La Sabuduría de los Lirios del Campo

Después de alcanzar una intuición de la Verdad del Reino de los Cielos Interior, vale decir, de la espiritualidad, la sabiduría se apodera de la mente y la acción de ella se refleja en el despertar de la inteligencia y por lo tanto en las actividades del vivir cotidiano.

Cuando la mente comprende vive desde el mundo interior hacia el exterior; cuando la mente no-comprende vive en y para el mundo exterior. El logro de la percepción de la Verdad del Reino de los Cielos Interior, lleva a la mente a vivir desde el interior hacia el exterior. La no percepción de esta verdad mantiene a la mente en el mundo de los sentidos: deseos, vanidades, ambiciones, ilusiones, codicias, celos, envidias, sueños y esperanzas, es decir, en el mundo del relativismo hegeliano, de la dualidad, de la contradicción, de la comparación y del interminable intelectualismo analítico, o sea, la aprisiona -exclusivamente- al mundo exterior.

La mente que vive para el mundo exterior, cuando decide buscar otro punto de vista, cansada de su propia visión de las cosas, se hace consciente de su insatisfacción y sufrimiento, y ello la lleva a considerar que antes de introducirse en el mundo espiritual sufría menos y como persona era mejor. Es evidente que esta auto-consideración es completamente falsa, puesto que lo único desigual, diferente y distinto, a su estado anterior, consiste en que antes era inconsciente de su desdicha y la causa que la provoca, que es a saber, su mente.

Vivir en el mundo interior es vivir en y desde la inmentalidad, ¿Qué es vivir en la inmentalidad? Es vivir sin pensar en el Reino de los Cielos, es no pensar en la iluminación, en la espiritualidad, en logro o realización alguna. Esta inmentalidad no es otra que la Sabiduría. Quienes ven dentro de la inmentalidad tienen una realización decisiva y decidida, puesto que quedan tan solidamente inconmovibles que se asemejan a La Espada de la Ley. Vivir en y desde la inmentalidad no es para el hombre común, pero cuando el hombre común busca la Verdad, Dios, la Iluminación, la Comprensión, la Sabiduría, el Reino de los Cielos, o como se quiera denominar el encontrarse con su mundo interior, deja de ser un hombre común.

Para el ser humano común la inmentalidad es algo inconcebible puesto que no conoce siquiera su mente consciente. Para la mente común es inconcebible que exista un lazo que una la mente común con la inmentalidad. Dicho lazo es la sabiduría, de modo que para descubrir y lograr este estado el auto-conocimiento debe ser una ejercitación práctica porque dicha vivencia desde la inmentalidad debe formular afirmaciones que estén afincadas en la expresión directa de la experiencia sin ninguna expresión intelectiva ni metafísica.

El punto de vista específico es lo que le permite al pensamiento establecer la mente en una morada fija. El establecimiento de la mente en un punto de vista especifico (puede ser político, social, filosófico, científico, religioso) que se basa en doctrinas, creencias o teorías, sujeta a la mente en la sensación de seguridad que ello da, pero a la vez la limita para ir mas allá de su contenido y es por esta limitación que el intelecto no puede tener una relación con la inmentalidad ni la percepción con la Realidad, la Verdad.

Es obvio que la Realidad es inextinguible y ello es la razón por la cual rehúsa exponerse ante el intelecto porque jamás puede agotarse, mientras que el intelecto es limitado y se agota en el contenido de la memoria, de forma que la Realidad para el intelecto pasa a ser el reino de lo incognoscible, pugnando permanentemente por penetrar.

Al no poder penetrar el intelecto en este mundo, la mente recurre a la imaginación, pues ese mundo es intelectualmente brumoso, pero más o menos satisfactorio para la imaginación, vale decir que este mundo de la Realidad, incognoscible para el intelecto, se convierte en niebla mística, por lo que el acertijo de la realidad en el laberinto de la mente, sigue eternamente sin resolver.

