La Rebelión de la Inteligencia

Cualquier ser humano sensato, serio y con una pequeña cuota de sensibilidad se encuentra hoy en día preocupado profundamente por la crisis y el estado en que se encuentra la humanidad. De una manera u otra busca, se pregunta e indaga la posibilidad de una salida para esta situación. Si observamos la historia veremos que todos los intentos teóricos, doctrinarios (políticos, sociales, económicos, religiosos) cuando estuvieron en el poder fracasaron, hoy solo nos queda la ilusión de algún milagro.

Trescientas cincuenta y ocho personas son las dueñas del mundo (obtienen el 40% del poder bruto mundial), manejan, dirigen y determinan, el sentido de la propaganda y publicidad, la cual tiene por fin convencernos de los beneficios que obtendrá la humanidad de la política del errame, como es llamada por la codicia ultra derechista moderna el neoliberalismo. La política del derrame lo único que ha derramado en el mundo es miseria, hambre y muerte. Hoy existen cada vez más pobres y menos ricos, se han incrementado los presupuestos bélicos al doble que en los tiempos de la guerra fría, los daños ecológicos producidos por el progreso post-moderno […] son indescriptibles, 1500 millones de seres humanos se encuentran por debajo del nivel de pobreza y esta cifra va en aumento, 3500 millones de seres humanos son pobres, 25 millones de personas son afectados por el uso abusivo de herbicidas en las plantaciones  de OGM, 35 mil personas mueren diariamente de hambre, sólo 5 millones viven cómodamente, 5000 millones de  personas viven en estado de necesidad.

Al menos 300 millones de niños en el mundo son sometidos a la explotación, etc, etc, etc. Una pregunta ¿esto es el derrame? Debemos reconocer que mediante la propaganda y la publicidad, el neoliberalismo ha realizado un derrame  nunca visto de egoísmo, ambición, ansias de poder, vanidad y lujuria. El resultado de ello ha sido un derrame  espectacular de odio, rencor, resentimiento, persecución, agravio, discriminación, aislamiento, desprestigio contra todo lo que no esté a su favor o no piense como ellos. La aldea global o idea única, que se presenta como verdad  irrefutable y exclusiva, lo único que tiene de verdad es pretender encarcelar, amordazar y destruir definitivamente, el  cómo pensar, para llevarnos a la máxima aspiración del mercado […] someternos a que sepamos en qué pensar, lo que significa que el mercado tiene la solución de nuestras vidas, y como consecuencia, el encuentro definitivo con la paz y la felicidad […]

