¿La bendición de lo sagrado sobre el hombre?

Es obvio que para que exista soledad y silencio debe existir una mente que no pretenda, proyecte, codicie, anhele, ambicione, o sea, una mente integra, sencilla, simple, lo que significa una mente que no se encuentra apegada, adherida a deseos e ilusiones, a esperanzas y metas, a avaricias y egoísmos, a emociones y sentimentalismos, porque este tipo de apegos la inmovilizan en el pasado lo cual le obstruye la libertad y la imprescindible inteligencia que se necesita para comprender lo que es en el aquí-ahora.

La mente vieja se encuentra escoltada, asistida y acompañada por recuerdos, experiencias, imágenes, alusiones, reminiscencias, teorías, remembranzas, sugerencias, evocaciones, creencias, huellas psicológicas, opiniones, dogmas, juicios, certezas, convicciones, supersticiones, conjeturas, juicios, etc., los cuales usa para intentar establecer a la vida y al vivir como determinada, establecida, en parámetros que se pueden prefijar con el pensar, lo cual le resta la posibilidad de que la vida seauna cadena de probabilidades, de manera que esa mente primitiva, arcaica, tradicional, se encuentra imposibilitada de aceptar y comprender lo nuevo, aceptar cualquier cosa que la trascienda y ello la lleva inconcientemente a desechar el silencio y la soledad porque es ahí donde puede surgir lo nuevo, lo desconocido, lo diferente, lo insólito y, obviamente que para lo inmaculado la mente troglodita no esta preparada.

La soledad es el estado de la mente en vigilia constante, en estado de alerta y observación, de suerte que difícilmente una mente añeja, llena de recuerdos y conceptos, pueda probar la dicha que produce una mente solitaria que ha desechado todo el pasado. La mente solitaria es aquella mente que ha descartado el choque de creencias, intereses y argumentos porque la detienen en el tiempo, y se predispone a vivir lo nuevo como única forma de aprender sobre lo que esta más allá de lo que la memoria tiene almacenado.

Desperdiciamos la soledad como maestro interno porque hemos sido educados por seres llenos de temor, los cuales nos han implantado la creencia de que la soledad es mala compañera y el escape de ella es lo normal, lo natural, lo sano, de manera que usamos la amistad y cualquier compañía como mera herramienta a ser usada para escapar de la soledad. La soledad nos lleva a toda las profundidades de nuestra mente y de la existencia, pero nos alejamos de ella porque queda sin sentido el pensamiento y ante ese hecho nos encontramos perdidos, sin timón que nos señale el laberinto de la memoria en que nos debemos mover.