La imposibilidad del intelecto para penetrar los misterios insondables de la Naturaleza de la Vida y del vivir, terminan por alimentar y engrandecer a la impotencia, de manera que la mente termina siendo una observadora de cómo los cuestionamientos sobre la existencia, encierran al intelecto y se da rienda suelta a la imaginación. Esta imaginación no tiene un cronograma obsesivo, obsecuente, estructurado o mecánico, como el intelecto con sus puntos de vista, de suerte que ello indica la saga de percepciones despistadas, disparatadas e inexactas que surgen, puesto que es inevitable que ante cada percepción que brote no este acoplada a ella el intelecto interpretando, lo cual termina por confundirla.

Este nuevo estado de la mente, a la vez que la confunde más, también la convence que sabe más [¿?] con lo que inconcientemente alimenta y agranda su arrogancia alejándola cada vez mas de su morada original. ¿Dónde esta la morada del Cristo? Es obvio y elemental saber que no se trata de la dirección de donde vive Jesús hoy día sino ¿donde se encuentra tu Esencia ahora? Es axiomático que ante esta pregunta el intelecto no intente y salte a responderla automática y mecánicamente, pero indiscutiblemente es el propio intelecto quien imposibilita ver y vivir la experiencia de la Esencia Original, del Reino de los Cielos Interior.

La ausencia de comprensión lleva al ser humano a tratar todo exteriormente y el intelecto solo se puede ocupar de ese lado de la vida, de modo que anhela cosas que cree que las puede conseguir pero que no sabe que esta imposibilitado para hacerlo, realizarlo, porque la falta de comprensión, inteligencia, vale decir de sabiduría le imposibilita ir mas allá de sus propios limites.

Siete son las cualidades que se deben portar para llegar al logro de la iluminación: Sabiduría, Pobreza, Caridad, Dignidad, Paciencia, Constancia y Meditación. Pero la sabiduría es el principal rector de las otras seis, puesto que sin sabiduría las otras cualidades son incapaces de Saber por sí a que están sujetas, ni a que tienden, ni hacia donde van, vale decir, que no pueden encontrar el destino ni la morada final de la espiritualidad: la Realidad, la Iluminación, la Naturaleza Original, el Reino de los Cielos, el Nirvana; porque no tienen ojo alguno que pueda reconocer a lo inconmensurable, la omnisciencia, lo omnisciente, lo sagrado, de modo que todos sus esfuerzos son en vano sin el liderazgo de la sabiduría.

La Sabiduría es el ojo que examina con perfecta claridad todo el campo de la Vida Espiritual y determina los pasos a seguir para alcanzar La Realización Suprema, el Cáliz Divino, la Embriagues Dionisíaca, el Santo Grial, la Gracia Divina, la Inocencia de un Niño. La Sabiduría se parece a la tierra, la cual hace posible que se desarrolle la naturaleza, la vegetación, las plantas y crezcan los alimentos. Pueden estar todas las condiciones para que la semilla crezca, pero sin la tierra, la semilla no crecerá jamás. De igual manera, sin la sabiduría las demás cualidades perderán por completo su potencialidad, no habrá vida en ellas, se convertirán a lo mucho en habito, costumbre, técnica, doctrina o moralismo barato.

La sabiduría da al hombre el vuelo de la paloma celestial, el vuelo del águila solar, que va desde la tierra al cielo y cuando desea volver lo hace. Pero el buscador que tiene las seis cualidades pero no la sabiduría, tiene las alas cortadas, de modo que todos sus esfuerzos por volar hacia lo inconmensurable llegan a nada. El buscador sin la sabiduría se parece a un barco que perdió a su capitán y la brújula. La sabiduría es la madre de la iluminación, pues nos revela la Verdad de todas las cosas y nos ilumina por encima de todas las acciones y anhelos. La sabiduría es la madre y la progenitora de todos los Cristos, Budas, e Iluminados, de forma que la sabiduría es la iluminación, es el Reino de los Cielos, vale decir que la sabiduría es la percepción directa de lo que eres en esencia y la comprensión instantánea [sin ningún intermediario interior o exterior] de lo Incognoscible, lo Insondable, lo Absoluto.