Como podemos ver, ni esta nueva rebelión globalizada del mercado, ni las anteriormente conocidas por la historia  humana reciente (capitalismo industrial, revolución francesa, rusa, china, cubana) lograron la solución de nuestro  vivir, ni nuestra felicidad, y ello ha sido por una sola razón: todas las rebeliones han sido dirigidas por líderes  ideologizados, donde prima la idea, no el hombre. La Rebelión de la Inteligencia comienza cuando somos capaces de   ver, no solamente en una fase verbal sino que como una realidad histórica, como un hecho, que ninguna revolución  ideológica pudo, puede, ni podrá salvarnos, porque nadie puede vivir una idea debido a que todas estas pertenecen al  orden de la intelectualidad, al orden de la memoria y, tanto la una como la otra, se nutren del miedo y del pasado, por  lo tanto, todo lo que nace del intelecto y la memoria es nada más que: el temor proyectándose hacia el futuro como  solución, lo cual evidentemente sigue siendo el miedo pero con un barniz de otra cosa. El poder ver esto, no de manera  intelectual, verbal, sino como una realidad, nos permite abandonar definitivamente las soluciones ideológicas ideales,  como salidas posibles de la crisis en que estamos envueltos, y comenzar a buscar soluciones serias y definitivas. Para ello debemos partir del hecho real, que nos muestra que la crisis del mundo existe porque nosotros estamos en crisis, y  ue esta crisis que existió antes y existe ahora, es porque como seres humanos no nos comprendemos a nosotros  mismos y, por lo tanto, no comprendemos la vida que nos toca vivir, de modo que al ser esto así ¿de que sirve cualquier propuesta ideológica que propongamos como salida si ella inevitablemente nacerá de nuestra confusión? Todos los argumentos que componen una ideología surgen del refinamiento de la memoria, que compara el pasado con  el presente y se auto proyecta como solución hacia el futuro, describiendo la realidad y su verdad, por medio de la  interpretación. La interpretación es la  encargada de argumentar lo que fue, lo que es y lo que será. Los  argumentos,  por lo tanto, son nada más que interpretaciones personales  de los llamados líderes que ofrecen la nueva  ideología como solución a la crisis humana. Todo esto es nada más que el ejercicio intelectual de la memoria. Esto no es Inteligencia.
¿Por qué creemos que sólo la memoria puede presentarnos soluciones, cuando jamás en la historia humana ha podido  resolver algo? Esto es muy simple: porque no conocemos otra cosa y porque es lo único que hemos ejercitado durante  toda nuestra vida. De la inteligencia sólo sabemos su nombre y que supuestamente existe. La ideología, la teoría, es el  resultado de la proyección intelectual de la memoria que se pone en movimiento mediante el ejercicio de la interpretación, por lo tanto, toda solución que resulte de ello es la proyección intelectual de los buenos deseos y las  buenas intenciones, que en la práctica son nada más que proyecciones de la memoria psicológica proponiendo  ilusiones; deseando que éstas se conviertan en esperanzas reales en el ser humano, ya que solo así pueden ser tomadas  en cuenta.

Cuando el ser humano hace suya una esperanza, confía en ella como la panacea absoluta y real de su solución, y a partir  de ahí está predispuesto a llevarla a la cima absoluta del poder, pero lo que el ser humano no sabe es que la  memoria no puede resolver nada porque… la memoria es repetición. Todas las fórmulas repetitivas de la memoria o ideologías, han pasado a lo largo de la historia humana por el poder (políticas, sociales, económicas, religiosas,  filosóficas), y no han podido sostenerse por mucho tiempo como la solución real del problema humano; todas  fracasaron cuando la humanidad les dio la oportunidad de ejercer el poder para que pongan en práctica sus ideas. La  memoria no puede tener otro destino que el fracaso cuando desea suplantar a la inteligencia; esta última es creación, la  memoria es repetición. Las ideologías modernas son la repetición de las antiguas pero con un barniz de ideas  nuevas. El neoliberalismo, por ejemplo, es la ideología que sustentó en el pasado a la esclavitud (358 personas hoy en día son dueñas del mundo y del poder). Bajo la capa de barniz de la democracia, el neoliberalismo se transformó en la  esclavitud perfecta, porque le da al ser humano la opción de elegir entre amo neoliberal de derecha y amo neoliberal  progresista […] obviamente a través de la democracia, la cual en estas circunstancias, se transforma en el derecho que  tiene la sociedad de elegir a su amo neoliberal. De manera que… ¡Hoy más que nunca, el neoliberalismo ha  transformado la democracia en el derecho que tienen los pueblos de elegir su propia dictadura esclavista! Si vemos el  mundo hoy, tendremos que reconocer que el aceite lubricante que lo mueve es: la ambición y el egoísmo… ¡y nadie puede obligar a otra persona a ser bondadosa! La incapacidad demostrada por nuestros líderes para hacer de este  mundo algo más justo (en términos económicos por supuesto), nos lleva a plantearnos el siguiente interrogante ¿qué  podemos hacer cada uno de nosotros para sacar a este mundo de la miseria, pobreza, desolación, explotación,   angustia, sufrimiento, derramamiento de sangre, guerra, destrucción ecológica, etc, etc, en que se encuentra? Viendo  la historia, aunque no nos agrade, debemos reconocer que todos los proyectos ideológicos fracasaron y lo siguen  haciendo, lo cual nos lleva a la única salida que nos queda y que nunca hemos intentado: conocernos a nosotros  mismos a través del autoconocimiento, sabiendo que lo único que nos puede reflejar nuestro interior es el relacionamiento. El conocernos a nosotros mismos exige de nosotros algo elemental para que este autoconocimiento  dé sus frutos y es el ser honesto con nosotros mismos. El relacionamiento con los demás sacará todo lo que guardamos  clandestinamente y escondemos en lo más profundo de nosotros y no queremos reconocer que lo tenemos: los celos,  el orgullo, la vanidad, nuestras antipatías, odios, rencores, ansias de poder, egoísmo, ambición, etc. La sociedad  exteriormente nos dice que esto es malo, pero clandestinamente, mediante la educación, la cultura, la política, la religión, la moral, la publicidad y propaganda nos incentiva para que seamos así. Si no fuese así jamás hubiéramos  llegado a globalizar el neoliberalismo, el cual es el máximo exponente de la ambición, el egoísmo, la explotación, el  individualismo, el orgullo, la vanidad, la arrogancia… y todo lo demás.

