La Revolución Religiosa

Velas rezando

Consideramos religión a todo aquello que nos condiciona a algún tipo de creencia, de dogma, de tradición, de libro sagrado, de teología, de esoterismo, o bien a cualquier tipo de extravagancias, experiencias, visiones, poderes, esperanzas, consuelos, técnicas, métodos, rituales, etc. La sociedad, la tradición, la cultura nos condiciona y partimos de ese condicionamiento particular para luego tener experiencias basadas en él. Consideramos religión a todo lo relacionado con oración, ritual, ceremonia, dogma, jerarquía, técnica, norma y cuanta superstición ande suelta por ahí. Pero ello nos lleva a preguntarnos ¿es eso religión? Todo ser humano que seriamente se encuentre tratando de descubrir lo que es verdadero tiene que abandonar por completo todo ese enjambre que ha amoldado, estructurado, esquematizado, alienado y enajenado la mente, puesto que lo único que ese enjambre no ha hecho es liberarla de sus cárceles y esclavitudes psicológicas que la ataron a la ceguera inevitable que produce la superstición y la creencia.

Todo el enjambre que produce condicionamiento y la consecuente confusión, somete a la mente a la autoridad y a sus propias experiencias -autoridad del trasfondo psicológico- y es evidente que para poder descubrir se debe estar libre de toda superstición, creencia, amoldamiento y autoridad, tanto interior como exterior. El estar libre de todo tipo de esclavitud y sometimiento, o sea, de toda autoridad, significa en la práctica de la vida diaria que se tiene que dejar de ser cristiano, budista, esotérico, musulmán, espiritista, masón, rosacruz, hindú, jainista, ecléctico; debemos ver lo absurdo, contradictorio, irracional y antirreligioso, que es todo ese enjambre que produce conflicto y fraccionamiento entre los seres humanos, y desentendernos de todo ello.

La religión no es religiosa ni espiritual, y la prueba de ello es todo lo que conocemos como religión y espiritualidad; puesto que el creer en Dios depende del condicionamiento al que nos somete la sociedad particular a la que pertenecemos. El creyente religioso y el ateo marxista o anarquista, no tienen diferencia alguna, porque al creyente se le enseñó a creer y al ateo a no creer, por lo tanto, ambos dependen del condicionamiento al cual fueron sometidos. Esto significa que el ser humano que toma en serio el descubrir lo que es y se aventura a experimentar por sí mismo la Verdad o como lo quieran llamar, debe rechazar total y absolutamente ese proceso.

Nuestro condicionamiento crea en el mundo todo tipo de fraccionamiento y confusión: usted es cristiano y yo musulmán, él es espírita y el otro rosacruz, otros son esotéricos y los demás son hindúes. Al notar toda esa división uno se da cuenta que tiene que existir una manera distinta de pensar y ver las cosas, pero también es obvio que esa forma distinta de pensar no puede emerger en nosotros mientras sigamos siendo cristianos, espíritas, musulmanes, budistas, eclécticos o lo que sea. Para liberarnos de todo ese caos social, espiritual y psicológico, tenemos que conocernos a nosotros mismos, debemos ver el porqué nos sometemos a la superstición, a la creencia, porqué aceptamos y seguimos a la autoridad, lo cual es bastante obvio.

La realización de una profunda, urgente, necesaria e imprescindible revolución religiosa es aquella que nace de la libertad total de la mente respecto de todas las religiones, escuelas espirituales y doctrinas; lo que implica liberarse no sólo de supersticiones, dogmas y creencias, sino sobre todo liberarse de intelectuales, líderes y de la sociedad que los ha creado.

La revolución religiosa es la libertad total de la mente humana de todo aquello que la condiciona; permite enfocar la vida de una forma distinta y dejar por completo el crear un problema tras otro. Hemos creado en nosotros y en el mundo todo tipo de problemas a partir del condicionamiento de nuestro hábito de identificarnos con algo: con un partido político, con una religión, con una organización espiritualista, con un dogma, con una creencia, con una doctrina, con un equipo de fútbol, y en el último de los casos terminamos identificándonos con la patria, todo lo cual es producto de nuestra inseguridad. Es ese temor quien alimenta nuestras miserias humanas, creando permanentes conflictos. Es el auto-conocimiento quien nos puede revelar este tipo de dependencia para poder ver toda esta irracionalidad que apesta la mente y la apresa en la esclavitud del conflicto y en la ceguera que produce la dependencia, el condicionamiento.

Somos ambiciosos en todas las direcciones, en la dirección material, en la psicológica, en la espiritual, o sea, deseamos dinero, fama, éxito, poder, títulos religiosos, jerarquía espiritual, convertirnos en santos, ser vidente reconocido o en su defecto conseguir un resultado o algo en el otro mundo, de modo que la mente no sólo tiene que despojarse de toda ceremonia, credo, dogma y ritual, sino que además tiene que liberarse de toda miseria humana. Esa libertad total del hombre es… religión.

La moral de toda sociedad se encuentra sustentada sobre la base de la inmoralidad de las miserias humanas: la ambición, la envidia, el egoísmo, el temor, la violencia, la búsqueda permanente de éxito, fama, poder, y el aporte que hacen las creencias, dogmas, ideologías y supersticiones religiosas. La comprensión de todo el amoldamiento que caracteriza a la sociedad, es lo que permite tener conciencia de la urgente necesidad de rechazar toda esa esquematización y estructura en que se basa, lo que significa encontrarse fuera de la sociedad y, por consiguiente, poder reflexionar de un modo totalmente nuevo sobre toda la complejidad de los conflictos que ella tiene, lo cual quizás ayude a acabar con todos los problemas humanos.

El liberarnos de todo amoldamiento, esquema y dependencia, que limita nuestra mente a un enfoque sectario, alienante, dogmático, enajenante, es la revolución religiosa imprescindible, porque no es una revolución social o económica la que nos librara del caos pasado, actual y futuro -la historia es suficiente prueba de ello- sino la revolución en nuestra mente, en nuestro pensar, en lo más profundo de la psiquis humana; porque solo una manera absolutamente nueva de pensar el mundo, lograra transformar este viejo y arcaico mundo en que vivimos.
Revolución religiosa no es el ajuste o la reforma de organización religiosa o espiritual alguna, sino la transformación total de la mente. Es urgente la necesidad de libertad que la propia mente necesita para enfocar los problemas humanos de manera totalmente diferente a como se ha hecho y como se viene haciendo hasta ahora. Ahora bien, es obvio que mientras la mente se encuentre prisionera en su ambición, no obtendrá la libertad que necesita para transformar el mundo. La mente de un hombre ambicioso no sabe lo que es el amor, aunque puede hablar de él; la ausencia de amor en su corazón determina que su vida sea regida por el egoísmo y la violencia que lo esclavizan a él, a su entorno y a la sociedad. Eso se refleja hoy en el mundo, siendo esto un hecho que acrecienta el caos que tenemos y que ayuda a mostrar palpablemente la necesidad urgente de una revolución religiosa en la mente humana