La ambición efectúa los primeros movimientos hacia el ideal que supone el objeto a ser alcanzado, sin embargo, cuando éste es atrapado, la ambición ya a sido dejada de lado, de modo que quien se apodera del objeto y el objeto atrapado se convierten en una sola cosa; se acaba el dualismo, cesa la contradicción, se diluyen las esperanzas y desaparece toda ilusión y, a continuación hay un estado de Identidad Perfecta que se conoce como Iluminación.

Pareciera que la sabiduría se divide o se contradice a fin de verse, iniciando así un estado de dualidad tal como el pensador y el pensamiento, el vidente y lo visto, sujeto y objeto. Cuando el trabajo de verse se cumple, en la sabiduría no hay más dualidad. La sabiduría aquí es vista en la iluminación y la iluminación en la sabiduría. La Sabiduría ve por todos lados su propio nombre pero deletreados de diferente manera: Iluminación, Comprensión de la Vida, Gracia Divina, Reino de los Cielos, Nirvana y así ad-eternum. Vale decir que la sabiduría es ver dentro de la esencia de las cosas y que esas cosas toman importancia cuando nosotros se las damos, pero en esencia no tienen contenido intrínseco, o sea, son vacías por naturaleza y, al tener esta experiencia de ver así las cosas, alcanzamos el limite de la realidad, lo que significa traspasar el limite de la mente común del entendimiento humano.

La virtud de la sabiduría es el no-apego y ello hace que vea al mundo como es, es decir que para la sabiduría conocer al mundo es conocer el espíritu humano y su accionar y eso hace que las cuestiones metafísicas también sean cuestiones normales, comunes e iluminativas, de manera tal que solo viendo el mundo tal cual es no hay engaño ni superstición, ni creencia ni dogma.

El Cristo nació después de la Sabiduría, la Sabiduría dio nacimiento al Cristo; esto significa: que la sabiduría del Cristo es el Cristo hecho Sabiduría, o sea, es la Sabiduría hecha carne caminando por la calle, y por lo tanto la naturaleza cristica es común a todos los seres humanos siendo dicha naturaleza la que nos hace hijos de Dios; aunque sean inagotables las diferencias entre todos los seres de carácter, forma, personalidad, función, respuestas, valor moral y espiritualidad; pero es la Sabiduría del Cristo lo que permite penetrar las superficialidades de la mente humana, para ver y reconocer que en esencia todas son y no contienen auto-sustancia de apego, de ilusión, de dualidad, de discriminación. Esto se describe como ver todas las cosas en un aspecto de esencia medular, donde las pluralidades de cualquier apariencia se desvanecen, pues se revelan tal como son bajo la luz de la sabiduría.

La sabiduría es el único nexo real y posible que existe entre el ser humano y lo desconocido, por tanto, cuando el ser humano ve las cosas a través de la ambición, las ve a través del velo de su propia dualidad, conflicto, contradicción y confusión, es decir que solo vive y existe en el mundo de las multiplicidades y relatividades, pero desconoce la otra dimensión de la vida y ello es su limitación, pues hasta tanto no se despierte la inteligencia en él no tendrá nexo alguno con la Esencia Medular de lo desconocido y ello es como estar ciego, el cual describe cosas que otros le contaron.

La sabiduría no tiene lugar de morada particular donde pueda ubicarse sus características o cualidades secundarias, lo que significa que no han de percibirse funcionando de cierta manera especifica en el tiempo que pueda analizarse o juzgarse puesto que tampoco moran en el tiempo; pasado, presente o futuro, pues no están sujetas a discriminación alguna ni tienen características particulares que el intelecto pueda interpretar o entender, de manera que, tratar de captar la sabiduría eruditamente con el intelecto es tarea vana.