La sociedad nos respeta siempre y cuando nosotros nos sometamos a su moralidad, que como podemos ver es la cosa  más inmoral que existe. La rebelión de la inteligencia debe comenzar en nosotros, desconociendo todo aquello que nos  quiere vender la sociedad como moral, justo, bueno y lo único que existe.

La rebelión de la inteligencia debe comenzar sabiendo que los sueños utópicos, de un mundo donde no exista  explotación, destrucción ecológica, egoísmo, guerras, hambre, miseria, niños explotados y gente que muere por  hambruna, es posible. Cuando millones de “utópicos”, se decidan llevar a cabo estos sueños, ellos serán realidad. Si nos amoldamos y sometemos a la idea única del realismo neoliberal […] evidentemente los sueños utópicos de justicia, paz, armonía, un mundo menos contaminado, seres humanos alimentándose, estarán perdidos. La inmoralidad de la  sociedad llega tan lejos que hoy en día cuando existen 1500 millones de seres humanos bajo el nivel de pobreza de los cuales 1200 millones se encuentran en posibilidades de morir de
hambre (jamás nuestro mundo llegó a estas cifras) nos dicen, a través
de nuestros lideres, por medio de la propaganda y la publicidad, que
lo único real es la aldea global de la idea única con su política de
derrame aplicada mediante la sensatez del mercado del cual son dueños
358 personas egoístas y ambiciosas a más no poder, con una avaricia
insaciable. Quien piense distinto a esto es un soñador utópico! La realidad verdadera del mundo neoliberal es ésta: cada vez más pobres y menos ricos, cada vez más dinero en el mundo y más hambrientos; si usted piensa como ser humano, y está en contra de este holocausto silencioso, es un soñador utópico, porque la única realidad a la cual se debe someter es a la de la codicia sin piedad de los inversores!.

Trescientas cincuenta y ocho personas y 200 empresas son las dueñas del mundo y del poder… jamás en toda la historia humana la riqueza estuvo tan mal distribuida como bajo los desparramadores neoliberales, su derrame sólo alcanzó para 358 personas, obviamente ignoran que en el mundo somos 6500 millones. Como podemos ver, éste no es un derrame de ríos y mares, más bien se parece a una simple menstruación. La salida no es buscar la ideología opuesta económicamente a esto, como el comunismo, puesto que, como toda ideología fracasó, y lo único que dejó en la historia fueron sus dictaduras, masacres, opresiones salvajes y la miseria del pueblo, mientras los gobernantes y los miembros del comité central del partido vivían en la opulencia por medio del avasallamiento de los derechos humanos, la persecución a todo aquel que no pensara como ellos, etc. Todo esto fue hecho en nombre de la revolución, la igualdad, la solidaridad y la fraternidad que debía tener el hombre nuevo. Esta igualdad y esta fraternidad fue real, pero sólo para los miembros del comité central del partido comunista que se convirtieron en la nueva casta social aburguesada de la sociedad. Todos estos son hechos no teorías, pues lo vivimos.