Antas de que florezca la sabiduría en la mente, el Reino de los Cielos es el reino de los infiernos y es este reino infernal que es transformado en Reino de los Cielos por el despertar de la Sabiduría. El Reino de los Cielos esta más allá de todo apego, cosa, persona o pensamiento, es decir, esta más allá del mundo de pluralidades, aflicciones y sufrimientos y más allá de la cadena infinita de dependencias. En el reino infernal no hay nada perfectamente simple, todo esta destinado a la desdicha y descomposición final. Las cosas pertenecientes al mundo del pensamiento puede ser que parezcan que no están sujetas a la disolución, pues parecen existir como unidad, que pueden retener su forma, ser ellas mismas, pero no hay nada en la realidad que les de dicha existencia y, en la practica del diario vivir terminan dispersándose, de suerte que lo único que transforma en unidad al disperso reino infernal es la sabiduría a partir de lo cual es Reino de los Cielos.

La sabiduría no es algo que el intelecto pueda alcanzar, cultivar, memorizar, acumular, poseer, porque no consiste en un compendio de enseñanzas específicas, particulares, ni tampoco es una disciplina o técnica, como tampoco es alguna materia intelectiva resumida en algún libro sagrado que sirvan para tal fin. En libros religiosos podemos encontrar “cosas, dichos o sermones sabios” pero no a la sabiduría como tal.

Este mundo de materia y pensamiento esta compuesto de cinco elementos; forma, sensación, pensamiento, conformación y consciencia. La mente se adhiere a ellas cuando las considera realidades finales. La percepción de esta situación es la relación de la Sabiduría con la ilusión. Cuando la sabiduría capta la ilusión, no permite que ésta, en ninguna de sus formas, se adhiera a la mente, pero para llegar a ello aprender, observar y meditar sobre como nos mentimos a nosotros mismos y alimentamos ilusiones. Vale decir, que al ser estos cinco componentes más los seis sentidos, lo que constituye el estado del iluminado, el camino de la espiritualidad para llegar es: la atención permanente en la ilusión y el auto-engaño, lo cual debe tomarse como una forma de entregarse a la voluntad del Padre, lo que significa en la practica del diario vivir, entregarse a ese examen tedioso pero imprescindible de adiestrarse, educarse, disciplinarse, instruirse y afinarse en la observación y el alerta de la mente y su contenido, lo cual es enseñarse así mismo como aceptamos a la ilusión y a la mentira, como si fueran verdad.

El ejercitarse en este auto-conocimiento de vernos tal cual somos, desechando por completo el como deberíamos ser, descifrando y comprendiendo a cada instante que no es lo mismo como somos que, lo que somos en esencia, produce automática e involuntariamente “el amaestramiento” sobre la observación de la mente, del pensar y, por tanto, del contenido real de nuestro mundo interior. Esto es equivalente a decir que el Buscador se consagra como iluminado en la mentira y al estar libre de ella empieza a ver las cosas como son. La ilusión no lo puede engañar mas.

Otra de las tantas paradojas que tiene la búsqueda, es que salimos ha buscar la verdad pero para llegar a ella primero tenemos que descubrir como nos mentimos a nosotros mismos, vale decir que tenemos que comenzar por darnos cuenta de que para conocer la verdad primero tenemos que conocer la mentira particular de cada uno y, por lo tanto, develar nuestras mentiras, observarlas, indagar sobre ellas, estar atento a ellas y finalmente descubrirlas, desecharlas y comprender sin juzgarlas. Irrisorio ¿verdad? Tener que especializarse en la mentira para llegar a la Verdad.

La verdad no puede ser encontrada por una mente que se miente así misma, pues cree en mentiras que ella misma invento, además de aceptar mentiras de otros, con la exclusiva condición que sean de su conveniencia, en otra palabras, la mente que se encuentra atiborrada de mentiras, no puede encontrar la verdad hasta tanto no las abandone y deje de creer en ellas, porque es imposible y absurdo que puedan coexistir en el mismo lugar o en cualquier lugar (mente, sociedad, etc.) la mentira y la verdad.

La mentira no esta en la esclavitud de la Mente ni liberada de ella, es decir que el pensar (intelecto) cuando las desarrolla y las acepta las transforma en contenido de la mente pero, no son de la Mente. De igual manera, la verdad no esta ni en la esclavitud de la Mente ni liberada de ella, es decir: nada en la Mente pertenece a la Mente, por lo tanto, LA MENTE NUNCA SE LIBERA DE NADA, PUES NO TIENE DE QUE LIBERARSE. Debido a esto la Mente vive en la no-realidad, porque para ella no hay esclavitud ni liberación, ni apego ni emancipación. Aquellos seres que realizan, consuman y plasman esto, moran realmente en la sabiduría del Reino de los Cielos y son el ejemplo vivo de la sabiduría de los lirios del campo: exhalan perfume sin exigir que otros lo huelan porque esa es su naturaleza y, quien desea oler es libre de hacerlo, nada le pedirán a cambio.

Desde la visión de esta Mente; Cristos, Budas, Mesías, Reino de los Cielos, Iluminados, Divinidad, son meros nombres que se utilizan para podernos comunicar entre nosotros, pues el origen y destino de estos nombres no es indicable ni señalable de modo alguno, lo cual hace que estén más allá de toda predica y creencia, ya que son como el espacio vacío que no es obtruible por nada, lo que significa que rehúsan cualquier predicado y que es solo la Sabiduría quien puede hacer vivir estos estados… sin nombre.

La sabiduría es los lirios del campo en acción, vale decir, la inteligencia actuando en el diario vivir y en cualquier circunstancia. Nuestro mundo no es mas que un ingenuo realismo. El mundo interior del hombre esta compuesto por pensamientos, sentimientos y sensaciones, el cual es gobernado por el dueto arrogancia-ambición, individualmente aislado de los demás, de forma que una de las mejores maneras de descubrir y destruir este ingenuo realismo, es ver todas las cosas como ilusión, para no apegarse a ninguna de ellas. Comprender la ilusión de lo impermanente y que el concepto dualista de la mente; santo-pecador, bueno-malo, interior-exterior, etc., es nada mas que visión particular, entonces para alcanzar la Visión Real de la Existencia es necesario el despertar de la inteligencia, o sea, de la sabiduría.

Este mundo de pensamiento, sentimiento y sensaciones, deformado por la ambición y la arrogancia, desarrolla el deseo, la ilusión, los fanatismos y errados apasionamientos, los arrebatos y la violencia, los paroxismos y confusas emociones, todo lo cual entorpece y obstruye la actividad de la sabiduría. Toda pasión siempre es unilateral y, por lo tanto, crea y alimenta todo tipo de apego, dependencia y amoldamiento, lo cual arrastra al ser humano a cometer acciones equivocadas y ello lo lleva a una interminable repetición de lo mismo. Es por tanto la percepción-intuición quien puede quien puede correr el velo de cuanta ilusión y mentira acepta el intelecto como si fuera verdad.

Todo, absolutamente todo carece de realidad sustancial, es decir, son meras apariencias, por lo tanto, han de considerarse como tales y sin considerarlo o agregarle valor alguno. Ahora bien, en lo que atañe a las apariencia es obvio que están ahí, y este no es un hecho para ignorar, pero en cuanto a apegarse a ellas como finalidad, esa es la ilusión, pues seria como querer atrapar a la luna que se refleja en el agua. La sabiduría es quien nos dice lo que vemos allí atrapado en el agua: esmero reflejo, de forma que no se puede atrapar. Lo que se debe tener en claro es que no se niega un mundo de apariencias, solo se niega la posibilidad de que ello pueda ser atrapado.