Como podemos ver, por más diferente que parezcan los basureros de la memoria, siempre terminan siendo más de lo mismo! La sociedad no puede cambiar al hombre, esto es posible sólo cuando el hombre se transforma por dentro, pero no es posible cuando el hombre cambia de ideología, porque esto es nada más que el trueque que hace la memoria para apoderarse de un nuevo […] juguete intelectual, pero por dentro todo sigue igual… egoísmo, ambición, ansias de poder, orgullo, odio, rencor, nacionalismo, guerra, etc.
La rebelión de la inteligencia, debe ser la rebelión de la libertad sin organizaciones, partidos o líderes que la dirijan, porque tanto los unos como los otros son propensos al soborno, la coima y las negociaciones. Cuando un ser humano acepta pertenecer a cualquier tipo de organización y tener un líder que lo conduzca, está automáticamente subyugando su inteligencia, adormeciéndola y matándola a cambio de que otro piense por él, le diga lo que tiene que hacer, lo que es bueno y lo que es malo, etc, etc. La costumbre que tenemos de depositar nuestra responsabilidad en otro (el líder) se debe a que si todo fracasa tenemos a quien culpar y no nos sentimos responsables de nada. El líder, la organización, siempre nos indican, señalan y nos dicen en
qué pensar, y ésta debe ser la primera, fundamental y eterna rebelión de la inteligencia, poniéndose en la vereda de enfrente, ejercitando el cómo pensar. El saber en qué pensar, inducido en nuestras mentes por nuestros líderes, ha llegado tan lejos que hoy nos proponen la idea única para acabar, por medio de un holocausto masivo del pensamiento, con la posibilidad que tenemos de aprender a cómo pensar, y nada menos que por nosotros mismos.

Sabiendo cómo pensar, no existe la menor posibilidad de participar en el juego macabro de nuestros líderes que nos conducen por el sendero de sus intereses ocultos y que, hoy por hoy, ya ni siquiera tienen algún sentido los poderes que ejercen, porque el real y el verdadero poder lo ejerce y lo ejecuta el mercado, de modo que sólo les queda, el someterse a las reglas de la globalización del egoísmo y ambición, dictada por la idea única de una aldea global que manejan 358 personas.

La rebelión de la inteligencia es la rebelión de la libertad, porque sabiendo cómo pensar se acaba el lavado de cerebros eterno al cual nos induce la sociedad, proponiéndonos desde todos los ángulos (políticos,
sociales, religiosos, filosóficos, periodísticos, educacionales, propagandísticos y publicitarios) el someternos al saber en qué pensar, mientras que el aprender a cómo pensar, no puede ser enseñado por otro, es algo que cada uno de nosotros debe aprender. El primer paso para aprender a cómo pensar es liberarnos de toda doctrina, creencia, dogma, teoría, porque son ellas junto con la moral de la sociedad, la que nos someten y nos esclavizan a ser seres de segunda categoría, ya que están estructuradas para darle al hombre la receta
mágica, y todas las respuestas para que el ser humano sepa en qué pensar.

Las teorías, doctrinas, dogmas, creencias, la cultura, la tradición y la moral, son el eje central de la separación, división, conflicto y enfrentamiento entre los hombres, los unos contra los otros, creyendo
cada uno que sus convicciones deben ser adoptadas por los demás o impuestas al resto del mundo para que el mundo sea feliz. ¡Todo el mundo sabe en qué pensar!. Así es como nos va. La rebelión de la inteligencia no puede ser, ni encontrarse estructurada en pautas a seguir, métodos predeterminados, metas a
alcanzar, principios que defender, teorías y estrategias o esperanzas para el mañana, porque todo esto ya lo hemos vivido desde el principio de la historia humana y fracasó. La rebelión de la inteligencia debe
basarse en los hechos de la realidad, en lo que es, y si los hechos y lo que es, están desvirtuados, no hay porque justificarlos. Los hechos de la realidad y lo que es, hoy en día, muestran a todo ser humano
serio y pensante, que el neoliberalismo es una desgracia y un flagelo para la humanidad. ¿Por qué habría que considerar que está bien? Para que exista el surgimiento de la inteligencia en el ser humano es indispensable que éste se aboque al autoconocimiento, puesto que es demasiado elemental el darnos cuenta que, si nada sabemos acerca de nosotros mismos, menos podemos saber de los demás y del mundo que nos rodea y por lo tanto, siempre encontraremos satisfacción en alguna creencia, teoría o doctrina para identificarnos con ella creyendo que esa es la supuesta solución para la crisis del mundo y así habremos hecho girar la rueda de la ignorancia nuevamente.

La crisis del mundo es el reflejo externo de la crisis interna en que nos encontramos cada uno de los seres humanos de este planeta, y mientras no podamos ver y reconocer esto como un hecho, todas las tentativas de cambio que propagandisemos, adoptemos o propongamos, serán ilusorias, utópicas y sólo quedarán en la historia registradas como… buenas intenciones. Para que cambie la sociedad primero tiene que cambiar quienes la componen y esos somos nosotros. La sociedad es lo que nosotros somos, puesto que la sociedad no tendría existencia sin nosotros, y si nosotros estamos fraccionados interiormente, divididos, en conflicto con nosotros mismos ¿Por qué la sociedad tendría que ser diferente? ¿Puede la sociedad ser diferente de sus componentes? ¿Existe la posibilidad de una sociedad armónica y equilibrada cuando el ser
humano que la compone no tiene para sí mismo equilibrio, armonía, racionalidad, ni paz interior? La costumbre de mentirnos a nosotros mismos, hace que veamos a los demás culpables por el desastre que es nuestra sociedad, o sea, nosotros siempre somos los buenos y el resto son los malos y a su vez, ésta es la causa por la cual la sociedad no es mejor porque ¡si los demás fueran como nosotros!… todo sería distinto. Pero como esto es lo que piensan 6500 millones de seres humanos ¿cuándo va a cambiar nuestra sociedad? ¡No puedo cambiar a los demás ni a la sociedad, pero si puedo transformarme yo! Si cada uno de nosotros se aboca a transformase a sí mismo, existe la única posibilidad real de que el mundo cambie. El resto es pura fantasía. Las doctrinas, creencias, dogmas, teorías, buenas intenciones, los líderes, partidos políticos y
religiones ya lo demostraron.

Las doctrinas, creencias, dogmas, teorías (políticas, sociales, económicas) las instituciones, las costumbres, la moral, que constituyen a la sociedad, fueron y son creadas por los hombres que la componen, no son algo distintas a nosotros. El creer que cambiando de teorías económicas o políticas, cambiando las estructuras de la sociedad, (como plantearon los marxistas) tendríamos mágicamente una sociedad mejor, es como creer que puedo ser otro simplemente por cambiarme de ropa.