Entonces ¿Dónde se encuentra el fundamento de la sabiduría? No se encuentra en la lógica como común mente se cree, sino que se basa las percepciones-intuiciones. La sabiduría es una recolección ininterrumpida, un acopio permanente de percepciones-intuiciones. La sabiduría es un salto de la mente: desde la lógica hasta la inteligencia (sabiduría). Cuando nos enfrentamos a la vida sin esta experiencia, la vida misma se transforma en una masa confusa de hechos inteligibles sujetos a nuestras interpretaciones, capricho e intereses.

Toda interpretación que tengamos con nuestra mente común y corriente es la lógica funcionando desde su interpretación dualista de la existencia; bueno-malo, justo-injusto, etc. Este dualismo atraviesa todo nuestro pensamiento y, mientras aceptemos las condiciones del pensamiento, jamás podremos liberarnos de él.

La lógica común es un implemento y una de las funciones del intelecto más útil de nuestra vida practica, pues sin ella no podríamos elevarnos más allá del plano animal de existencia. La facultad que tenemos de formar conceptos es lo que nos ata en la experiencia cotidiana reiterativa y el consecuente enamoramiento de este poder, lo cual nos arrastra, lenta pero inexorablemente, a apartarnos de la fuente de nuestro ser, que además fue quien dio nacimiento a la capacidad de construir ideas y llevar a cabo el razonamiento abstracto. Desgraciadamente este enamoramiento da como resultado que empecemos a sentirnos incómodos con respecto a nosotros mismos, aunque estamos convencidos de la precisión, suspicacia y sutileza de nuestra lógica, albergamos en algún rincón de nuestro interior la sensación de insulsez, futilidad y trivialidad, que no podemos localizarla en nuestra lógica, porque la lógica en conjunto carece de un poder convincente final.

La esencia de nosotros mismos o lo que ocupa la parte mas profunda de nuestro ser requiere para ser descubierta, algo cabalmente no conceptual, algo inmediato y mucho mas penetrante que la mera intelectualidad, vale decir que toda la espiritualidad es el despertar de este sentido interior porque ello permite captar lo que es como es, y eso es Sabiduría.

Ver las cosas como son, sin interpretar, razonar, argumentar o argüir, porque ello es interpretar y como consecuencia deformar la cosa en sí, es el tópico de la mente común y el comienzo de la sabiduría (percepción-intuición) como líder de la mente, pues de aquí en mas la mente se aplicara a ver, observar, contemplar las cosas en sí y desechara el antiguo proceso de interferir en todo lo visto.

Esta posición de la sabiduría alcanzada por el despertar del sentido interior (percepción-intuición) es evidente que es inasequible para el intelecto, de modo que son inevitables las paradojas, por ello todos los eruditos se equivocan al querer identificar y dilucidar con su sistema hegeliano (tesis, anti-tesis y síntesis) los relatos de la experiencia religiosa-espiritual, para comprenderla.

Para entender y comprender verdaderamente los llamados libros sagrados, es indispensable el despertar de la iluminación. El despertar es el vuelco de la mente o el retorno al hogar, lo que significa: invertir el orden de nuestra perspectiva mental. Es obvio que la dialéctica hegeliana con su relatividad dualista imposibilita la penetración en el Reino de los Cielos y todo lo que abarca el mundo religioso-espiritual, porque para penetrar el mundo del espíritu se debe abandonar esta posición, ya que mientras la mente se apegue a este dualismo relativista, ello lo perseguirá a cada instante de su vivir y de ello no extraerá nada mas, vale decir, el relativismo contradictorio jamás se transformara en Reino de los Cielos. Por esto la sabiduría es completamente solitaria, como lo son los lirios del campo, son ellos y no se pueden confundir con otra flor, pero no es así el dualismo relativista, siempre esta acompañado por quien lo contradice o con quien compara.

La sabiduría oscurecida en los mas hondos recesos de la consciencia no puede ver lo que es como es, porque simplemente no intervienen, pues su lugar lo ocupa la lógica y el razonamiento relativista, por lo tanto, mientras no despierte exitosamente y pueda ver el otro lado de la realidad, que es ver la Realidad tal cual es, no hay escape de la esclavitud de la ignorancia y el sufrimiento.