La revolución cubana […] es la expresión práctica y un hecho vivo y real de esto. Toda su “igualdad” es nada más que el slogan que usan los miembros del PC para oprimir, darse lujos personales, sustentar a
la dictadura de Fidel, mientras en la realidad, el pueblo cubano no tiene derecho ni las mismas opciones de alimentación y privilegios que ellos, ni siquiera tienen derecho a pisar sus hoteles, a ingresar en los lugares de los turistas, pero el slogan dice que la revolución fue hecha para el pueblo. El cambiar de teorías económicas, políticas, sociales, por más que se basen en el slogan de la igualdad, no significan nada en la práctica de la vida diaria porque la ambición, la avaricia, los deseos, el orgullo, la vanidad, los celos, el machismo, las ansias de querer llegar a ser otra cosa de lo que realmente somos, continúa por dentro. Si no me cree vaya a Cuba y compruébelo usted mismo: después de 40 años de ¿revolución? el 90% del pueblo cubano quiere tener una balsa para cruzar a Miami y tener la posibilidad de ser millonario. ¡Si no cambia el hombre primero, todo cambio de sociedad es una ilusión que sólo permite a los dictadores entronizarse eternamente en el poder!

En la rebelión de la inteligencia debe primar la libertad de la mente, del corazón y del alma, para poder ver lo verdadero en lo verdadero y lo falso en lo falso, sin velo ideológico de por medio, porque si no es así sólo veremos lo que queremos ver de acuerdo a los intereses intelectuales y psicológicos que señala la creencia, la teoría, el dogma, la ideología. El hacerse poseedor o el identificarse con cualquier idea estructurada lo convierte en un esclavo del alma, porque debe obedecer y repetir mecánicamente lo que la teoría, doctrina o creencia dice que es verdad, no podrá pensar por sí mismo, todo viene envasado en las interpretaciones intelectuales de los líderes, jefes, gurúes y broker.

El ser esclavos en términos económicos, políticos, sociales, puede tener alguna razón, porque quizás no podamos escapar de ello, pero ser esclavo del alma, de la mente y el corazón, no depende de otro, depende de cada uno de nosotros. Sólo somos esclavos del alma, de la mente y el corazón, cuando subyugamos la inteligencia y entregamos todo a la memoria para que repita todo lo que otros dijeron, con tal
de no hacer ningún esfuerzo, para tener que “ver y pensar” por nosotros mismos.

El neoliberalismo es la máxima expresión externa que jamás ha tenido la historia humana de egoísmo, ambición y avaricia, pero ello es posible sólo porque nosotros interiormente somos egoístas, ambiciosos
y avarientos, y cualquier cambio que pretendamos, si no nace de la transformación nuestra primero, será más de lo mismo. El creer que cambiando los aspectos exteriores de la sociedad es posible cambiar algo, es el máximo sueño utópico del cual el hombre jamás despierta. Un ejemplo: en Chile el neoliberalismo lo trajo el
dictador Pinochet, los chilenos para cambiar […] eligieron a Alwin, luego a Frei y ahora a Lagos. Todo sigue igual, el mercado sigue determinando todo, y en Chile siguen siendo 12 personas las dueñas del país, igual que en tiempo de Pinochet. De modo que lo único que cambió en ese país, es que ahora el pueblo puede elegir a qué dictador neoliberal desea y quiere. El resto sigue todo igual y peor. Mientras seamos interiormente avarientos, egoístas, ambiciosos, y nuestras mentes estén llenas de ansias de poder, gloria, fama, éxito, seguiremos siendo gobernados por dictadores como Fidel o tiranos como George W. Bush. Usted elija […] es intrascendente porque el mundo seguirá siendo lo que es a causa de que usted y yo no somos capaces de transformarnos a nosotros mismos. En todo caso, usted ya sabe que en su país tiene la opción, por medio de la democracia, de elegir al dictador que más le guste pero, ¡si no cambia usted por dentro, no
cambiará la sociedad en que vive!

La revolución de la inteligencia es ahora, mañana es muy tarde, la memoria a través de las doctrinas ya cumplió su papel y fracasó, sólo nos queda la revolución de nuestro pensar, porque la inteligencia es la libertad, la igualdad y la armonía con nosotros mismos y con el resto de la humanidad, y si esto no existe primero en nosotros jamás podrá ser realidad en el exterior, en la sociedad y en el mundo.